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UNA historia de GRÀCIA... el monolito a Pompeu Fabra

Pompeu Fabra, filólogo ilustre... y excursionista

La plaza de Lesseps recupera el monumento que homenajea al lingüista nacido en Gràcia

PILAR GARCÍA
BARCELONA

Josep Pla dijo de él, en uno de sus célebres retratos literarios, que era «el único catalán a quien todos los catalanes han obedecido plenamente». Ese homenot de Pla era Pompeu Fabra. Gràcia puede presumir de que fue ahí donde el padre de la gramática catalana pronunció sus primeras palabras. El autor del Diccionari general de la llengua catalana (1932) nació el 20 de febrero de 1868 en el número 32 de la calle Mare de Déu de la Salut, en la villa de Gràcia. Aunque, tras vivir en la calle Gran de Gràcia, la familia se trasladó a Barcelona, cuando el pequeño Pompeu tenía 6 años, el lingüista siempre recordó su origen gracienc. El hoy distrito tampoco olvida a uno de sus hijos más ilustres y ha reubicado en la plaza de Lesseps, frente a la biblioteca Jaume Fuster y una vez restaurado, un monolito que, desde 1982 y hasta el 2003, rindió en este espacio tributo a Fabra.

El monumento se instaló de nuevo en la plaza Lesseps el pasado 18 de febrero, dos días antes del 144º aniversario del nacimiento de Fabra. Su primera inauguración coincidió con el cincuentenario del Diccionari general y se enmarcó en las 14ª Fiestas Populares de Cultura Pompeu Fabra. De esas dos conmemoraciones deja constancia la placa colocada bajo el medallón que creó Josep Miret Llopart con el rostro de Fabra, ese homenot, según le describió Pla, «flaco, huesudo, rigurosamente afeitado, de ojos azulados pero intensos». La piedra travertí que los sustenta se trajo expresamente de Montserrat.

«Siempre se mostró orgulloso de su vínculo emocional con la villa», subraya el presidente del Taller d'Història de Gràcia, Joan Àngel Frigola. Ese sentimiento movió a las entidades de Gràcia a velar por la recuperación del monumento, retirado en el 2003 por las obras de remodelación de la plaza y del metro. El homenaje a Fabra no tiene que ver solo con su papel de normalizador lingüístico, sino también con otros dos aspectos de su vida, más desconocidos y que le apasionaban: el excursionismo y el deporte. «Entonces, el excursionismo era concebido como una actividad de ocio, pero Fabra lo entendió como un deporte, y así lo define en su diccionario», explica Frigola. Ya en el exilio, llegó a decir, añade el historiador, que «si hubiera vuelto a casa --murió en Prada de Conflent en 1948--, quizás no se habría dedicado a la gramática, pero sí habría seguido haciendo excursiones por Catalunya». Fabra fue, además, el primer presidente de la Unió Catalana de Federacions Esportives.

Frigola destaca «el amor por la tierra y el país» que le hizo desarrollar esa faceta excursionista. Esta le permitió, además, entablar relación con personas muy distintas y observar su lenguaje. «A finales del siglo XVIII, botánicos, geólogos y científicos se interesaron por la montaña», apunta Dolors Lázaro, miembro veterana del Club Excursionista de Gràcia, entidad que, junto al Taller d'Història y la Associació d'Amics de la plaça Lesseps ha impulsado la restitución del monolito.

Fabra vuelve a estar en casa. No hay duda de que en la plaza se sentirá más cómodo que en el almacén municipal en el que las entidades de Gràcia lo localizaron gracias a una foto que publicó EL PERIÓDICO DE CATALUNYA. Lázaro lo descubrió al leer la noticia, en el 2008, de la retirada de Montjuïc de la estatua ecuestre del Generalísimo: «Vi a Franco, en su caballo, con la mano alzada y en actitud victoriosa y, a sus pies, el monolito de Pompeu Fabra». Un alivio para Fabra volver a Gràcia. Aunque el alivio, claro, fue mutuo.