04 jul 2020

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CRÓNICA DESDE BERLÍN

Gigantes y cabezudos en Alemania

Paola Álvarez

A los berlineses les ha tocado este año un mayo juguetón con más lluvia que sol y con noches dignas del octubre más rebelde. Pese a ello, la ciudad parece haber pedido una tregua a la inestabilidad para poder celebrar como es debido uno de sus festivales callejeros más emblemáticos: el Carnaval de las Culturas que esta semana ha cumplido 15 primaveras como 15 soles.

Desde sus inicios hasta hoy, este festival, que durante cuatro días convierte las calles de Kreuzberg en barrios latinos, africanos, orientales y euroasiáticos, ha pasado de contar con unos 2.500 participantes a 48.000 y de 50.000 visitantes a millón y medio. Un éxito que es también el de la multiculturalidad de una ciudad en la que conviven personas procedentes de más de 100 países distintos. Y es que, aunque no faltan los críticos que ven mucho folclore y poco fondo en todo el asunto, lo cierto es que ni el Myfest del 1 de mayo, ni la extinguida Love Parade ni ningún otro de las decenas de festivales que acoge la capital alemana cada año logra reunir a tanta gente distinta en tan buen ambiente.

El punto culminante, el desfile del domingo previo al lunes de Pentecostés, es ya todo un clásico. Desde el mediodía carrozas de distintas naciones o culturas desfilan por la ciudad, las primeras, más tradicionales, mostrando sus trajes y costumbres regionales. Las últimas, más gamberras, arrastran a cientos de jóvenes a ritmo de techno y hip-hop. Así, en unas horas, uno escucha cantos regionales de países de los que no había oído hablar jamás, baila samba entre plumas y purpurina y escucha pinchar al disc jockey de moda. Para todos los gustos, vaya. Sitio hay para el que quiera y pueda gastarse los entre 2.000 y 3.000 euros que cuesta decorar las carrozas apropiadamente. Que se lo digan si no a los catalanes de Berlín, que este año se han hecho un hueco en el carnaval por primera vez. Con la única gigante residente en Alemania, la emperatriz Elisabeth Christine, escoltada por sus cabezudos y el grupo de grallas de Corbera de Llobregat, los catalanes se hicieron con un puesto entre las primeras carrozas del desfile.

Y está la mezcla de comidas exóticas y caipiriñas. Por suerte, el lunes de Pentecostés es festivo.