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La Supercholita de Evo Morales

Una mujer del altiplano se convierte en una famosa heroína del cómic boliviano

EL PERSONAJE  Portada y varias páginas de un ejemplar del cómic de Cholita, el personaje de Rolando Valdez, que ha alcanzado altos niveles de popularidad en Bolivia.

EL PERSONAJE Portada y varias páginas de un ejemplar del cómic de Cholita, el personaje de Rolando Valdez, que ha alcanzado altos niveles de popularidad en Bolivia. / EL PERIÓDICO

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ABEL GILBERT
LA PAZ

"¡Más rápida que la lengua de una suegra!" "¡Más inteligente que 100 políticos juntos!" Ella es Supercholita, la primera heroína que atraviesa el cielo boliviano y proclama su pelea "contra la injusticia" y el "imperio". Supercholita nació en El Alto, la ciudadela que, a 4.100 metros sobre el nivel del mar, de cara al imponente Illimani, se yergue sobre la cabeza de La Paz. El personaje fue ideado por Rolando Valdez, un auxiliar de enfermería de 33 años, ocasional vendedor de escobas y amante del Animé, los dibujos animados y cómics de origen japonés. Valdez convocó al estudiante de economía Santos Callisaya para encargarse de las viñetas.

"A la gente le gusta tener una propia heroína con el poder de Inti (dios del sol). En las próximas aventuras le agregaremos el poder de la Pachamama (madre tierra)", dice Valdez a EL PERIÓDICO.

La Chola es un arquetipo de la mujer del altiplano. Lleva siempre el sombrero bombín, la pollera larga, una blusa con encajes y volados, y una manta sobre los hombros. Frente a los extraños es de un silencio inescrutable. Supercholita estiliza esos rasgos y los emparenta con los del Animé. A pesar de ello, se considera una heroína "originaria". Superman le advierte de que él es el único autorizado en llevar el prefijo súper. Pero no le importa. Ella protege las ofrendas que le hacen los niños a sus deidades, defiende los derechos laborales y le hace saber a las empleadas domésticas que la ley les otorga un día libre a la semana y vacaciones.

Trata de impedir las repetidas escenas de violencia familiar. "A una mujer no se la toca nunca", le espeta al hombre maltratador. No siempre tiene éxito en sus tareas. "Nadie toca a mi marido", le gritan.

Los defectos

Supercholita tiene su pequeño lado oscuro. Un policía le pide su licencia para volar. "No la tengo, oficial", le responde ella, esperando un gesto piadoso de la autoridad. "Me acompaña, por favor?", le responde el agente, ante lo que la heroína no le queda otra alternativa que comprar su libertad con 10 bolivianos. "Si sigo así me voy a quedar sin dinero. Para colmo, tengo dos juicios por la misma razón", medita.

Sus autores quisieron que fuera, en cierto sentido, una alteña más. Su principal debilidad son los rellenos de papa (bola de papa con carne, cebolla, zanahoria y ajo), que se venden en los puestos callejeros. "La tentación para ella es muy grande. Pero no la pueden corromper en las cosas importantes", explica Valdez.

La vida en El Alto es dura. En esta ciudad de casi un millón de habitantes no existe el internet domiciliario. Parte de sus habitantes se bañan en duchas públicas porque carecen de alcantarillas. De algunos postes penden muñecos que simbolizan una advertencia: "Ladrón pillado, ladrón colgado. Casi todas las calles están revestidas con leyendas de apoyo a Evo Morales.

Encuentro en El Alto

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Es en El Alto donde Valdez duerme y escribe sus historias. Y es aquí donde el presidente Morales se encuentra con Supercholita en el cómic. "¿Y tu de dónde vienes?", le pregunta la paladina al presidente. "Vengo de la radio. Ese entrevistador me pregunta todo. Incluso me ha preguntado de dónde desciende el hombre", se queja Morales. Para Supercholita eso es muy fácil. Lo aprendió en la escuela. "¿Y el mono de donde desciende?", quiere saber Morales. "¿Acaso no ves, Evo? El mono desciende del árbol", le contesta.

Valdéz ha votado por Morales en el 2005 y volvería a hacerlo. Pero cree que se está equivocando al enfrentar a todos sus enemigos al mismo tiempo. "Es como un cocinero que quiere cocinar todos los platos en apenas cuatro hornos. Preferiría que fuera paso a paso", dice. Ya se lo hizo saber al presidente en la primera aventura de Supercholita. "Oh, compañera, ayúdame a sacar este país adelante", implora el presidente. "Evo, milagros no hago", le responde. Ella conoce sus límites.