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GRÀCIA

Cáterings integradores

La fundación ACIDH emplea a personas con inteligencia límite como camareros de eventos

Annalisa Palumbo

Zaira Sains, de Shuup, sirve copas de cava en el Palau Güell

Zaira Sains, de Shuup, sirve copas de cava en el Palau Güell

Vasos brillantes, mantel blanco y uniformes color vino: todo listo para que el cátering sea un éxito. Detrás de la mesa, Zaira Sainz, 27 años, camarera, sonríe nerviosa. Es una de las trabajadoras de la empresa de cátering Shuup, un proyecto de la Associació Catalana d'Integració i Desenvolupament Humà (ACIDH) para la inserción laboral de personas con inteligencia límite.

"Desde 1996, trabajamos para que nuestro personal pueda aprender un oficio en un entorno protegido y poder desarrollarlo fuera en un futuro", afirma Joan Bagué, coordinador del Centro Especial de Empleo de la fundación ACIDH, en la calle de Milà i Fontanals, 14-24, en Vila de Gràcia.

Bagué explica que la inteligencia límite es un concepto difícil de definir, aunque se suele identificar con un cociente intelectual total (CIT) de entre 70 y 79, cuando el promedio es de entre 80 y 120. La OMS no llega a calificarla como discapacidad. El concepto de inteligencia límite a menudo es condicionado por otros factores que alivian o complican la situación de partida de los individuos: una situación familiar o social inestable puede provocar que esta condición sea más grave en algunas personas más que en otras.

"Tenemos dificultades sobre todo en las cosas abstractas",confiesa Zaira Sainz. Cuando empezó en Shuup, una de sus tareas era limpiar la cocina. "No entendía por qué el cocinero lo ensuciaba todo cuando yo acababa de limpiar", sonríe. Para ella, el concepto de orden en las tareas de trabajo -primero se cocina, luego se limpia- era difícil de asimilar. Gracias a Shuup, las personas como Sainz adquieren seguridad, metodología de trabajo y un cierto grado de independencia.

Un sector adecuado

Desde hace 22 años, Shuup se esfuerza por el futuro de sus empleados. No es casualidad que, junto con un proyecto de lavandería y de cuidado de perros, se eligiera el cátering. "En Barcelona el sector de la hostelería es potente y las capacidades requeridas son de asimilación fácil, así que nuestro personal tendrá la posibilidad de trabajar fuera de aquí", argumenta Bagué.

Actualmente, hay dos empleados fijos y una veintena que participa en cáterings esporádicos, donde se necesite más gente. Uno de sus clientes es el Palau Güell, en el marco de su proyectoParabòlic Gaudí, un espectáculo de luz y música, en el que se ofrece una copa de cava a los participantes.

Detrás de la mesa, a la espera de que bajen los asistentes al espectáculo, Sainz sonríe en su uniforme y abre una botella de cava. "No es que no entendamos las cosas -asegura-. Sencillamente, hay que encontrar la forma correcta de explicárnoslas".

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