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Desfallecer por Darfur

El exvicepresidente de una empresa de EEUU inicia una huelga de hambre contra el genocidio

Start Loving se ha instalado ante la Embajada de Sudán en Washington

JOAN CAÑETE BAYLE / WASHINGTON

"Nuestros corazones saben qué hacer en Darfur. Hay que dejar de pensar y empezar a amar". Empezar a amar (Start Loving, en inglés), es el nuevo nombre de Jay McGinley. Está escrito dentro de una cruz tatuada en su frente. Viste una sudadera naranja, tiene la piel quemada y se le ve delgado y debilitado. Y es que este hombre de 55 años, exvicepresidente de una empresa de software, lleva más de un mes de huelga de hambre frente la embajada de Sudán en Washington --en plena avenida Massachusetts, donde se concentran las legaciones diplomáticas-- para protestar por el genocidio de Darfur.

Para Start Loving todo empezó hace tres años, cuando leyó un artículo sobre las atrocidades de Darfur, donde unas 450.000 personas han muerto y millones se han convertido en refugiadas. Hasta entonces, había llevado una vida convencional: graduado en 1974, logró un máster en Psicología por la Universidad de Siracusa y trabajó hasta 1997 en la industria informática. Ese año tuvo su primera crisis, dejó su empleo y pasó a trabajar como asistente escolar en Chester, una deprimida ciudad de Pensilvania. En el 2001, dejó a su mujer y a sus dos hijos, de 16 y 20 años, y empezó una huelga de hambre por la situación de los niños de su escuela. Tras rehacer su vida, en mayo del año pasado vivió otra epifanía: obsesionado por Darfur, lo abandonó todo. "No cambiaría un segundo de los últimos diez meses por mi vida anterior. Este es el mejor momento de mi vida, nunca me había sentido tan vivo, tan en paz conmigo", reflexiona Start Loving con su lenta cadencia en el hablar.

Lucha por la paz

Al poco de llegar a la capital, Start Loving empezó una vigilia frente la Casa Blanca por Darfur. Allí conoció --"nos convertimos en hermanos, en colegas de la lucha por la paz"-- a William Thomas, una institución de Washington, un hombre que lleva casi 26 años instalado frente a la Casa Blanca para protestar contra las armas nucleares y pedir la paz mundial. 186 días estuvo Start Loving en la plaza Lafayette. El 1 de marzo, empezó su huelga de hambre, que ha variado desde entonces: solo con agua y algunos líquidos. El de 30 de marzo, Start Loving dejó a Thomas y se instaló en la acera de la Embajada de Sudán.

Durante el día, lleva a cabo su marcha --anda entre dos árboles durante horas-- y de vez en cuando reposa sentado en el suelo sobre dos ladrillos. De noche, duerme en un saco de dormir verde sentado contra una pared. Nunca se tumba, ya que si lo hiciera la policía municipal lo consideraría un mendigo y sería arrestado. "No miro nunca a los ojos a la gente. Quiero que me vean, no quiero verlos yo", dice. Y es que Start Loving tiene varios objetivos: adelgazar hasta que su cuerpo "se parezca al cuerpo de los que sufren un genocidio, como los de mi familia de Darfur" y que otros se unan a su protesta. Para ello, con la ayuda de la esposa de Thomas mantiene un blog (Standwithdarfursudanembassy.blogspot

.com) que de tanto en tanto, cuando necesita protegerse del clima, un poco de higiene o dejar de dormir una noche al raso, actualiza.

Fuertes convicciones

"Siempre ha sido una persona de fuertes convicciones. Pienso que de verdad cree en su causa, pero todo esto es muy doloroso", dijo su esposa, Cathy, a The Washington Post. "En la historia nadie ha salvado a nadie si antes alguien no se ha sacrificado. Esto es lo que yo hago por mi familia de Darfur, que sufre una tragedia en cámara lenta", recita su credo Start Loving, para añadir: "Lo que está en juego en Darfur es el corazón de la humanidad. Yo solo traigo el dolor de Darfur a Washington".

Dolor, intenso dolor, es lo que Start Loving siente en sus pies. "Es como si estuvieran oprimidos por una apisonadora". Tiene problemas de riñón y ha perdido 13 kilos. ¿Hasta cuándo? "Hasta el final. Darfur necesita cascos azules y un plan de reconstrucción basado en el amor. Nada que no sea esto satisfará la humanidad, y nada me satisfará a mí. Continuaré la huelga de hambre hasta que se cumplen estas condiciones", afirma.

A pocos metros de la embajada sudanesa, frente a la de la India, una estatua homenajea a Ghandi. "Me gustaría que más gente se me uniera. Pero la gente está preocupada por sus cosas, hemos olvidado cómo ser seres humanos", sentencia Start Loving.

Temas: Sudán

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