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Cientos de radicales se atrincheran en la Mezquita Roja de Islamabad

El Ejército asedia el recinto, donde los fanáticos retienen a mujeres y niños

Uno de los jefes religiosos fue detenido cuando huía disfrazado de mujer

CELIA MERCIER / ISLAMABAD

Helicópteros de combate sobrevuelan la Mezquita Roja, hay niños y mujeres retenidos en el Interior. "El barrio está en estado de sitio y los policías tienen orden de disparar", explicaba ayer un habitante de Islamabad. Los intercambios de fuego prosiguieron durante todo el día en la Mezquita Roja, un nido de religiosos fanáticos, asediado por centenares de militares, fuerzas especiales y policías. En total, una treintena de personas han muerto en tres días, entre ellas peatones y periodistas alcanzados por los tiros cruzados. También hay unos 200 heridos.

La violencia estalló el pasado martes cuando, al parecer, los policías que patrullaban la zona fueron atacado por estudiantes de la mezquita. Era la ocasión esperada por el Gobierno para lanzar una operación contra ese bastión extremista y contra sus miles de estudiantes coránicos que desde hace tres meses multiplicaban sus provocaciones. Hasta ahora, el régimen --más bien acomodaticio con los partidos religiosos-- justificaba sus bravuconadas por miedo a provocar un baño de sangre en año electoral. Los directores y los alumnos de las escuelas coránicas habían amenazado en varias ocasiones con suicidarse con explosivos si las fuerzas del orden atacaban el edificio, y anunciaron que poseían un verdadero arsenal de guerra.

CANDIDATOS AL SUICIDIO

Finalmente, los candidatos al suicidio todavía no han actuado y más de 2.000 alumnos se han rendido. Pero todavía quedan varios centenares de personas atrincheradas en la Mezquita Roja: el núcleo duro de los irreductibles y niños aparentemente usados como escudos humanos.

El miércoles, uno de los directores de la escuela coránica, el maulana Abdul Aziz, intentó huir disfrazado de mujer con un burka, mezclado discretamente con un grupo de mujeres que abandonó la mezquita. Su hermano, el maulana Abdul Rashid Ghazi, que sigue en el edificio, intenta negociar su rendición. Un desastre ruidoso para esos talibanes de Islamabad que intentaban imponer la ley islámica en el país y llaman a la guerra santa contra el Gobierno.

EDIFICIO ILEGAL

En enero, los estudiantes iniciaron la ocupación de una biblioteca infantil para protestar por las amenazas de destrucción de su escuela, construida ilegalmente según el ayuntamiento. Cohortes de chicas, vestidas de negro de la cabeza a los pies, se enfrentaron a los policías blandiendo bastones. Después, los maulanas lanzaron casi cada semana operaciones espectaculares, como el secuestro de policías, la destrucción pública de películas y de cintas no islámicas y una fatua (edicto) contra el ministro que abrazó a un francés, monitor de paracaidismo. El Gobierno trataba de apaciguar el temor de los habitantes de la capital liberal, inquietos por la pujanza de esos islamistas convertidos en figuras mediáticas. Enardecidos, los estudiantes amenazaron con lanzar a sus comando contra los burdeles para moralizar una sociedad que consideran decadente.

Aunque los cimientos de la mezquita roja se han tambaleado, sus alumnos siguen adoctrinados. Una joven con lágrimas en los ojos se lamentaba ayer al abandonar el colegio coránico: "Al abandonar mi escuela me he rebelado contra el islam. Nunca podré perdonarme".

©Libération

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