29 nov 2020

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Al igual que el diablo, según el dicho anglosajón, la brecha salarial entre hombres y mujeres vive en los detalles. Vive en en los pluses, en jornadas de menos horas, en categorías salariales diferentes o en ascensos que nunca llegan. En el Estatuto de los Trabajadores, ya desde su primer redactado, establece que un hombre y una mujer no pueden percibir por el mismo trabajo un sueldo diferente.