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La lucha contra el plástico

Proliferan los proyectos dirigidos a eliminar y reciclar los residuos contaminantes de mares y océanos

ALBERTO GONZÁLEZ / Barcelona

Residuos plásticos en una playa.

Residuos plásticos en una playa. / Dustan Woodhouse on Unsplash

“El hombre no tiene peor enemigo que él mismo”, decía Cicerón. Y aunque cabría esperar que los siglos que nos separan de este filósofo y escritor romano hubieran servido para reducir dicho instinto antropofágico, no ha sido así. Más bien todo lo contrario. Nuestra especie sigue empecinada en sus comportamientos autolesivos, de forma más o menos consciente. Lo demuestra, por ejemplo, el uso que hace de mares y océanos, parte fundamental de la biosfera y recurso imprescindible para nuestro devenir.

Se les compara –acertadamente– con los pulmones del planeta, dado que proporcionan la mitad del oxígeno que respiramos y, al mismo tiempo, absorben dióxido de carbono, además de constituir una fuente básica de alimento. Nuestro contradictorio agradecimiento consiste, en cambio, en malmeterlos, vertiendo en ellos el equivalente a un camión de plásticos por minuto y convirtiéndolos en auténticos vertederos flotantes.

Así ha sucedido durante décadas, en las que las alarmas de las asociaciones ecologistas chocaban con la actitud egoísta y despreocupada de ciudadanos, empresas y gobiernos. Pero mirar a otro lado es cada vez más difícil: Advierten los ocenógrafos que, de no poner fin a este abuso, a mediados de siglo los mares y océanos tendrán más plásticos que peces, poniendo en jaque la vida marina, además de comprometer nuestra seguridad alimentaria.

LA ESPERANZA

En el extremo contrario a Cicerón, el escritor colombiano Jorge González Moore prefiere ver el vaso medio lleno: “Si hay algo esperanzador para toda la humanidad, así como para cualquier individuo, es tener la certeza que un solo ser humano es capaz de cambiar su destino y el curso de la historia entera”. Y lejos de instalarse en el pesimismo y la queja, son muchas las personas y proyectos que, basados en la concienciación, la colaboración o el ingenio, luchan por dar a los mares y los océanos una nueva oportunidad, rescatándolos de su agonía.

Uno de los más sonados es el que abandera el holandés Boyan Slat, que con solo 19 años, ha puesto en marcha una solución de limpieza efectiva que cuenta no solo con el beneplácito de la opinión pública, sino también con el necesario presupuesto (ya ha recogido más de dos millones de dólares de fondos a través de un crowdfunding). Su plan consiste en una barrera flotante que se aprovecha de las corrientes oceánicas para desplazarse e ir capturando la basura plástica presente en el océano. Aspira así a limpiar, en cinco años, la isla de basura existente en el Pacífico, que ocupa una superficie equivalente a tres veces Francia.

LA BASE DEL ICEBERG

El proyecto de Boyan Slat se centra –eso sí– en la basura flotante, lo que vendría a ser la punta del iceberg del problema. Sin embargo, según datos de Project Aware, el 80% de los residuos humanos vertidos en mares y océanos permanecen sumergidos, varados en el lecho marino, donde experimentan un lento proceso de desintegración. Por eso, esta organización sin fines de lucro ha lanzado Dive Against Debris, una aplicación destinada a que los buzos den cuenta in situ de los residuos que hallen en las aguas profundas. Este software permite reportar la tipología de los desechos, el número de piezas, las coordenadas del hallazgo y posibles animales atrapados en algún material. Una información básica para ir completando una base de datos de libre uso que, desde el 2011, localiza puntos donde hay basura acumulada y áreas de inmersión libres de contaminación, entre otros aspectos.

La próxima batida de recogida de basura promovida por Libera tendrá lugar a partir del 28 de septiembre

No hace falta ser buceador profesional para contribuir a la causa. Cada vez existen más iniciativas que confían en la colaboración ciudadana y en el pequeño granito de arena que todo el mundo puede aportar. Es el caso, por ejemplo, de las batidas de recogida de basura que realiza la entidad Libera y que recorren diferentes entornos naturales (entre ellos playas u otros espacios marinos y costeros). La próxima acción está prevista del 28 de septiembre al 7 de octubre. Los voluntarios que se inscriban recibirán previamente en sus domicilios un pack de participación con unas bolsas de basura, guantes protectores y una balanza para pesar los residuos recogidos.

SOLUCIONES CREATIVAS

También hay quien tiene la gran virtud de convertir un problema en una oportunidad. Es el caso de la bióloga kenyata Julie Church, fundadora de Ocean Sole, una firma que se dedica a transformar chanclas usadas y abandonadas –una auténtica plaga en la costa de Kenya– en coloridas esculturas, juguetes y complementos. Lleva desde 1998 promoviendo la recolección y transformación de este tipo de calzado, recogiendo, sólo en el último año, más de medio millón de unidades.

Un último ejemplo de cómo los residuos de plástico hallados en los entornos acuáticos pueden tener una segunda vida no contaminante es la empresa española Ecoalf. “Fue la frustración por el uso excesivo de los recursos naturales del mundo y la cantidad de residuos producidos por los países industrializados” los que condujeron a Javier Goyeneche a crear esta firma en el 2009, con el apoyo del Banco Santander. La empresa utiliza basura extraída de los mares para elaborar hilo y otros materiales reciclados, con los que después da forma a camisetas, cazadoras, plumones, pantalones, bolsos, chubasqueros o calzado, con la misma calidad, diseño y propiedades técnicas que los mejores productos no reciclados. Una rotunda demostración de cómo la economía circular no solo es conveniente desde el punto de vista medioambiental, sino también económico.