¿Genialidad o absurdez?
Margaret Qualley sorprende con las controvertidas sandalias sin suela de Chanel en el estreno de 'La constelación del perro' en Londres
La firma de lujo ha llevado el 'barefoot chic' al extremo con unas polémicas taloneras que dejan el pie prácticamente desnudo, podrían rondar los 3.000 euros y ya han pasado de la pasarela de Biarritz a la alfombra roja (y al meme)

Margaret Qualley, 'total black' con vestido y sandalias sin suela de la última colección Crucero de Chanel, anoche, en el estreno en Londres de 'La constelación del perro. / EFE

Margaret Qualley ha conseguido que un vestido negro de Chanel pase casi desapercibido. En la 'premiere' londinense de 'La constelación del perro', la nueva película de Ridley Scott, la actriz y embajadora de la 'maison' ha aparecido con el accesorio que más conversación generó en la última colección Crucero de la firma: unas sandalias sin suela de Chanel que apenas cubren el talón y dejan dedos, arco y planta completamente al aire. Chanel las ha bautizado como 'barefoot heel cap'; también conocidas como 'barefoot chic'.
El diseñador Matthieu Blazy las presentó esta primavera en el Casino Municipal de Biarritz, durante su primera colección Crucero para Chanel. La elección del destino aludía al legado de la casa francesa, regresando a la ciudad vascofrancesa donde Gabrielle Chanel abrió una casa de costura en 1915; de ahí que el diseñador construyera una colección plagada de referencias al Atlántico, la playa y la vida junto al mar. Sobre una alfombra que imitaba la arena desfilaron redes, escamas, cestas y, de pronto, esos extraños talones sujetos con cordones mientras el resto del pie permanecía desnudo... sobre la arena.
¿Pagar por "medio Chanel"?
Ya entonces las revistas de moda como 'Vogue' se plantearon si ese calzado era una genialidad o un disparate. La broma llegó hasta el extremo en que se dijo si el nuevo 'naked shoe' iba a suceder al omnipresente 'naked dress' (el vestido desnudo o con transparencias). Ahora, en redes, la pregunta ha sido bastante menos conceptual: "¿Dónde está el resto del zapato?". Los chistes sobre pagar por "medio Chanel", la falta de suela y el lujo convertido en objeto deliberadamente inútil han hecho el resto.
En Biarritz, el modelo todavía ha tenido una coartada. Playa, arena, piel desnuda: la fantasía funcionaba. Pero ahora que Qualley ha pisado la 'red carpet' de Londres con los pies casi descalzos las reglas del divertimento no se han leído igual. Sobre cemento, la idea deja de parecer una joya para el pie y obliga a pensar en cuestiones mucho menos fotogénicas. No hay amortiguación, aislamiento ni protección frente a suciedad, piedras, cristales o un pavimento recalentado. Y la duda que nadie quiere asociar al lujo de Chanel se ha vuelto inevitable: ¿qué pasa cuando hay que entrar en un baño público?
Parodias
El diseño también ha demostrado tener una cualidad imprescindible para cualquier fenómeno de moda contemporáneo, ya que es facilísimo de parodiar. La cómica y creadora de contenido Angelica Hicks, conocida por sus ingeniosas recreaciones 'low cost' de 'looks' de pasarela y 'celebrities', ya ha hecho su propia versión de las sandalias sin suela de Chanel utilizando mascarillas anticovid sujetas a los talones. El resultado ha condensado en pocos segundos toda la controversia: ¿qué estamos pagando exactamente por este diseño?
Sobre cemento, la idea deja de parecer una joya para el pie y obliga a pensar en cuestiones mucho menos fotogénicas. No hay amortiguación, aislamiento ni protección frente a suciedad, piedras, cristales o un pavimento recalentado
Además, queda un detalle importante: el asunto del dinero. Chanel no ha comunicado un precio oficial, pero distintas publicaciones y comentarios en redes han situado estas taloneras en torno a los 3.000 euros. La colección Crucero 2026/27 llegará a las 'boutiques' en noviembre de 2026, aunque todavía falta por confirmar si el modelo se comercializará finalmente y con qué etiqueta.
No es la primera vez que la moda muestra sus diseños más sorprendentes. Antes ya se conviertieron en objeto de deseo los tabi de Margiela, las plataformas imposibles y toda una genealogía de 'ugly shoes' que parecían diseñados para incomodar.
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