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El 'bar-tabac', una institución moribunda

ELIANNE Ros

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¿Se acuerdan de Amélie Poulain, esa deliciosa criatura soñadora y naíf que lanzó al estrellato a la actriz Audrey Tatou? La protagonista deEl fabuloso destino de Amélie Poulain, la película gala más taquillera de los últimos tiempos, vivía y trabajaba en Montmartre. Concretamente tras la barra delbar-tabacLes Deux Moulins, en el número 15 de la calle Lépic. No es casual que el director Jean-Pierre Jeunet ambientara los avatares de una camarera francesa y de su pintoresca parroquia en uno de esos establecimientos que contienen un pequeño estanco.

Hasta el pueblo más recóndito de Francia tiene subar-tabac.Ese lugar, por lo general de estética anticuada y más bien cutre, donde se puede comprar el tabaco, el diario, los billetes de metro o autobús, jugar a la loto y tomar un café o un pastís mientras se juega al dómino con los amigotes. Algunos mantienen, aunque sea testimonial, la prestación de una cabina telefónica. Otros son ademásbrasserie, y ofrecen un menú económico que no suele hacer honor a la reputación culinaria del país. Ello no impide que se trate de establecimientos muy arraigados en la vida de un barrio o municipio. Forman parte intrínseca del paisaje urbano, del imaginario colectivo.

Pues bien, esta institución está tocada de muerte. La próxima entrada en vigor, en enero, de la ley que prohíbe fumar en todos los locales públicos ataca la esencia misma del negocio. ¿Qué clientela puede tener un decrépitobar-tabacsi no es, sobre todo, la que va a buscar su dosis de nicotina? ¿Cómo explicar al cliente que debe consumir fuera lo que compra dentro y gusta de acompañar con unexpresso?¿No es casi como prohibir la ingestión de alcohol en un bar o comer pasteles en una pastelería bajo el argumento de que no es bueno para la salud?

Las preguntas que se hacen los propietarios chocan con los derechos de los no fumadores --sobre todo en los lugares donde no hay alternativa para tomar un café-- y con la firmeza de un Gobierno angustiado por la curva ascendente de muertes atribuidas al tabaquismo. El cáncer se ha convertido ya en la primera causa de deceso en Francia, por delante de la crisis cardiaca. Así que los 14,2 millones de personas que fuman deberán hacerlo en la calle o en su casa.

¿Y qué será de losbar-tabac?"¿Qué quiere que le diga? Pues que se está matando los centros de convivencia", masculla con desgana el propietario de un establecimiento parisino, que calcula que su clientela bajará al menos un 30%. Así que más de uno se verá obligado a apagar para siempre sus típicos letreros de neón. Otros piensan reconvertirse poniendo máquinas de juego. O sea, cambiando de adictos. Es posible que algunos de estos locales de decoraciónkitsch--mobiliario de fórmica, espejos y adornos dorados en la barra-- ya estuvieran sentenciados. Muchos perdieron sus orígenes

--una legión de chinos ha comprado unos negocios tradicionalmente regentados por bretones-- y ahora perderán parte de su esencia. También Les Deux Moulins, convertido hoy en próspera atracción turística. Pero siempre nos quedará Amélie.