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CAMBIOS EN EL RÉGIMEN DE LA HABANA

Tras décadas de represión de los homosexuales, Cuba se vuelca en la celebración del Día Mundial contra la Homofobia

La apertura ha coincidido con la retirada de Fidel

HUGO L. SÁNCHEZ
LA HABANA

Loca, cherna, pargo, ganso y pájaro son solo algunos de los muchísimos sobrenombres empleados por los cubanos para burlarse, humillar y discriminar a los que hoy, cada vez más frecuentemente y con respeto a la diversidad, se les identifica como homosexuales, o, más frecuentemente aún por la corta voz inglesa de gais.

Como en tantos países del tercer mundo, los homosexuales de la Cuba pre y posrevolucionaria han sufrido discriminación y asedio más o menos selectivo, profundo y violento. Había campos de trabajo forzado, depuraciones en las universidades, redadas en las ciudades. Quizá tampoco entre los países subdesarrollados exista otra nación que, como la cubana, con el apoyo del Estado, el partido en el poder --pese a un fuerte sector reticente y receloso de dogmáticos y fundamentalistas-- y la sociedad salga en defensa de los derechos de las personas a expresar y vivir una sexualidad diferente.

Después de Fidel

El cambio empezó a manifestarse coincidiendo con la paulatina salida de Fidel Castro del poder, desde julio del 2006 hasta ahora que su hermano Raúl, nuevo presidente, anunció el fin de lo que denominó el periodo de provisionalidad. Y por primera vez se ha convocado, con todo el respaldo del Gobierno, un amplio conjunto de actividades en el denominado Día Mundial contra la Homofobia --del Orgullo Gay en otros puntos del planeta--, que se conmemora hoy y que ha abarcado aquí más de una semana.

Con la hija de Raúl, Mariela Castro --quien dirige el Centro Nacional de Educación Sexual--, siempre al frente, ya el año pasado, por vez primera y de manera tímida y tentativa, se festejó la fecha con la proyección de una película en un cine de la capital, pero no con el gran vuelo que tiene en el presente.

La zona cero quizá sea el lugar en La Habana donde coexistan más tendencias sexuales, excluyendo la pedofilia, muy rara en el país. Su foco está en el Bar Prado y Teniente Rey, casi frente al Capitolio. "Vengo siempre, me gusta pasarlo bien, como a cualquiera, y unas veces tengo para cerveza y otras no", dice Samuel Oliva, mensajero del Hospital Calixto García. "Cada vez la gente se abre más y dicen lo que son y no es porque seamos más valientes sino porque las cosas están cambiando a pasos de hormiga, pero cambiando. Aquí se reúnen gais y entendidas lesbianas con pingueros chaperos, lecheras sexo bucogenital, travestis. Hay para todos los gustos. Estoy casado por el día y por la noche me encuentro aquí con mi otra pareja y si no viene, es él quien se lo pierde", dice, y saca de su bolsillo un preservativo. "Hay días en que la policía está alterada y nos recoge. A los que somos de La Habana nos sueltan enseguida y a los del interior, que son la mayoría, los multan y si se ponen rebeldes, se llevan un buen sopapo. Los que cobran pueden pedir hasta 50 euros".

Lili es directora artística, tiene 40 años, desde hace dos vive con su pareja y dice que su vida da para una película: "Me expulsaron de la universidad, me botaron de varios trabajos, sufrí la discriminación de gran parte de mi familia y me acusaron de aberración, contrarrevolucionaria, enferma, apestada- Pero sigo aquí, y la gran mayoría de los que trataron de eliminarme están hoy en EEUU".

De la Barceloneta

Al veterinario Adrián Vilardebó, que presume de ser de la Barceloneta, los cambios aún no le dicen casi nada. "Sí es verdad que existe un poco más de tolerancia, pero soy escéptico y para mí con unos anuncios por televisión, unos actos al año y a alguno que le hayan permitido operarse para cambiar del sexo, no es suficiente. Ahora, si mañana piden disculpas por todo lo que nos han hecho sufrir a los homosexuales y podemos salir en manifestaciones para celebrar el Día de los Gais, entonces vuelva por aquí". Vilardebó dice que su casa es "territorio libre de Cuba", con las paredes tapizadas de platos y un galápago venezolano que, insiste en subrayar, es hembra y se alimenta de flores. "A mí con Fidel me detuvieron del 70 al 75 por oponerme al Gobierno, pero nunca por gay, como sí les pasó a otros a los que mandaron a trabajar a la agricultura y en los peores lugares. Quizá no me detuvieron porque soy recatado y no se me nota, ¿verdad que no se me nota? Por eso tengo que insinuarme".

Este es el mundo de los gais pobres, de La Habana intramuros y sus alrededores. La ciudad tiene otras zonas con clubs y cabarets, La Macumba es un ejemplo, con travestis de lentejuelas y tacones altos, oliendo a Chanel, donde brilla el oropel y están las reinas de la noche cubana que hacen sus espectáculos y obras teatrales, como la que el sábado clausurará en un importante cine del Vedado las celebraciones por el Día de los Gais, con la participación de expertos y funcionarios del Estado.