Club de Estilo
60 años del esmoquin femenino de Yves Saint Laurent: el conjunto que empoderó y cambió la forma de vestir de las mujeres
"Para una mujer, es una prenda indispensable porque es una prenda de estilo, no de moda", decía el modisto argelino que transformó el clásico dos piezas negro masculino en un referente de poder, la libertad y la elegancia

Yves Saint Laurent, rodeado de modelos con su esmoquin, en un desfile en París, en enero de 2002. / JEAN-PIERRE MULLER / EFE

Chaqueta negra, pantalón recto y manos en los bolsillos. Hoy parece una imagen natural; en 1966 todavía podía bastar para que una mujer no fuera admitida en un restaurante. Han pasado 60 años desde que Yves Saint Laurent presentó el esmoquin femenino, una prenda que no solo cambió el armario: transformó la manera de ocupar un espacio reservado hasta entonces a los hombres.
Yves Saint Laurent (Orán, Argelia, 1 de agosto de 1936 - París, 1 de junio de 2008) incluyó su primer 'Le Smoking' en la colección de otoño-invierno de 1966. No hizo una copia reducida del traje de hombre: alargó la chaqueta, adaptó las proporciones y convirtió los hombros en el armazón de una silueta que sostenía sin inmovilizar. "Para una mujer, el esmoquin es una prenda indispensable porque es una prenda de estilo, no de moda", describió el famoso modisto argelino.

Yves Saint-Laurent junto a su musa, Catherine Deneuve, en 1982, / Reuters
Chaqueta para fumar
Antes de convertirse en una herramienta de poder femenino, el esmoquin pertenecía a un mundo masculino. Como explica Ana Velasco Molpeceres en 'Historias de la moda' (GeoPlaneta), la 'smoking jacket' apareció en la Inglaterra de finales del siglo XIX como alternativa al rígido frac. Los caballeros la usaban en las sobremesas para fumar y conversar sin mujeres alrededor.

Un anuncio de 1893 con conjuntos masculinos de noche: 'smoking', frac con chaleco negro y frac completo. / EPC
La novela gráfica 'La revolución Yves Saint Laurent. La historia del esmoquin' (Lunwerg), de Loo Hui Phang y Benjamin Bachelier, amplía esa genealogía: hacia 1860 era un batín contra el olor del tabaco. Después, Eduardo VII, antes de ser rey, cuando era príncipe de Gales, encargó en Savile Row, Londres, una chaqueta de cena más cómoda y menos rígida que el frac.
Cuando Saint Laurent llevó esa prenda al cuerpo femenino, trasladó algo más que unas solapas negras. El esmoquin representaba dinero, autoridad y acceso a los espacios de decisión; corsés y faldas, en cambio, habían limitado durante siglos el movimiento.

Ilustración del cómic 'La revolución Yves Saint Laurent. La historia del esmoquin'. / LUNWERG
Vestirse para moverse y mandar
Ese conflicto es el argumento que sostiene al citado cómic del aniversario. La acción sigue a Saint Laurent y a Betty Catroux por Nueva York en 1967. La hoy exmodelo francesa nacida en Brasil, que trabajó para Chanel y además de musa de Yves Saint Laurent luego también lo fue de Tom Ford, lleva un esmoquin negro, sin camisa, y varios restaurantes le niegan a ella y al modisto una mesa porque no admiten mujeres con pantalón.
Catroux descubre también el poder de los bolsillos. Meter las manos dentro y mirar de frente son gestos asociados a la seguridad de quien no debe justificar su presencia. "La ropa suscita gestos. Y esos gestos constituyen señales", reflexiona el modisto. El pantalón permitía correr, trabajar, viajar y bailar sin dictar los límites del cuerpo.
La revolución estaba también en el interior de la chaqueta: las mangas se montaban con el brazo flexionado y el hombro se curvaba para ganar libertad. "Mi trabajo consiste en crear complicidad entre el tejido y la forma de moverse", asegura Saint Laurent en la novela gráfica. Su propósito era "servir al cuerpo de las mujeres, sus gestos, sus actitudes, su vida".
El primer modelo apenas tuvo compradores en la alta costura, pero encontró a su público en Saint Laurent Rive Gauche, la línea de 'prêt-à-porter'. En aquel traje el hombro era la clave: no se trataba de disfrazar a una mujer de hombre, sino de adaptar los códigos masculinos del poder.
Las musas de un icono
Betty Catroux encarnó la androginia que fascinaba al diseñador y fue su musa y amiga. La diseñadora y colaboradora del maestro, Loulou de la Falaise, también aportó una sensibilidad más exuberante al universo de la casa. Pero no fueron las únicas que se apuntaron al nuevo traje del modisto.
Otras mujeres sacaron el esmoquin de la pasarela. La cantante y modelo Françoise Hardy lo llevó a la Ópera de París; la actriz Catherine Deneuve, con camisa de volantes; la modelo Bianca Jagger, en blanco; y la actriz y modelos Lauren Bacall, Naomi Campbell, Kate Moss y Laetitia Casta quedaron ligadas para siempre a sus múltiples reinterpretaciones.

Zendaya, con una versión blanca del esmoquin de Yves Saint Laurent, firmada por Louis Vuitton, en la Met Gala de 2025. / ANGELA WEISS / AFP
En 1975, Helmut Newton retrató en París a Vibeke Knudsen con traje de rayas y un cigarrillo. La imagen fijó para siempre la mezcla de misterio, erotismo y desafío de 'Le Smoking'.
El eco del diseño de Saint Laurent continúa hoy día en las alfombras rojas. En la Gala del Met de 2025, la cantante surcoreana-neozelandesa Rosé llevó uno de Saint Laurent; Zendaya, una versión blanca de Louis Vuitton inspirada en el 'zoot suit'; y la actriz Janelle Monáe, un dos piezas de Thom Browne. Firmas distintas, pero un mismo gesto: usar el traje como lenguaje de identidad y poder femenino.
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