02 abr 2020

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CARTA DESDE ESTAMBUL

Entender al otro en tiempos de crisis

Joan Clos

El turco es una lengua lejana a nuestras raíces idiomáticas. El catalán y el castellano, como todas las lenguas latinas, han evolucionado del tronco común de las que hablaban los pobladores que hace unos 5.000 años llegaron a Europa occidental provenientes del norte de la India y Persia (indoeuropeo), y que durante un tiempo se asentaron en las tierras fértiles del Tigris y el Éufrates.

Muchos grupos humanos convivieron alrededor de la prosperidad que generaron la agricultura y la ganadería de Mesopotamia y sus alrededores, Asia Menor y el Cáucaso. De hecho, sobreviven en el Cáucaso alrededor de 20 lenguas de tronco desconocido, fruto de la diversidad cosmopolita del Neolítico en este fértil espacio. Estos idiomas no indoeuropeos se han preservado en los valles poco accesibles de la arrugada geografía del Cáucaso, siendo el georgiano el más hablado hoy, al este del mar Negro. Por su lado, los pobladores indoeuropeos dejaron lenguas locales como el persa, el kurdo y el armenio, y continuaron su avance por la Europa continental hasta desarrollar el grupo de las lenguas germánicas, sajonas y latinas.

El turco, en cambio, tiene orígenes totalmente diferentes y proviene de las praderas del centro de Asia, que desarrollaron su prosperidad en ganadería trashumante gracias a la fertilidad de las extensas llanuras altaicas y que, a diferencia de los mesopotámicos, desarrollaron una cultura nómada poco dada a crear ciudades. El turco llega a Oriente Próximo en una fecha mucho más reciente: solo hace 1.500 años que atravesó la línea lingüística indoeuropea del persa, el kurdo y el armenio, hacia Anatolia (Asia Menor). Si en el Imperio romano fueron los pueblos germánicos los que se hicieron con el poder alrededor del año 400, fueron los turcos los que mil años después, en 1453, conquistaron Constantinopla, la capital oriental del Imperio.

Lengua y fe

Pero no acaba aquí el interés lingüístico de la zona, ya que otro grupo totalmente diferente de lenguas se desarrolló alrededor de la fertilidad del Bajo Nilo, de nuevo con la riqueza aportada por la agricultura. Este tronco dio origen a las lenguas semíticas, entre las que podemos contar el árabe, el hebreo, el arameo... Un conjunto de lenguas que, migrando hacia el noreste, conviven ahora con las otras en Oriente Próximo.

En la decadencia del Imperio romano de Occidente, los pobladores germánicos, con el paso del tiempo, renunciaron a sus lenguas originarias y adoptaron en nuestros lares nuestro grupo latino, e igualmente adoptaron con cierta rapidez el cristianismo como religión oficial del imperio que conquistaban. En cambio, la llegada de los pobladores túrquidos tuvo la diferencia de que también se convirtieron a la religión local (el islam en su caso), pero no adoptaron la lengua del imperio conquistado, sino que han mantenido la suya.

Visto de este modo, Oriente Próximo tiene la peculiaridad de ser el espacio de convivencia de cuatro grupos lingüísticos muy diferenciados: el indoeuropeo (persa, armenio y kurdo), el turco (turco y azerbaiyaní), el preindoeuropeo (georgiano y otros caucásicos) y el semítico (árabe y hebreo).

Tendemos fácilmente a interpretar la sociedad de Oriente Próximo poniendo mucho énfasis en el islam, y frecuentemente descuidamos la relevancia de los orígenes lingüísticos que están detrás de muchas de las filias y fobias, de las simpatías y las antipatías entre las culturas de la región.

Solo podremos entender algo de lo que allí acontece si nos sumergimos en la complejidad de estas relaciones. Es en tiempos de crisis cuando no queda más remedio que entender al otro hasta las últimas consecuencias. Y ya se sabe: del conocimiento se genera la amistad, el respeto y el aprecio sincero.