Casas reales
Muere Harald de Noruega, el rey inclusivo que eligió el amor y modernizó la corona
El soberano, monarca reinante de mayor edad de Europa, ocupó el trono desde 1991 y convirtió junto a Sonja una institución todavía rígida y masculina en una Corona más cercana e inclusiva, preparada para el relevo de Haakon
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Sara Fernández

Harald V de Noruega ha muerto a los 89 años, cerrando más de tres décadas en el trono y una biografía que recorrió buena parte de la historia contemporánea de su país: de la invasión nazi y el exilio de su infancia a una Noruega próspera, diversa y mucho menos reverencial con sus instituciones. Rey desde el 17 de enero de 1991, fue en sus últimos años el monarca reinante de mayor edad de Europa, una condición que hablaba de su longevidad personal -no de un récord histórico entre todos los soberanos europeos- y también de una generación de reyes que entendió la corona como un compromiso para toda la vida.
Nacido el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, era hijo del rey Olav V y de la princesa Marta de Suecia. Tenía tres años cuando la ocupación alemana obligó a la familia real a abandonar Noruega. Pasó parte de la segunda guerra mundial en EEUU y regresó en 1945. Se convirtió en heredero en 1957 y, a la muerte de su padre, asumió la Corona.

Los reyes de Noruega Sonia y Harald. / E. D.
Pequeña revolución
Pero antes de ser rey, Harald ya había protagonizado una pequeña revolución dinástica. Se enamoró de Sonja Haraldsen, hija de un comerciante de Oslo y sin sangre real, cuando todavía se esperaba que el heredero buscara esposa entre las casas reales o la nobleza europeas. La relación se prolongó durante nueve años y abrió un debate que llegó a plantear si aquel matrimonio podía poner en peligro a la propia monarquía. Harald terminó comunicando que, si no podía casarse con Sonja, permanecería soltero. Olav V acabó dando su consentimiento y se casaron en la catedral de Oslo el 29 de agosto de 1968. La propia casa real define aquel enlace como "una ruptura con la práctica tradicional".
De ahí que Harald se le recuerde como el rey que eligió el amor. No porque un reinado de más de tres décadas pueda reducirse a una historia romántica, sino porque aquella decisión tuvo consecuencias institucionales. Lo que en los años 60 se veía como una amenaza terminó convirtiéndose en precedente. Harald y Sonja se propusieron que sus hijos no tuvieran que soportar las mismas restricciones. Cuando el príncipe Haakon eligió a Mette-Marit Tjessem Høiby, una mujer ajena a la aristocracia y madre soltera, encontró en sus padres un respaldo que Harald no había tenido con la misma facilidad.

El rey Harald V de Noruega, la reina Sonja, el príncipe heredero Haakon, la princesa heredera Mette-Marit y la princesa Ingrid Alexandra, junto a la hija de la laureada con el Premio Nobel de la Paz, Ana Corina Sosa, en el Palacio Real de Oslo, el 10 de diciembre de 2025. / HEIKO JUNGE / POOL / EFE
Por eso, también se puede hablar de que Harald modernizó la corona. Más que como una reforma constitucional, como un cambio profundo en la cultura de la institución. Harald y Sonja construyeron una familia real menos encorsetada en las reglas del Gotha [normas de linaje y protocolo de la realeza europea], más profesional y más próxima.
Sonja, su mano derecha
Sonja tuvo un papel decisivo. Al subir Harald al trono en 1991 se convirtió en la primera reina de Noruega en 53 años. Por deseo del rey, estuvo junto a él cuando juró la Constitución ante el Storting [parlamento], algo que no hacía una reina desde hacía 69 años. Su llegada ayudó además a transformar un Palacio tradicionalmente masculino y muy marcado por los usos militares: se profesionalizaron métodos de trabajo, se introdujeron una planificación más sistemática y nuevos equipos, y con los años avanzó también la desmilitarización de la estructura de la casa real.
El matrimonio recorrió sistemáticamente el país, reforzó el contacto directo con los ciudadanos y mostró una dimensión personal que redujo la distancia entre la corona y la sociedad. Impulsó también la restauración y puesta al día del Palacio Real y de otras residencias históricas como Bygdøy y Oscarshall.
Harald remachó esa evolución con un lenguaje propio. Después de los atentados del 22 de julio de 2011, asumió un papel de consuelo y cohesión nacional. Y en 2016 pronunció un discurso revelador, sobre su forma de entender el país. Habló de una Noruega formada por personas nacidas dentro y fuera de sus fronteras, por quienes creen en Dios, en Alá o en nada, y por chicas que aman a chicas y chicos que aman a chicos. Harald quería que sus ciudadanos le reconocieran como el rey inclusivo.

Juan Carlos y Sofía con el rey Harald de Noruega, en Oslo. / BALLESTEROS / EFE
El más veterano de Europa
Su figura tenía, además, un peso singular entre las monarquías europeas. En el momento de su muerte era el monarca reinante de mayor edad de Europa [no confundir con el monarca más longevo de la historia de Europa: Isabel II, que vivió 96 años y 140 días, reinó 70 años y 214 días, siendo la monarca británica con el reinado más largo de la historia y la segunda monarca europea con el reinado más largo, después de Luis XIV de Francia]. Al contrario que otras casas reales, como la de Dinamarca o España, no quiso abdicar, recordando el juramento prestado ante el Parlamento como un compromiso para toda la vida.
Los vínculos con la familia real española fueron estrechos y también de sangre. Harald y la reina Sofía eran primos terceros: ambos eran tataranietos de Christian IX de Dinamarca, el monarca al que la extensa red de matrimonios de sus descendientes convirtió en el célebre 'suegro de Europa'. Harald descendía de él, en una de sus ramas, a través de Federico VIII, Haakon VII y Olav V; Sofía, a través de Jorge I de Grecia, Constantino I y Pablo I.
La madre de Felipe VI tuvo durante un breve periodo 'otro lugar' en la biografía pública del príncipe noruego. Cuando el matrimonio con Sonja parecía imposible, su nombre apareció en las quinielas matrimoniales de la realeza europea. En 1959 y 1960 la prensa llegó a presentar a Harald y a la entonces princesa Sofía de Grecia como posible pareja e incluso se rumoreó sobre un supuesto compromiso secreto.

El rey Harald de Noruega, en Palma de Mallorca, durante la 19ª Copa del Rey de vela. / MANUEL H. DE LEON / EFE
Compañero de vela de Juan Carlos
La relación con los Borbones continuó después por otras vías. Harald compartió con Juan Carlos I la pasión por la vela y en 1995 recibió del rey español el Collar de la Orden del Toisón de Oro, una de las máximas distinciones de la Corona española. El decreto de concesión quedó publicado oficialmente en el BOE.
El deporte fue otra constante de su biografía. Harald representó a Noruega en tres Juegos Olímpicos, fue abanderado de su país en Tokio 1964 y llegó a proclamarse campeón del mundo de vela en 1987.

Los miembros de la familia real noruega posan en el Palacio Real en Oslo, en diciembre de 2025. / BJORN SIGURDSON/POOL / EFE
Harald y Sonja tuvieron dos hijos, la princesa Marta Luisa -casada en segundas nupcias con el chamán Durek Verrett- y el príncipe heredero Haakon. Con la muerte del rey, la continuidad de la dinastía recae en el hijo por cuyo futuro Harald y Sonja habían trabajado durante décadas, con Mette-Marit a su lado y la princesa Ingrid Alexandra como siguiente generación. En uno de sus discursos a su nieta, Harald dejó escrita casi una definición de su propio reinado: "Somos custodios de tradiciones y valores, al tiempo que nos vemos moldeados por la época en la que vivimos. Además, la monarquía queda marcada en cada momento por quien ocupa el trono, ya sea un rey o una reina".
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