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"Yo, cuando selecciono a un jugador, exijo que sea buena persona": las memorias de Luis de la Fuente, la gran estrella del Mundial
Luis de la Fuente desvela en su libro las claves de su éxito y su relación con los jugadores: "Siempre los he tratado con respeto. Les he dicho: «Tú para mí no eres Olmo; tú para mí no eres Carvajal; tú para mí no eres Merino. Sois Dani, Dani y Mikel». A Ferran Torres, a Ferri, le conozco desde sus dieciséis. Nuestra relación es diferente"

El entrenador de la selección, Luis de la Fuente. / Carla Lamiel

El seleccionador Luis de la Fuente ha sido sin duda uno de los grandes descubrimientos de este Mundial, el segundo que gana España en la historia. Su olfato para los cambios, su osada selección de jugadores, su elegancia delante y detrás de los micrófonos y su sencillez han hecho de él una estrella. Para conocer su manera de pensar y de entender el fútbol, el técnico publicó hace dos meses unas memorias, ‘La vida se entrena cada día’ (Ediciones B), donde desgrana detalles de su infancia y de los valores que le han llevado al podio mundial del fútbol. He aquí algunos extractos.
Predicar con el ejemplo
«Después de los entrenamientos, les doy las gracias por el buen trabajo realizado (cuando no ha habido un buen trabajo también se lo digo) y siempre termino la charla con una coletilla: “Pero, señores, mañana hay que ser mejores”. Mi grado de exigencia es ese: hay que superarse. Y hay que predicar con el ejemplo. Ellos saben cómo es mi ambición deportiva y cómo es mi rutina diaria. Me ven en el gimnasio dándolo todo, y es que el entrenamiento no es solo un esfuerzo físico, es un ejercicio de perfeccionamiento que representa la voluntad de ser un poco mejor cada día, de competir con uno mismo. La superación es una máxima en mi vida, en todos los aspectos».
La selección es como la sociedad: un lugar globalizado
«La selección es como la sociedad: un lugar globalizado. La globalización ha llegado también al fútbol de una manera natural. La multiculturalidad, la disparidad de creencias religiosas, las diferencias ideológicas, todo esto está en la selección, pero, eso sí, con un sentimiento de pertenencia muy importante. Cala el concepto de unión, de defender algo que nos identifica. Lo importante es que todos buscan el bien común, porque quieren lo mejor para su compañero, porque son conscientes de lo que representamos».
«Fue allí, en Sevilla, donde aprendí a ser más profesional, ya a los veintisiete años. Comencé a cuidarme, a tener otra mentalidad respecto a mi profesión, entendí que muchas de las lesiones que había sufrido eran porque llevaba una vida desordenada. Me di cuenta de que nadie te regala nada. En Sevilla, poco a poco fui madurando hasta que un día hice un clic y pensé: «Coño, es esto, ¡ahora soy yo!».
Es creyente
«Cuando me levanto le doy las gracias a Dios por estar vivo, por estar sano. Ya se han muerto amigos de mi cuadrilla, gente incluso menor que yo. Me reafirmo en mi fe cada día. No soy ningún fanático, no soy un fundamentalista. Desde el convencimiento, la inteligencia y la serenidad, soy creyente, y a mí eso me da una fortaleza tremenda. Solo pido respeto por mis creencias como yo respeto las ajenas».
«En mi época, había muchos del Athletic que eran internacionales. En aquel equipo campeón de liga yo debí de ser de los pocos que no fue internacional absoluto. Zubi, Liceranzu, Goiko, Urkiaga, De Andrés, Ga llego, Dani, Urtubi, Sarabia, Argote…, todos lo fueron. Es tremendo. No me frustró, pero por supuesto que me habría gustado, y yo creo que estaba preparado; sin embargo, no ocurrió. Ser internacional absoluto te da un aura, un estatus superior».
«Fue más difícil dejar el Athletic que dejar el fútbol. El fútbol había sido parte de mi vida durante más tiempo que el Athletic, pero fue el fútbol lo que me estaba haciendo sufrir físicamente. En esa última temporada en el Alavés, me pesaron los dolores, los viajes; fueron muchos partidos: jugué treinta y cuatro. Decir adiós al fútbol no fue muy traumático porque afrontaba el futuro con mucha ilusión».
Ser seleccionador
«Dejar a Sergio Ramos fuera de la selección fue muy difícil, pues yo mantenía una gran relación con él y con su familia. Lo conocí cuando tenía quince años y era juvenil del Sevilla. Estuvo solo unos meses con nosotros porque enseguida fue subiendo categorías. Fue muy precoz, su ascenso al primer equipo fue meteórico».
«Estamos ante una de las mejores generaciones de la historia del fútbol español. ¿Qué mérito tenemos los que tomamos decisiones? Pues, en mi caso, que soy el seleccionador, lo primero que tengo que hacer es seleccionar bien. Luego hay que entrenar y gestionar ese grupo, pero si ya te estás equivocando en la elección de jugadores, has empezado mal. En mi caso, como conozco muy bien la materia prima, como sé muy bien quiénes son los chavales, tengo ventaja, pues selecciono a los que me dan la seguridad de que no van a fallar en mi planteamiento. Me llevo al equipo a aquellos futbolistas de los que tengo la certeza de que van a desarrollar esa idea de manera natural porque están seguros de ello. Estos hombres son muy buenos, pero hay que convencerlos de que, con esos principios de trabajo, de unión y de generosidad, ganamos todos».
"Saben que no les voy a fallar"
«Yo no los he engañado nunca. Si les tengo que decir algo, los miro a la cara y se lo digo. Sin medias tintas. Y saben que no les voy a fallar. Todos maduran. No es lo mismo el Rodrigo de hoy que el de hace diez años, pero él sabe que yo no he cambiado. Como es lógico, ahora lo trato de diferente manera, acorde con la evolución de su situación profesional y personal. Pero lo que no van a cambiar son los valores y los principios que les he inculcado. Siempre los he tratado con respeto. Les he dicho: «Tú para mí no eres Olmo; tú para mí no eres Carvajal; tú para mí no eres Merino. Sois Dani, Dani y Mikel». A Ferran Torres, a Ferri, le conozco desde sus dieciséis. Nuestra relación es diferente. Y el respeto es lo primero, el trabajo es lo primero, la exigencia es lo primero. Este equipo, además de que es muy bueno, tiene esa base».
«Como digo, mi etapa de delegado me dio la oportunidad de ver el fútbol desde otro ángulo —detrás de Caparrós—, estar en un vestuario profesional en primera división, en el banquillo. Aprendí las decisiones que hay que tomar según el transcurso de un partido. Un pasito detrás del entrenador, sin su presión ni su urgencia, yo hacía análisis desde la calma y eso me sirvió. Me sirvió para ser mejor entrenador, porque yo sabía que mi función de delegado no era para siempre».
La prensa, lejos
«Aislarme de la prensa me hizo libre. Desde aquel momento, fui autónomo, sin la distorsión ajena. El exterior ya no me alteraba. Ya no sabía si alguien estaba diciendo que tenía que llevar a Fulanito. Comencé a vivir con la tranquilidad de tomar las decisiones libremente, con independencia, porque de alguna manera también había sufrido las dudas que me generaba la prensa. Sin querer, los comentarios de los medios pueden influirte, de modo que te sugestionas aunque no lo quieras. Así que, cuando ya estaba más liberado del chaparrón mediático, llegó finalmente el siguiente partido: semifinales de la Nations contra Italia. Y me alegró».
«Otra cosa que quiero dejar clara es que yo soy seleccionador de España, a mí no me condiciona en absoluto en qué club juegan los futbolistas a los que llamo. Por supuesto que todos tenemos un corazoncito de aficionado; yo soy del Athletic, pero también soy un profesional y dirijo el equipo de todos. En mi casa, cuando era pequeño, se seguía con fervor a la selección. En Haro, cuando jugaba. España, hacíamos una cena especial y nos sentábamos con mi padre a ver el partido. Quiero decir que el sentimiento de selección lo tengo desde crío. A mí no me influye en la convocatoria llevar a muchos futbolistas de un club y pocos de otro, para mí son todos jugadores de la selección española. No tengo complejos a la hora de hacer listas. Yo no me hipoteco con ningún jugador. Mantengo una relación fantástica con los chicos, incluso con alguno de ellos nuestro vínculo trasciende lo profesional, y conozco a sus padres, a sus mujeres y hasta a sus hijos. Pero por eso, precisamente, saben de mi honestidad y que, de la misma manera que cuando les llamo es porque creo que es lo correcto, cuando dejo de hacerlo es por el mismo criterio».
Lamine
«Lo más destacable de Lamine, aparte de su gran talento, es que entrena tres horas al día, va al gimnasio, visita a su fisio, a su nutricionista, a su psicólogo… y se entrega a su entrenamiento invisible, que es lo más importante. El entrenamiento invisible es algo que mucha gente desconoce. Se trata de estar veinticuatro horas pensando en tu trabajo. A Lamine no le regala nadie nada».
No tuvo entrenador hasta los quince años
«Mis padres nos educaron en el trabajo, en el orden, en la educación, en el respeto; nos incitaron a tratar a todo el mundo bien, a no hacer un mal gesto, a ser cercanos con la gente… Todo esto era innato en mi casa, estaba en cualquier rincón. En mi familia no discutíamos casi nunca. Esos valores me han servido para tener una base muy sólida y, sobre eso, comportarme de manera natural. Trato de ser yo mismo».
«Yo no tuve un entrenador hasta los quince años, éramos autodidactas totalmente. De chavales, jugá bamos todo el día en la calle. Los sábados, a las cuatro de la tarde, nos juntábamos en la era, en Vista Alegre, y montábamos partidos con piedras haciendo de por terías, un barrio contra otro. Hasta que a los catorce años empecé a entrenar un poco y con quince debuté en tercera división con el Haro, donde tuve a mi primer entrenador y educador, Ramón Arízaga, quien me explicó la disciplina del deporte».
Buena persona
«Yo, cuando selecciono a un jugador, exijo que sea buena persona. Y para mí una buena persona es alguien que tiene principios, y en el fútbol, eso es ser solidario, generoso, trabajar en equipo con capacidad de sufrimiento y anteponiendo el grupo a la individualidad. Porque he conocido a compañeros que no eran así, que eran unos egoístas, que solo pensaban en ellos, y eso el equipo lo nota, se da cuenta. Así que si puede jugar otro futbolista en vez de ese individualista, mejor».
«Normalmente los grandes jugadores son jugadores de equipo. Además, el conjunto sabe que ese futbolista le ayuda a ganar, por lo que le interesa tenerlo. Puede ser que de puertas para fuera parezca otra cosa, pero de puertas para dentro se ve que los cracks son muy buenos compañeros: Di Stéfano, Pelé, Cruy ff, Maradona, Cristiano, Messi… No importa lo grandes que sean, no hay ninguna individualidad mejor que el equipo».
Inicios
«Cuando llegué al equipo juvenil del Athletic, allí estaban los mejores jugadores de Vizcaya. Y, para mi sorpresa, vi que no desentonaba. Y no solo eso: en los dos años que estuve en el juvenil, fui el máximo goleador. Fue entonces cuando empecé a tomar conciencia de mi capacidad y mis posibilidades».
«Sin embargo, el disfrute estaba mezclado con la nostalgia. Al principio me fui a vivir a casa de unos familiares y eso me facilitó mucho la vida, pues echa ba mucho de menos a mi familia, con la que hablaba, como mínimo, tres veces al día desde aquel teléfono fijo. Esas conversaciones me hacían sentir muy cerca de mi casa, y siempre estuve muy próximo a mis hermanos a mis padres. Incluso cuando ya jugaba en primera división y vivía con unos compañeros de equipo -Miguel de Andrés, Fernando Tirapu y Carlos Pu rroy— en un piso en Algorta, yo seguí hablando todas las noches con mis padres».
«Hay otros que con más seriedad y distancia también ayudan en todo lo que pueden. El concepto de ayuda tiene que estar en todos los liderazgos. Estás para servir, no para servirte de tu posición. Y el que no es capitán, sigue a los capitanes porque sabe que un día lo será él y demandará lo mismo».
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