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EL PARTIDO DEMÓCRATA

El peso de llamarse Clinton

EL PERIÓDICO

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Visto de una forma prosaica, del lado demócrata el supermartes no se trata tanto de la experiencia de Hillary Clinton contra el entusiasmo del mensaje de cambio Barack Obama como del peso de un apellido ilustre, contra el de un desconocido hasta hace unos meses. Esta es la ventaja de la senadora por Nueva York y la desventaja del senador por Illinois. Pero lo mismo se decía antes de que Iowa abriera el fuego, y un mes de votación ha borrado en parte este efecto.

De saque, ambos parten con dos grandes estados como sus propios feudos: Illinois y Nueva York. A partir de aquí, Clinton apuesta por Nueva Jersey (por proximidad), California (por los latinos) y Arkansas, donde la candidata fue primera dama de su marido, el gobernador Bill Clinton, antes de dar el salto a la Casa Blanca. Obama confía en los estados donde se celebran caucus y no primarias (Colorado, Kansas y Minnesota son los más importantes) y se ha mostrado activo en zonas como Dakota del Norte, Alaska e Idaho, buscando repetir el éxito de Iowa. Y, tras su aplastante victoria en Carolina del Sur, se da por descontado un apoyo masivo de la comunidad negra, muy importante en estados como Nueva York, Georgia y Alabama.

RECAUDACIÓN RÉCORD

La principal desventaja de Obama es el escaso tiempo que ha tenido para hacer campaña. El análisis de las primarias celebradas indican que el senador siempre partió en desventaja pero que cuando se dio a conocer logró o bien recortar la ventaja de Clinton o bien vencerla. A su favor, que en enero recaudó 20,8 millones de euros.

Y luego está el tema de los superdelegados, motivo por el cual las cifras de delegados logrados hasta ahora bailan según cómo se cuenten. Los superdelegados son cargos oficiales y dirigentes del partido que votan en la convención pero no son elegidos. Muchos ya se han pronunciado, pero a diferencia de los delegados electos, su apoyo a un candidato puede cambiar el día de la convención.