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Guía antimanchas del verano: cómo tratar pecas, léntigos, melasma o marcas, del bronceado bonito al tono irregular
La doctora Beatriz Beltrán explica cómo identificar cada pigmentación, qué tratamientos conviene posponer y por qué el SPF 50+ no siempre es suficiente

Una joven pecosa. / EPC

El verano invita a buscar un bronceado bonito, pero también puede dejar un tono irregular. Las pecas se oscurecen, los léntigos solares se hacen visibles, el melasma se reactiva y una inflamación puede convertirse en una marca persistente.
Una de cada dos personas declara tener alguna alteración pigmentaria en la piel, según el estudio internacional 'Pigmentary Disorders around the World: Self-Reported Prevalence and Impact on QOL and Social Stigmatization', publicado en 'PubMed'. En verano aumentan la exposición solar, el calor y la deshidratación. La pregunta es: ¿Cómo tratar las manchas sin empeorarlas?
"Las manchas son una de las consultas más frecuentes porque afectan mucho a la percepción de la piel. Una piel puede estar sana, pero si el tono está alterado, se ve más apagada, más envejecida y menos uniforme", explica la doctora Beatriz Beltrán, especialista en medicina interna, medicina estética y nutrición, experta en armonización facial, y fundadora de la clínica que lleva su nombre, en el paseo de Gràcia de Barcelona.
La primera advertencia: no tratar todas las pigmentaciones igual. "No es lo mismo un léntigo solar que un melasma, una mancha postinflamatoria o un tono irregular por daño solar acumulado. Si no hacemos un buen diagnóstico, podemos irritar la piel y empeorar la pigmentación", aclara.
Las pecas suelen aparecer por predisposición genética, sobre todo en fototipos claros, y no tienen por qué eliminarse. En verano pueden oscurecerse o confundirse con otras manchas. "Las pecas no se tratan igual que un léntigo solar ni que un melasma. Muchas veces no hay que eliminarlas, sino protegerlas, controlar que no cambien y evitar que la piel acumule más daño solar alrededor", explica Beltrán.
La clave es distinguir pecas estables, manchas solares y pigmentaciones nuevas. La pauta: SPF 50+, reaplicación frecuente y protección física. Cuando existe pigmento irregular, puede valorarse láser, luz pulsada, 'peelings' suaves o cosmética despigmentante, siempre tras el diagnóstico.
Los léntigos solares son manchas marrones y bien delimitadas que aparecen en rostro, escote, manos u hombros por el daño solar acumulado. Suelen responder bien al tratamiento, pero no deben abordarse a ciegas.
"Son más agradecidos que otros tipos de pigmentación, pero no por eso hay que tratarlos sin valorar la piel. Hay que saber a qué profundidad está el pigmento, qué fototipo tiene el paciente y qué exposición solar va a tener después", señala.
Según el caso, pueden usarse láseres o luz pulsada intensa. Clear + Brilliant puede ayudar con la textura, el poro y las manchas superficiales. La exposición solar posterior condiciona la técnica y el momento.
El melasma suele aparecer de forma simétrica en mejillas, frente o labio superior y está relacionado con factores hormonales. En verano puede empeorar no solo por el sol, sino también por el calor y la luz visible. "El melasma no se trata como una mancha solar. Tiene una tendencia muy alta a reaparecer y necesita una estrategia de control. Hay que reducir los estímulos que lo activan, proteger muy bien la piel y elegir tratamientos que no la inflamen", explica la doctora.
El abordaje puede combinar cosmética despigmentante, antioxidantes, activos reguladores, fotoprotección estricta y renovación suave. "En melasma, a veces el objetivo no es borrar de golpe, sino estabilizar la mancha, mejorar el tono y evitar que vuelva a activarse".
Tras las vacaciones, algunas pieles presentan un aspecto cetrino, grueso, deshidratado y desigual. El sol, el calor y la acumulación de células muertas reducen la luminosidad. "Muchas veces el primer paso no es despigmentar directamente, sino preparar la piel. Si está engrosada, deshidratada o con la barrera alterada, los activos funcionan peor y el riesgo de irritación aumenta", advierte Beltrán. En estos casos puede indicar Préime Dermafacial, que combina limpieza, hidratación, renovación, radiofrecuencia, microcorrientes, ultrasonidos y LED para mejorar textura, luminosidad y receptividad de la piel.
Un granito manipulado, una picadura, una herida, una depilación agresiva, el roce o el exceso de ácidos, retinoides y exfoliantes pueden provocar hiperpigmentación postinflamatoria. En verano, el riesgo aumenta por el sol, el calor y la deshidratación. "Una piel inflamada tiene más riesgo de pigmentar, de convertirse en una marca que tarda meses en desaparecer si después hay exposición solar", advierte. En una misma piel pueden convivir melasma, léntigos, daño solar y marcas postinflamatorias. "No tratamos manchas, tratamos pieles con manchas. La clave está en saber qué pigmento tenemos delante, qué lo activa y qué piel lo sostiene. Solo así podemos diseñar un protocolo seguro, eficaz y natural", explica.
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