100 años de L'Hospitalet como ciudad
El municipio se consolida como potencia económica en Catalunya con el reto del norte vulnerable
L'Hospitalet de Llobregat (Barcelonès) conmemora 100 años como desde la concesión del título de ciudad este 15 de diciembre. Un siglo de constantes cambios y transformaciones a partir de las cuales el municipio se ha consolidado tanto en términos de población como de motor económico catalán. Al tiempo que sigue perfilando su futuro con importantes proyectos de país, ahora más que nunca L'Hospitalet busca atajar el gran reto de los déficits que arrastran sus barrios del norte, donde además se sitúa el área más densamente poblada de Europa.
De los cultivos a la investigación biomédica
Las alcachofas y lechugas que aún hoy se cultivan en Cal Trabal constituyen uno de los últimos vestigios de la que, durante siglos, fue la principal actividad económica en los terrenos que ahora enmarca L’Hospitalet de Llobregat: la agricultura. Hoy, tan solo constan 15 personas afiliadas al sector agrícola en L’Hospitalet. Se trata de unas pocas hectáreas de tierra ubicadas junto al Hospital de Bellvitge y el tramo sur de la Granvia hospitalense, un espacio en el que Ayuntamiento y Govern de la Generalitat aspiran a desarrollar, en las próximas décadas, un polo biomédico que, una vez esté plenamente operativo, supondrá el 1,86% del Producto Interior Bruto (PIB) de Catalunya. Un nuevo salto de escala económico para la ciudad que supondrá el adiós a su tradición agrícola, dado que los campos de cultivo se convertirán en un parque público.
Pero la cualidad de potencia económica catalana va más allá de este nodo dedicado a la investigación biomédica y sanitaria. La localidad es ya, además de la segunda ciudad de Catalunya en población, la segunda que más PIB aporta al conjunto del territorio catalán: un 3%. Un hito que ha alcanzado y mantenido a lo largo del último siglo con sucesivas transformaciones de su tejido económico, pasando del dominio del sector agrícola al industrial y, ahora, al sector servicios. "A diferencia de los años 80, cuando nos costaba decir de dónde éramos, la gente de L'Hospitalet se siente ahora muy orgullosa de ser de L'Hospitalet", suele ilustrar el alcalde del municipio, David Quirós.
Además, los datos de trabajo tanto de empleos localizados como de paro constatan que el mercado laboral hospitalense vive su mejor momento desde la crisis del 2008. Unas cifras que han permitido a L'Hospitalet librarse del peso de la etiqueta ‘ciudad dormitorio’ que la acompañó durante los primeros años de la democracia.
Sin embargo, pese a ese crecimiento en la ciudad, L’Hospitalet no ha logrado, 100 años después, que la riqueza que el municipio genera termine por revertir —o, al menos, no en la medida suficiente— en una mejor calidad de vida de los vecinos de la zona norte, barrios históricamente de clase trabajadora y con algunos de los índices de vulnerabilidad más elevados de Catalunya.
"Es importante que todo aquello que generemos tenga un impacto en la ciudadanía"
"En un municipio tan poblado es más importante que todo aquello que generemos tenga un impacto en la ciudadanía. No está pasando aún, tenemos que seguir trabajando y colaborando con las ciudades", decía precisamente en un acto reciente con EL PERIÓDICO la consellera d’Economia, Alícia Romero.
Pese a las grandes mejoras, L'Hospitalet se ha marcado el reto de acompañar su creciente capacidad económica con la prosperidad de sus barrios del norte. Por tal de que ese área también conocida como Samontà deje atrás la pobreza que históricamente la ha definido y se nutra, de verdad, de la actividad económica que se desarrolla al sur de la ciudad.
Zona agrícola de Cal Trabal. | FERRAN NADEU
Zona agrícola de Cal Trabal. | FERRAN NADEU
Un visitante durante el MWC 2025. | EFE/Alejandro García
Un visitante durante el MWC 2025. | EFE/Alejandro García
El pasado industrial
La primera gran transformación del modelo económico hospitalense llegó en el siglo XIX con la construcción del Canal de la Infanta, que permitió irrigar los campos hospitalenses, potenciar la agricultura de regadío y dejar atrás el modelo de subsistencia para dar paso a una agricultura más enfocada en el mercado, así como permitir el desarrollo de industrias necesitadas de grandes cantidades de agua para funcionar. Ponen en contexto la tendencia los historiadores Joan Camós, Josep Ribas y Carles Santacana, que en un artículo del Centre d'Estudis de L'Hospitalet (CELH) explican que, a lo largo del siglo XX, la economía hospitalense se definió por "un cambio y una evolución constante".
Los mismos autores señalan que el periodo de industrialización propia de L'Hospitalet comenzó con el cambio de siglo y se centró en los años 1912 y 1920, etapa en la que la industrialización y el crecimiento demográfico tienen "una relación más estrecha". Es a principios en esta época cuando empiezan a funcionar talleres tan icónicos del patrimonio local como Tecla Sala, Cosme Toda o Can Trinxet.
El historiador Josep Maria Solias explica que Barcelona ya vivía una industrialización que se expandía como “una mancha de aceite” y que, tras llegar a Sants, saltó a L’Hospitalet con el textil y la cerámica como principales sectores, además de otros como el químico, la industria vidriera o, ya en menor medida, el sector metalúrgico. Industrias que aterrizaron en L’Hospitalet, pero con un arraigo local relativo, dado que la mayoría pertenecían a burgueses de Barcelona u otras zonas de Catalunya que instalaron sus industrias en la localidad por la proximidad con la capital catalana. De este modo, la ciudad fue ya entonces una potencia económica por las fábricas que tenía, pero estas tampoco suponían precisamente un aumento de la calidad de vida para los locales.
Con Barcelona y Sants ya urbanizadas y, en gran medida, edificadas, L’Hospitalet vivió también a principios del siglo pasado su primera gran construcción de viviendas en esos barrios que ahora colindan con Barcelona, como Collblanc y la Torrassa. Durante las primeras décadas, estas zonas se llenaron de obreros llegados sobre todo de las provincias de la costa mediterránea española para trabajar en la fabricas barcelonesas, en las de L’Hospitalet y en grandes proyectos como la prolongación del metro.
“Esta gente solía quedarse con los peores trabajos porque los buenos ya estaban cogidos”, recuerda Solias, quien comenta que la dureza de los puestos trabajos que tenían estos recién llegados, así como las precarias condiciones de vida de los mismos, contribuyeron a la radicalización de los trabajadores. El anarquismo, con la CNT al frente, se hizo fuerte a principios de siglo en la zona norte de L’Hospitalet y, pese a la represión de la dictadura de Primo de Rivera, se mantuvo hasta pasada la Guerra Civil fueron comunes las respuestas violentas. También de la patronal. El pistolerismo manchó las calles y también eran comunes los enfrentamientos con la Guardia Civil.
Crecimiento económico
Tras unos años del franquismo más autárquico, en el que el sector textil que había dominado la economía local se debilitó, Josep Maria Solias apunta que, con el plan de estabilización de finales de los 50, en L’Hospitalet se generó, por ejemplo, una nueva zona industrial en la carretera del Mig. El historiador define esta nueva etapa como “una especie de barraquismo industrial”, porque la mayoría de las nuevas fábricas son muy pequeñas, aunque aún conviven con algunas de las industrias históricas. Coincide esta época con una nueva oleada migratoria, que se instala, sobre todo, en los barrios de Pubilla Cases, La Florida —en el norte— o Bellvitge —en el sur—.
Los puestos de trabajo radicados en L'Hospitalet han crecido un 74,2% en las últimas dos décadas
Sin embargo, la industria cae con la crisis de los años 70 y la competencia exterior y ya no se recupera. Camós, Ribas y Santacana recuerdan que fue entre los años 60 y 80 cuando "se hizo evidente la disfunción entre los puestos de trabajo que ofrecía la ciudad y la población activa que residía". Fue en estos años justo cuando se produjo una nueva oleada migratoria de gente llegada de todo el territorio español. Así, el nuevo crecimiento económico hospitalense empezó a cocinarse en los 2000, con el desarrollo de la plaza Europa y el polígono Pedrosa. En 2001, la ciudad contaba apenas con 66.000 trabajadores y cerró septiembre de este 2025 con un total de 114.990 puestos de trabajo localizados en la ciudad. Es decir, que los lugares de trabajo radicados en L'Hospitalet en las últimas dos décadas han crecido un 74,2%, según reflejan los últimos datos de la Cambra de Comerç Barcelona.
Esos datos de la Cambra de Barcelona también permiten observar que si se comparan el dato de las afiliaciones por sede social de la empresa con el de los trabajadores residentes en L'Hospitalet, la cifra es superior en el segundo caso. Una diferencia que se ha mantenido a lo largo de los años, aunque la distancia se ha reducido respecto a las cifras de un siglo atrás.
El motivo de la distancia es que algunos trabajadores residentes en L’Hospitalet se trasladan a un municipio distinto para trabajar. Es decir, que pese al crecimiento de puestos de trabajo localizados en la ciudad en las últimas décadas, todavía hay un nivel considerable de vecinos que deben moverse a otras urbes a laborar.
Los deberes pendientes
L’Hospitalet es una ciudad que no ha contado durante su historia con una 'clase alta’ y, durante las últimas décadas, ha buscado que sea la riqueza que generan las empresas de la zona sur de la ciudad las que permitan, vía impuestos, invertir en la zona norte para dejar atrás la vulnerabilidad que históricamente ha acompañado a buena parte de sus residentes. La exalcaldesa Núria Marín, por ejemplo, lo explicitaba hace unos años en una entrevista a este diario en la que aseveraba que los "los nuevos hoteles nos permiten financiar las guarderías".
No obstante, en los últimos años, la vulnerabilidad no sólo se ha mantenido sino que incluso ha crecido desde la pandemia. Así lo corroboran fuentes municipales, que explican que, desde el covid-19, “todos los datos indican que se ha incrementado la vulnerabilidad de ciertas zonas de la ciudad debido a los intensos cambios demográficos con la llegada de 12.000 nuevas personas”. El 43,8% de las cuales llegaron directamente del extranjero y cerca de un 30% procedentes de Barcelona, expulsadas por los precios del mercado de la vivienda.
Estas mismas fuentes remarcan que el 73% de la población en situación de conocida como 'pobreza relativa' de la ciudad se sitúa en el Samontà, los barrios del norte de la ciudad, que ha sufrido un incremento del 8% de población en situación de pobreza relativa entre 2020 y 2022. Esta población llegada tras la pandemia es también más vulnerable en términos laborales, dado que más del 50% de esa población trabaja en las ocupaciones más precarizadas, fundamentalmente en la ciudad de Barcelona. Se trata de empleos como personal de limpieza, servicio doméstico, construcción, repartidores o restauración.
También las condiciones de habitabilidad en esta zona son cada vez más precarias y las cifras del consistorio muestran que un 41% de los jóvenes extranjeros radicados en el Samontà viven en pisos sobreocupados. A estas condiciones recientes se le suman otros déficits históricos como la falta de verde urbano, de equipamientos o la sobresaturación de las escuelas.
"Si somos capaces de trabajar esa relación y esa identidad, la riqueza que genera la ciudad revertirá directamente"
El gobierno local trabaja desde hace más de un año en un plan integral para la zona del Samontà con el que busca, precisamente, revertir buena parte de estos problemas enquistados. El propio alcalde de L’Hospitalet, David Quirós, cifró hace unas semanas el presupuesto para ejecutar este plan en 350 millones de euros que deberán abonar, principalmente, Generalitat y consistorio, además del sector privado. Por ahora, sólo se han confirmado 15 millones, aunque el propio Quirós dice estar convencido de que las inyecciones necesarias llegarán.
Además, el alcalde hospitalense señala que el actual reto es aprovechar las oportunidades que ofrecen las grandes infraestructuras consolidadas y que se desarrollan en la ciudad o su frontera, como el nuevo Clínic, la ampliación de la Fira o el futuro polo biomédico. En las últimas semanas, el consistorio ha firmado también un acuerdo de colaboración con el Consorcio de la Zona Franca —ubicado en terrenos que hasta hace un siglo eran de L'Hospitalet—. El alcalde confía en que estos acuerdos y proyectos sean "una oportunidad para que todos aquellos jóvenes que están acabando su formación académica puedan incorporarse al mercado laboral mediante prácticas, mediante formación profesional dual, mediante contratos que les permitan ir capacitándose y ganando experiencia para ir creciendo en el mundo laboral". "Si somos capaces de trabajar esa relación y esa identidad, la riqueza que genera la ciudad revertirá directamente no sólo en los vecinos de L'Hospitalet, sino también del área metropolitana de Barcelona", concluye Quirós.
Un reportaje de El PERIÓDICO
Textos:
Àlex Rebollo
Diseño e infografías:
David Jiménez, Francisco José Moya
Coordinación:
Rafa Julve, Ricard Gràcia