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El milagro del 'Zapatero'

La iglesia ortodoxa más espectacular de Egipto está excavada en la roca del monte Moqatam

Constituye una cueva abierta al exterior con capacidad para 15.000 almas

KIM AMOR
EL CAIRO

Cuenta la leyenda que, a finales del siglo X, el califa musulmán fatimí Al Muizz se empeñó en comprobar la veracidad de la fe cristiana. Así que llamó a su palacio al que era entonces el máximo jefe de la Iglesia ortodoxa egipcia, el papa copto Abram Ibn Zaraa y, tras un intenso debate teológico, le pidió que demostrara con hechos que la fe mueve montañas, como recoge uno de los pasajes del evangelio según san Mateo. La prueba consistía nada más y nada menos que en desplazar la Moqatam, un monte desértico en el este de El Cairo.

El papa se recluyó a orar y ayunar hasta que la virgen María le reveló el nombre de la persona que, con ayuda de la gracia divina, superaría el gran reto. Se trataba de Simón el curtidor, un humilde artesano que, tras obrar el milagro desapareció. Simón, conocido también como el Zapatero, es uno de los santos más venerados por la comunidad cristiana egipcia. De hecho, da nombre a la iglesia más espectacular de Egipto, situada, cómo no, en la cima de la Moqatam.

El templo es una enorme cueva que se abre hacia el exterior en forma de anfiteatro y que puede llegar a albergar a más de 15.000 almas. Para construirlo, fue necesario arrancar de las entrañas de la montaña más de un millón y medio de toneladas de rocas a lo largo de los últimos 20 años. Las paredes son imponentes, como precipicios, con relieves esculpidos directamente en la roca que representan diferentes escenas bíblicas.

El altar, tipo escenario, se extiende en el vértice inferior de la iglesia bajo una pantalla gigante. Para los extranjeros hay servicio de traducción simultánea.

Sacerdote de espesa barba

El acto religioso que se celebra en esta tarde de invierno lo preside el padre Abuna Simaan, un sacerdote copto de espesa y larga barba blanca, precursor de este prodigio arquitectónico. El anfiteatro presenta media entrada, con las mujeres sentadas a la derecha y los hombres a la izquierda. Gran parte de los fieles son vecinos del barrio de los Zabalines. Así se conoce a los cristianos que viven en esta parte de la Moqatam y que, desde hace más de cuatro décadas, se ganan la vida reciclando de forma primitiva gran parte de la basura que genera cada día El Cairo.

"Debéis dar gracias a Dios por el trabajo que os ha dado", dice el religioso. "No es una vergüenza ser basurero, sino ser un borracho, un ladrón o un drogadicto", añade, agitando el pequeño crucifijo que sostiene en la mano derecha. El padre Simaan aprovecha para recordar la historia de san Simón porque hoy se cumple 1.009 años del milagro. "Dios viene a cambiar la oscuridad por la luz. Hoy es un buen momento para rezar y ayunar. A más ayuno, más pecados os serán perdonados", advierte a los miles de feligreses que siguen con devoción el sermón.

Es una liturgia larga, bañada en todo momento por el humo del incienso y que poco tiene que ver con las misas de la Iglesia católica, de la que la ortodoxa egipcia se separó hace más de 10 siglos.

Con largas sotanas

La salida del templo se hace de forma ordenada, a través de un túnel que da acceso a una plaza llena a rebosar de gente humilde. Entre la multitud, caminan sacerdotes con largas sotanas que les caen hasta los tobillos y con gorros del mismo color que les cubren la cabeza. Los feligreses les muestran su respeto besándoles la mano.

La de san Simón no es la única iglesia de este peculiar santuario. Hay otras seis, más pequeñas pero también excavadas en la roca, como la de san Marcos, padre del cristianismo en Egipto, y la del papa Abram Ibn Zaraa.

Tantas cuevas y templos ocultos le hacen a uno pensar si, con este santuario, los cristianos egipcios desean evocar la época del Imperio romano, cuando los cristianos se vieron obligados a esconderse y celebrar sus actos religiosos en la clandestinidad.

De ese tiempo data la fortaleza de Babilonia, construida por el emperador Marco Ulpio Trajano en el 130 después de Cristo, y sobre la que se construyeron después varias iglesias.

Este lugar se conoce como el barrio copto, otro de los reductos clave de El Cairo. Ahí, en la conocida como iglesia colgante, reposan los restos de san Simón y, bajo los cimientos de otra, la de san Sergio, está la cueva donde cuenta la leyenda se refugió la Sagrada Familia tras huir del rey Herodes.