30 sep 2020

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El contacto directo entre personas se ha demostrado como la principal vía de transmisión del coronavirus. Y hay empleos, entre ellos la prostitución, que solo se entienden en las distancias cortas. Pero a diferencia de otros oficios, las trabajadoras sexuales no existen a ojos de la administración. Ni pueden acceder a un erte, ni a una baja laboral, aunque necesitan más que nadie trabajar para tener un techo y alimentar a sus familias. Varios sindicatos de trabajadoras sexuales exigen un reconocimiento de su trabajo, y derechos laborales: "Si no, no podemos dejar de trabajar", se quejan. Las entidades sociales y los médicos que las ayudan ven como no solo ha aumentado la pobreza entre ellas, sino que los clientes se aprovechan de la pandemia para extorsionarlas aún más.