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CRÓNICA DESDE NUEVA YORK

Del Silicon Valley al Silicon Alley

Idoya Noain

Hace dos años, cuando Wall Street se confirmaba como el epicentro de una crisis que hacía temblar la economía mundial, la propia Nueva York se llevaba buena parte del impacto: aumentaba el paro y caían los salarios entre los profesionales de entidades bancarias y de inversión (por más que algunos mantuvieran las sustanciosas y polémicas primas), la economía local se resentía como en los peores momentos tras los atentados del 11-S y hasta el desquiciado mercado inmobiliario parecía entrar forzosamente en razón.

Hoy la tormenta escampa y entre los rayos de luz aparece un nuevo renacimiento de la Gran Manzana como sede de empresas y aventuras tecnológicas, un impulso a Silicon Alley, el corredor de silicio que está plantando cara al Silicon Valley de la costa oeste.

La clave fundamental para entender lo que está ocurriendo tiene seis letras: dinero. Lo hay, aunque muchos ciudadanos de a pie sigan asfixiados por la falta de crédito, y quienes tienen los bolsillos llenos están apostando por aventuras de emprendedores dispuestos a crear el nuevo fenómeno que tome el relevo de Google, Facebook o Twitter. Nueva York es, por ejemplo, la sede de Foursquare, la mezcla de servicio de GPS y juego de competición que representa el nuevo paso en la rápida evolución de las redes sociales.

En la ecuación que explica el fenómeno conviene poner también la cantidad de mano de obra capacitada que quedó en la calle, como gestores de fondos de alto riesgo, banqueros de inversión y otros trabajadores del sector financiero, doctos en la atracción de capital, animados a lanzar sus propias aventuras. Y de la misma forma que desde hace años quienes buscan pareja participan en citas conociendo a varios candidatos en un corto espacio de tiempo, se prodigan ahora speed dates en las que a un lado de la mesa se sientan empresarios o autónomos con ideas y, enfrente, gente con capital.

El alcalde, Michael Bloomberg, se ha convertido en el último «evangelista» de Nueva York, el término con el que Silicon Valley tradicionalmente ha denominado a quienes se encargan de vender sus parabienes. Esta misma semana se presentó por sorpresa en TechCrunch Disrupt, una conferencia a la que hace unos años iban tres decenas escasas de personas y ahora reúne a cinco centenares de emprendedores en internet. Allí, Bloomberg anunció una inversión municipal de 18 millones de euros para crear un fondo que apoye iniciativas en la red y habló del lanzamiento inminente en cooperación con una universidad neoyorquina de un laboratorio de ideas como los que ya tienen el MIT o Stanford.

Bloomberg se apoyaba en datos para hablar de este apogeo: la ciudad ya acoge 15.000 trabajos vinculados a empresas tecnológicas y en el primer trimestre del año las inversiones en el sector crecieron un 19%. La suya es una voz que hay que escuchar, aunque solo sea por su experiencia: hace años trabajaba para Wall Street, fue despedido y se lanzó a fundar su agencia de noticias, un referente en el mundo económico que le ha hecho millonario.

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