20 sep 2020

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Un vecino de horta-guinardó...

Lluís Homar, actor : "Aquí en los Lluïsos representé mi primer 'Manelic"

CARME ESCALES / BARCELONA

Lluís Homar.

Lluís Homar. / RICARD CUGAT

Con cinco pesetas que le daban en casa, Lluís Homar (Barcelona, 1957) pagaba su entrada al cine en el Centre Parroquial Lluïsos d'Horta. «Con tres pesetas, podías ver las dos películas que hacían los domingos por la tarde, y con las otras dos tenía para el polo y las palomitas», añade el oriundo de Horta.

Homar se sentaba en las mismas butacas en las que lo hacía su público cuando era él el que subía al escenario teatral del centre parroquial. Allí, a los 6 años, empezó a ensayar y actuar en el ancestral teatro de Horta y lo hizo durante 12 años. «La Passió y Els Pastorets fue lo primero que hice. Estuve en el grupo infantil y el juvenil. Hice también L'Hostal de la Glòria, Un enemigo del pueblo y, en 1974, Terra Baixa», repasa, desde aquel teatro en el que hoy aprenden a actuar otros niños de su barrio natal. «Hacía 25 años que no había vuelto a entrar aquí», dice Homar. Su mirada persigue recuerdos en todos los rincones de ese espacio que, en un instante, le dispara al actor tantísimas imágenes de su pasado. «Está todo tan igual», dice.

La estatuilla de Enric Borràs

En el momento en que Lluís Homar acaba de estrenar una peculiar adaptación de su amada Terra Baixa, de Àngel Guimerà -en el teatro Borràs hasta el 11 de enero-, volver a pisar la madera del escenario por el que caminó su primer Manelic es un emotivo viaje al pasado. «Era el 7 de julio de 1974. Recuerdo que aquel día se jugaba la final del Mundial de Fútbol, entre Alemania y Holanda. Era la época de Cruyff», explica Homar. «Mi abuelo, Lluís Homar, que solía quedarse a jugar a cartas en el bar del centro parroquial, aquel día se sentó en el teatro a ver actuar a su nieto», recuerda el actor.

«Al acabar, me hizo acompañarle a casa y, una vez allí, me dijo: 'Te felicito, lo has hecho mejor que Enric Borràs', que era admiradísimo por aquella interpretación. Y me regaló una talla en madera de Enric Borràs interpretando el Manelic», explica el nieto. Esa talla acompaña ahora a Lluís Homar sobre el escenario en cada actuación. Como lo hace también el recuerdo de dos vecinos de Horta que físicamente ya no están: Maria Rosa Bonany, que fue Marta en aquella primera Terra Baixa en Horta, y Armand Calafell, que los dirigió. «Armand me contagió su gran entusiasmo por el teatro, y el personaje de Manelic me hizo emocionar por primera vez, como actor y como persona. Me encantaba todo lo que tenía que decir», expresa el actor.

A ellos les dedica Homar su interpretación coral de cuatro de los personajes de Terra Baixa. «Lluís, sin dejar de ser él, se va tiñendo de las emociones de Manelic, Marta, Nuri y Sebastià», bajo la batuta de Pau Miró y la música de Sílvia Pérez Cruz.

Monaguillo y 'boyscout'

Ocho hermanos (cuatro chicas y cuatro chicos, y 40 primos hermanos en Horta (los Homar y los Toboso) tejieron una infancia llena de conexiones familiares en el barrio. «Y con los que no éramos parientes, acabábamos haciendo como si lo hubiéramos sido», puntualiza Homar, que vivió en Horta de manera continuada hasta los 20 años.

«Mi padre era un apasionado de las matemáticas. Empezó a dar unas clases particulares y acabó montando la Academia Homar -primero en la calle de Lisboa y más tarde en Mestre Dalmau- donde estudiaban 500 alumnos», cuenta el actor, que fue uno de ellos. «Yo era bastante gamberro, desde pequeño. Roser Capdevila -creadora de Les tres bessones y vecina que lo llevaba al colegio- me decía: 'Mira que eres malo, pero eres tan simpático'», recuerda.

Vestir la sotana de monaguillo y madrugar para ayudar al sacerdote en misas del gallo o los entierros, las excursiones como boyscout y horas y horas jugando al frontón en el patio de la iglesia de Sant Joan d'Horta, frente a su casa SEnD«un patio que era media vida para mí»- llenaban los días de Homar cuando no estaba en el teatro. «Ensayábamos lunes, miércoles y viernes de 10 a 12 de la noche. Yo era el hombre más feliz del mundo», asegura.

A fútbol también jugaba. «Nuestro equipo se llamaba Gandhi», recuerda. Y aún quedaba tiempo para leer. «La librería Iona del barrio, que ya no está, era un punto de encuentro. El dueño, Pep Clot, en plena dictadura nos recomendaba lecturas anarquistas. Aquella librería era nuestro pequeño Perpinyà», expresa un Homar pletórico con su «Romeo de las montañas», el Manelic que  vuelve a conectarle con el Horta que le impregnó de amor por el teatro, una tradición familiar.

 «Ha sido muy útil este paseo. Me siento en un momento de reconexión conmigo mismo. Como dice un título que me parece muy acertado, Conviértete en lo que eres, siento que no hay mejor construcción de uno mismo que la conexión con quien uno es», concluye Homar.