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CAMBIOS EN EL ÁREA METROPOLITANA

L'Hospitalet no quiere ser Barcelona

Vecinos de Collblanc y la Torrassa se organizan para evitar que la gentrificación cruce la calle de la Riera Blanca

Crean la plataforma Barris per viure para reivindicar "un barrio acogedor para los vecinos, no un escaparate"

Helena López

Librería cerrada porque le doblaban el alquiler.

Librería cerrada porque le doblaban el alquiler. / RICARD CUGAT

Era difícil que los niños entraran en la librería, así que cada vez que Anna organizaba una sesión de cuentacuentos, algo que hacía a menudo, los salía a buscar a la plaza. Cogía un cartón en el que se veía a Pippi Calzaslargas con su caballo a hombros -por algo es la niña más fuerte del mundo-, le pegaba un papel con el título de la actividad de aquella tarde y recorría con él la bulliciosa plaza, a escasos metros del local, ahora en alquiler. "Estaba entre mujer anuncio y flautista de Hamelín, pero lograba mi objetivo, que los niños entraran a escuchar el cuento", recuerda la mujer mientras termina de vaciar la editorial. En diciembre se le terminó el contrato y el nuevo propietario, un inversor, le pedía el doble por el alquiler, en la reformada calle de Progrés, la ‘calle mayor’ del distrito dos de L’Hospitalet, que une sus dos barrios, Collblanc y La Torrassa. 

La plaza que Anna recorría en búsqueda de pequeños lectores es la Espanyola, la ‘plaza de la Vila’ de este territorio multicultural, la misma en la que el pasado 2 de julio nacía la plataforma Barris per viure Collblanc-La Torrassa con el empeño de reivindicar "un barrio acogedor para los vecinos, no un escaparate para los turistas". El texto del cartel de la convocatoria -ideada por activistas de la zona- no dejaba lugar a dudas: "La gentrificación llega a Collblanc-La Torrassa". Las decenas de vecinos que, preocupados, respondieron a la llamada, hicieron una ruta por el distrito, visitando algunas de las señales de alarma claras, como la exlibrería de Anna, o el 70 de la calle de Santiago Apóstol, vaciado de vecinos y en proceso de reforma integral para convertirse en un bloque de pisos turísticos. Según el listado oficial de establecimientos turísticos del Departament d’Empresa i Coneixement en ese bloque hay ocho licencias de pisos turísticos. Tantas como pisos tiene la finca. En el conjunto de L'Hospitalet son 483, 226 de los cuales en este pequeño rincón de la segunda ciudad catalana, en la frontera con la atractiva Barcelona, a dos pasos del museo más visitado de la capital catalana. Según el Observatorio del Turismo de Barcelona en el 2017 el Camp Nou recibió 1.848.198 visitantes. 

Entrada del Hostal Camp Nou, en el barrrio de Collblanc, en L'Hospitalet / ricard cugaT

"483 son los pisos turísticos legales, después están los ilegales, que no están registrados en ningún sitio, aunque nosotros los tenemos también mapeados según nos los van denunciando los vecinos", explica César, uno de los impulsores de la plataforma, a ojos de quien hubo un punto de inflexión evidente: la llegada de la L9 al aeropuerto, cuya principal parada es la estación de La Torrassa, donde basta con sentarse unos minutos y dejar pasar varios metros, para ver que el trajín de maletas arriba y abajo forma ya parte del paisaje habitual.

Es obvio que la situación no ha llegado al extremo de vivida en barrios barceloneses como Sant Antoni o el cercano Sants, pero los vecinos no están dispuestos a esperar a que sea demasiado tarde. El lugar reúne varias características que la convierten en una golosina a ojos de cualquier inversor, ya sea extranjero como local. Además de la cercanía a la poderosa Barcelona y al templo azulgrana, es un distrito especialmente bien comunicado, con dos paradas de metro, una en cada extremo. "Aquí llegaron vecinos expulsados por la gentrificación de Barcelona y ahora, al terminarse sus actuales contratos de alquiler, ven con preocupación que la situación se repite y pueden ser expulsados también de L'Hospitalet",  señala Joan, otro de los miembros de Barris per viure.

Tejido comercial también en riesgo

La librería de Anna no es el único comercio de la zona que ha bajado la persiana por la imposibilidad de asumir la subida del alquiler. También lo ha hecho recientemente la perfumería La Balear. Varias persianas están bajadas en la misma plaza Espanyola (algunas eran viejas oficinas bancarias, cerradas por otros motivos), y en calles del denso barrio. Entre las tiendas orientadas al vecindario -previas a la temida gentrificación- hay colmados con productos típicos de medio mundo, una de las características del colorido barrio a la que sus vecinos no quieren renunciar. "Cuando te vas de vacaciones, por un café pagas lo que te pidan, porque estás de vacaciones y es una semana, pero claro, aquí nosotros vivimos, no podemos aceptar que la presión turística cambie el tejido comercial y haga aumentar también los precios del consumo", resumen.

Terraza de un piso turístico legal reflejada en el escaparate.  / ricard cugat

Una de las pruebas irrefutables, las toallas tendidas en terrazas, balcones y ventanas, es ya más que evidente en ambos barrios. Lo de los bloques vaciados de vecinos para ser reformados y convertidos en pisos turísticos es, en parte, fruto de la normativa local, que recoge que solo se otorgarán licencias turísticas a fincas enteras, para evitar problemas de convivencia. El pleno municipal aprobó en marzo del año pasado una modificación del PGM para regular la actividad, "después de haber detectado durante el 2016 y los primeros meses del 2017 un incremento de solicitudes de este tipo de alojamiento", según señalan fuentes del consistorio, que niegan que en Collblanc-La Torrassa el turismo sea un problema. "No vemos ningún descenso en el número de vecinos empadronados que nos haga pensar que la presión turística afecte en estos momentos", indica una voz del consistorio encabezado por Núria Marín, que apunta también que el encarecimiento del alquiler es "generalizado en todo el país".

Mientras L'Hospitalet redactaba la normativa, implantó una moratoria de licencias temporal, que desde la plataforma piden volver a implementar "para poner coto a nuevos alojamientos turísticos en la zona antes de que la situación se haga insostenible", argumentan desde el colectivo vecinal. 

Un turista carga la compra en la entrada de un piso turístico en Collblanc / RICARD CUGAT

Otro de los puntos en conflicto es el solar situado en la calle de Ferran i Clua 12-24, muy cerca del mercado de Collblanc, en proceso de cesión -en el último pleno se aprobó el plan especial urbanístico que lo facilita- a una universidad privada para la edificación de una residencia de estudiantes. Desde Barris per viure temen -ejemplos cercanos no les faltan- que la residencia de estudiantes sea una excusa para convertir el espacio en un albergue vacacional para jóvenes, lo que consideran un escándalo.  

Tras el primer (y exitoso) encuentro vecinal de primeros de julio, la plataforma tiene programadas varias reuniones con entidades del tejido asociativo de la ciudad para ir tejiendo alianzas y construyendo alternativas.

Primavera vecinal en el Llobregat

La creación de Barris per viure no es un hecho aislado en L'Hospitalet. En los últimos años, la segunda ciudad catalana -igual que la capital- ha visto nacer varios movimientos vecinales al margen de las asociaciones de vecinos clásicas. En el mismo distrito dos ha tomado fuerza recientemente la plataforma Defensem el Castell de Bellvís, para luchar por su patrimonio histórico (y su memoria) o Can Trinxet Viu, en Santa Eulàlia; además de la combativa No més blocs.