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Mandela, el nuevo vecino de Churchill

BEGOÑA Arce

¿Quién merece una estatua? El asunto es, en muchos casos, discutible y polémico. Hay pocos dictadores sin estatua y muchos oportunistas con ella. No todo el que monta en caballo de bronce es necesariamente un prohombre, ni quien ha sido inmortalizado en piedra debería necesariamente ser recordado. En el caso de Nelson Mandela, sin embargo, el acuerdo es unánime.

El antiguo presidente surafricano tendrá una estatua en Londres, que todos consideran bien merecida y ha sido financiada por suscripción popular. Pero su emplazamiento provocó una larga disputa. La imagen en bronce del luchador contra el apartheid se inaugura hoy justo enfrente del Parlamento, la Abadía de Westminster y la futura sede del Tribunal Supremo. El lugar, Parliament Square, simboliza el corazón político del Reino Unido. Mandela compartirá el jardín de la plaza con otros ilustres mandatarios que ya son historia, como el expresidente estadounidense Abraham Lincoln, o el exprimer ministro británico Winston Churchill.

La escultura del político conservador ha sido en varias ocasiones objeto de las iras de enervados manifestantes, que han lanzado contra ella barro y pintura. Con una mano en el bolsillo del abrigo y la otra apoyada en un bastón, Churchill parece estar lanzando desde el pedestal una mirada desafiante a sus conciudadanos. Mandela, en cambio, ataviado con una de sus famosas camisas, levanta ambos brazos, como queriendo dar la bienvenida a todos.

El autor de la obra, Ian Walters, no podrá asistir a la inauguración. El escultor británico murió de cáncer hace un año, cuando había terminado el modelo en arcilla, pero no llegó a ver terminada la obra bañada de bronce. Walters viajó en el 2001 a Suráfrica para hacer un retrato a Mandela, de quien ya esculpió un busto en 1982. La admiración fue mutua y la conversación entre ambos duró nueve horas.

Al principio, el alcalde de Londres, Ken Livingstone, quiso colocar la estatua en Trafalgar Square, otro de lugar emblemático de la capital. El gran luchador por la igualdad racial, hubiera tenido allí como vecino al almirante Nelson, pero no pudo ser. La concejalía de Westminster, que controla esta parte de la ciudad, le negó al alcalde el permiso necesario para erigir la escultura junto a la entrada principal de ese fabuloso museo que es la National Gallery.

La posición era, según los ediles, demasiado prominente para alguien que ha pasado 40 años combatiendo el apartheid y 27 en la cárcel a causa de esa lucha. Además, dijeron, en un lugar tan concurrido, la estatua podía ser un obstáculo en la celebración de grandes eventos. La sugerencia fue que pusieran a Mandela fuera de la plaza principal, junto a la Casa de Suráfrica, en un rincón contiguo. Livignstone no cedió y después de que los contribuyentes pagaran una factura en gastos legales de 150.000 euros, Mandela ha terminado escuchando las campanadas del Big Ben, a pocos pasos de Downing Street. A pesar de su delicado estado de salud, el viejo luchador africano llegó ayer a Londres con la intención de asistir al homenaje.

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