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Orhan Pamuk: ''El acoso de los nacionalistas me agobia, pero nadie me va a empujar al exilio''

BEDNARZ DIETER

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El escritor turco Orhan Pamuk, de 54 años, galardonado en el 2006 con el Premio Nobel de Literatura, ha hablado mucho y ha escrito muchas páginas sobre la relación de amor y odio que existe entre su país y Europa. En esta larga entrevista, concedida con motivo de un ciclo de conferencias en Alemania, reincide en esa gran obsesión y repasa el largo camino literario y personal que le llevó hasta el galardón de la Academia sueca.

--Esta semana ha viajado usted a Alemania para reanudar la gira de lecturas que suspendió en febrero. ¿Por qué aplazó entonces sus compromisos de un modo tan drástico para irse a Estados Unidos?

--El asesinato de mi amigo Hrant Dink supuso una gran consternación para mí. Este atentado afectó a muchos escritores e intelectuales y provocó el miedo a volver a la Turquía oscura de los años 70 en la que murió mucha gente a causa de la política de asesinatos. Para mí era mejor viajar a América. En el extranjero puedo ganar distancia respecto a esos trágicos acontecimientos.

--Muchos entendieron su marcha a toda prisa como una huida.

--Soportaba mucha presión. El aplazamiento no tuvo nada que ver con que desconfiara del sistema alemán de seguridad. Sea como fuere, en esa gira de lecturas me habrían preguntado constantemente sobre las amenazas de muerte. Y con ello solo habríamos conseguido darles una importancia que no merecen.

"Mis amigos y el propio Gobierno me recomendaron tener un guardaespaldas"

--En Turquía, los escritores críticos deben temer por su vida. ¿Está usted amenazado?

--Mis amigos y el propio Gobierno me recomendaron que tuviera un guardaespaldas. Es indignante tener que vivir así.

--¿Puede escribir bien en Estados Unidos?

--Mi estancia en Estados Unidos ya resultó productiva en los años 80, cuando escribí El libro negro, mi primer gran éxito internacional. Por aquel entonces, la universidad neoyorquina de Columbia, donde actualmente doy clases, se convirtió en mi segunda residencia cultural, allí me siento estupendamente y estoy relajado. Incluso en la actualidad podría escribir allí perfectamente y acabar mi nuevo libro, El museo de la inocencia. Es una novela muy ambiciosa en la que llevo trabajando unos 10 años. Su argumento transcurre en Estambul, entre 1975 y la actualidad, y trata del sufrimiento obsesivo y de la gran pregunta: ¿qué es en realidad el amor?

--Sin embargo, en su gira de conferencias usted presenta 'Estambul', el retrato de su ciudad natal, que ha cobrado relevancia con el otorgamiento del premio Nobel.

--Sí, en el libro hablo de mi infancia como de un periodo de melancolía posotomano en el que la cultura y la economía turca se encuentran muy lejos de la europea. Por aquel entonces, la ciudad no gozaba de la modernidad que siempre anheló, sino que permanecía sobre las ruinas del esplendor otomano perdido. Era un estímulo oscuro, un sentimiento de aflicción y de aislamiento que embargaba no solo a unos cuantos, sino a toda una ciudad, era una especie de resignación colectiva.

--¿Describe usted también su propio estado de ánimo?

--Cuando describo Estambul también me describo a mí mismo. Cuando era joven, me frenaba, me paralizaba esa melancólica visión interior a la que llamamos hünzün. La historia de mi familia es una historia de derrotados muy parecida a la de Los Buddenbroock, de Thomas Mann. Cuando nací, mi familia poseía una gran casa y un patrimonio que perdimos con los años. Hasta aquí llega mi historia personal, con la pena de la pérdida del imperio otomano.

--Su libro finaliza en 1972. En la actualidad, Estambul es la ciudad más moderna del mundo islámico. ¿Es esa la Estambul que soñó, abierta a occidente?

--La Estambul occidental, tal como el visitante la ve, solo es el 10% de la ciudad y de su población. Seguro que Estambul se encamina a ser un atractivo centro turístico, financiero y cultural, pero hay millones de seres tristes en ese gran mar de inmigración, pobreza, miseria y contrariedades. Todo ello es consecuencia de la frustración y la rabia. Allí se agolpan los problemas políticos y étnicos de toda Turquía. Afortunadamente, estos conflictos ya no se tratan de una forma tan brutal.

--¿Mantiene sus afirmaciones sobre la masacre turca contra los armenios en 1915 a pesar de haber tenido que enfrentarse a un juicio por haber expresado su posición crítica en torno a esos hechos?

--Todavía luchamos por una libertad de expresión total. Pero esto no tiene nada que ver con la Turquía de mi infancia, cuando solo se podía hablar en voz baja de ciertos temas. Por aquel entonces, a los armenios o a los griegos se les increpaba en plena calle diciéndoles: '¡Habla, ciudadano turco!'. Pero hoy en día se puede hablar de casi todo.

"Me enerva verme reducido constantemente al papel de constructor de puentes"

--¿Es Estambul realmente un puente entre la cultura occidental y la oriental?

--En mi opinión, esa afirmación es un cliché. Me enerva verme reducido constantemente al papel de constructor de puentes. Yo no he de ser ni tengo derecho a ser el representante de una cultura, de una constelación política, de cierta etnia o historia. Pero como mis libros han sido traducidos a más de 45 idiomas, me he convertido en el representante de Turquía, algo que no quiero ser, pues yo soy escritor.

"Es horrible que a los turcos siempre nos vean primero como miembros del islam"

--En su opinión, ¿qué papel desempeña el islam?

--Es horrible que a los turcos siempre nos vean primero como miembros del islam. Siempre me preguntan sobre religión y casi siempre con un tono negativo que me molesta mucho. No se puede negar que la mayoría de mi gente es musulmana, pero si usted quiere entender realmente a mi país, debe observar su historia y nuestra constante orientación hacia Europa. Los turcos mantenemos una clara relación de amor y odio con la cultura europea. Turquía forma parte de Europa.

"Me molesta verme reducido a ser alguien que habla de los problemas de Turquía"

--¿Se siente usted también europeo cuando efectúa sus lecturas en París o en las ciudades alemanas?

--Hay algo maravilloso en lo que se refiere a la conciencia de nacionalidad: fuera de Turquía me siento más turco que en Estambul. Cuando estoy en casa aflora con claridad mi vena europea. Eso es algo que mis opositores, sobre todo los nacionalistas turcos, emplean como pretexto para criticarme. Y me molesta porque apenas hay nadie que se haya ocupado tan ampliamente de nuestra cultura como yo en mis libros. Mi orientación hacia occidente, mi aprecio por la cultura europea y su estilo de vida, es algo que nunca he escondido.

--Por desgracia, 'Estambul' termina cuando su vida se encuentra en un gran punto de inflexión, cuando a sus 21 años, en 1972, usted decide ser escritor.

--Los jóvenes de Estambul procedentes de la burguesía secular se encontraban entonces en el inicio de un largo y pedregoso camino que describiré en un próximo libro. Mi decisión de observar el mundo a través de las novelas, un típico modo europeo de ver las cosas, se convirtió para mí en una gran carga. Pero yo era consciente de ello y me sobrepuse a la congoja que me producía.

"La literatura debe dar al lector la esencia del mundo en los ámbitos moral, filosófico y emocional"

--Suele hablar usted de paciencia y profesión cuando se refiere al trabajo de escritor; prácticamente igual que el pintor miniaturista de su libro 'Me llamo Rojo'.

--Personalmente me veo más como un trabajador que como un artista. Lógicamente, la creatividad y la inspiración juegan su papel. La verdadera literatura es más que la narración de una historia, debe dar al lector la esencia del mundo en los ámbitos de la moral, la filosofía y la emoción. En mis libros he intentado elaborar toda esta verdad interior. Sin capacidad el trabajo y paciencia se pierde el talento más importante.

--¿Cuándo se siente usted más creativo?

--Soy un hombre muy disciplinado. Me levanto cada día a las siete de la mañana y me siento, todavía en pijama, a la mesa donde tengo preparadas mis hojas y mis libros de anillas. Intento escribir cada día un par de páginas. Además, estoy tan concentrado en leer, modificar y continuar lo que escribí el día anterior que prefiero beber el café que sobró ayer a hacerme uno nuevo. Sentarme allí para leer y escribir es para mí la mayor de las suertes.

"Al escribir no suelo leer diarios. Leer lo que sucede en Turquía me desmoralizaría"

--Y a usted le conmueve lo que está pasando en el mundo...

--Por la mañana no suelo leer ningún periódico. Es por la tarde a primera hora cuando echo un vistazo a las revistas, después de acabar mi trabajo. Leer lo que sigue sucediendo en Turquía me desmoralizaría. Esta opinión la mantengo desde que tenía 30 años, cuando las circunstancias eran todavía mucho peores. En los convulsos años 70, cuando me oponía a la izquierda y a la derecha, los servicios de seguridad actuaban con brutalidad, mucha gente murió por sus disparos en la calle.

--¿Se siente usted como el héroe Ka de su novela 'Nieve' o como una víctima de la política?

--Seguro que existen algunas concordancias entre él y yo, pero Ka es una versión empobrecida de mí mismo. Él intenta tener suerte como poeta, pero está frustrado y depende de forma desordenada del exterior, en Alemania. Yo tengo más éxito que él, a mí nadie me va a empujar al exilio, ni siquiera los nacionalistas, aunque me agobia el acoso al que me someten. Sin embargo, en el intento por comprender su responsabilidad moral, sus miedos y sus sueños, su ingenuidad e incluso su perseverancia, Ka resulta estar muy cerca de mí.

--Mucha gente ve en sus dos últimos libros, 'Nieve' y 'Estambul', una introducción a lo que es Turquía...

--Me gusta que la gente de mi país se acerque a mis libros, pero me molesta verme reducido a eso. No tengo ninguna intención de explicar los problemas y la cultura turca. Mi literatura tiene una aspiración universal, no pretendo que mis lectores tengan clara la política turca.

"La relación de Turquía y la UE está abocada a convertirse en una triste historia"

--Pero usted no tiene ningún reparo en expresar sus ideas sobre la política turca y ha abogado por la integración de Turquía en la Unión Europea. ¿Le sorprende que todavía no se haya producido ningún acercamiento para dar este paso con su país?

--En cualquier caso, me temo que dentro del proyecto de Europa ese asunto está abocado a convertirse en una triste historia. Ambas partes han contribuido a ello. Una parte de los europeos tiene la certeza de que en Turquía siguen practicándose atentados contra los derechos humanos y, en consecuencia, lo instrumentaliza. Por su parte, los dirigentes turcos han reaccionado de forma muy sensible cuando algunos países han mostrado sus reservas. Aquí ha fallado la autoconfianza de nuestro Gobierno. Nuestra élite se ha visto amenazada y ha aireado su desánimo. Ello ha hecho que Europa, donde se suele utilizar cualquier pretexto, refuerce sus reservas. Esta renuncia ha vuelto a dar aire al nacionalismo turco. Se trata de un pez que se muerde la cola.

--Entretanto, ¿ha perdido usted su ilusión por Europa?

--Estoy sorprendido y frustrado, pero me siento muy seguro de que la entrada de Turquía en la Unión Europea representaría una gran ventaja para ambas partes. Sería un gran éxito para nuestra democracia, nuestra cultura y nuestra economía.

--¿Cuánto ha avanzado Turquía en su camino hacia Europa?

--Visto desde Marte, todavía se puede decir que estamos cerca de dar ese paso. Creo que algún día también formaremos parte de Europa, pero quizá ambas partes tengan que pasar un tiempo en su propia esfera y así ver, durante cierto tiempo, cómo evoluciona la una sin la otra.

--Con la presencia del ministro de asuntos exteriores Abdullah Gül, por primera vez un político de un partido con raíces religiosas como el AKP puede llegar a ser presidente de la Turquía moderna. Su esposa viste el chador, un símbolo de su vida religiosa. ¿Gül podría poner el freno en la evolución de Turquía?

--En el pasado, múltiples experiencias nos han enseñado que finalmente no todo depende del candidato a la presidencia. Lo que cuenta es la fidelidad del presidente a la democracia, a los derechos humanos y a la libertad. Hemos tenido muchos presidentes que, una vez elegidos, han sacrificado estos principios a cambio de su propia comodidad.

--En cualquier caso, se observa un ascenso del nacionalismo turco.

--Sí, existe un fortalecimiento del nacionalismo turco y un racismo odioso. Ambos derivan un poco de la incapacidad de Turquía para la convivencia con los kurdos, pero también del vergonzoso proceso de entrada en la Unión Europea y de la frustración resultante. La consecuencia más nefasta de este nacionalismo es la limitación de la libertad de expresión, las campañas de odio contra los intelectuales. Los intelectuales proeuropeos están sometidos a una presión terrible.

--Su amigo turcoarmenio Hrant Dink, que murió asesinado, recibió tal cantidad de cartas de odio y presiones que llegó a hablar de "tortura psicológica".

--Hrant pensaba que el problema turco con el pasado se solucionaría con la apertura y, también, con el hecho de verse uno mismo como persona. El asesinato de Hrant fue espantoso y no debe caer en el olvido. Fue muy sorprendente ver cómo una parte de los principales medios de comunicación intentaba encontrar una explicación, casi una disculpa de lo acontecido. Lo que evidencia cierta camaradería de algunas fuerzas del orden con los asesinos. Quizá nos hayamos equivocado al pensar que estábamos preparados para nuestra apertura al mundo y al liberalismo. A pesar de todo, no nos merecemos la mala imagen que hemos proyectado por este acto; seguirá habiendo grandes avances.

--Desde su juicio, no se ha referido usted demasiado a la política. Antes acentuaba usted más su papel político como escritor.

--Cuando se está irritado ante la evolución de los hechos, es mejor apartarse de la política y callar. La censura no debería existir, se debería poder decir todo sin limitaciones. No voy a permitir que la política ejerza su poder sobre mí. En los dos últimos años ha habido demasiada política en mi vida. Creo mucho en la responsabilidad moral del autor, pero en primer lugar está la obligación de escribir buenos libros.

Der Spiegel Distribuido por The New York Times Syndicate. Publicada en el Cuaderno del Domingo de EL PERIÓDICO. Traducción: Joan Barris.

Temas: Orhan Pamuk

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