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Mikel Oyarzabal (29 años), sobre su infancia: "Mis padres me han inculcado que el talento sin trabajo y esfuerzo no sirve para nada"

Lamine Yamal (18 años), sobre su infancia: "Mi madre me tuvo con 16 años, eso sí que es presión de verdad. Mi padre tuvo que ir a coger cosas a la calle para poder traer comida a casa"

La infancia de Mikel Oyarzabal

La infancia de Mikel Oyarzabal / Sport / Agencias

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Xavi Espinosa

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Mikel Oyarzabal fue el gran protagonista de la victoria de España ante Austria. El delantero de la Real Sociedad anotó un doblete para certificar el pase a los octavos de final. El de Eibar recibió dos asistencias de Cucurella, para sumar 29 en 57 partidos.

La racha de Oyarzabal con España es notable. En 2024 anotó el gol que le dió la Eurocopa a España y se coloca en disposición de luchar por la Bota de Oro del Mundial, a solo dos goles de Messi y Mbappé.

Antes de convertirse en uno de los futbolistas más importantes de la selección española y en un referente de la Real Sociedad, Mikel Oyarzabal vivió una infancia marcada por la sencillez y el fuerte vínculo con su familia. Nacido en Eibar el 21 de abril de 1997, creció en un ambiente donde el deporte formaba parte del día a día, aunque siempre acompañado de valores como el esfuerzo, la humildad y la constancia.

Un hombre discreto y apasionado por el balón

Desde muy pequeño mostró una enorme pasión por el fútbol. Cualquier espacio era suficiente para jugar con un balón, ya fuera el pasillo de casa, la calle o el parque. Esa afición le llevó a protagonizar más de una travesura durante su niñez, ya que en numerosas ocasiones rompía algún objeto mientras jugaba, provocando las lógicas reprimendas de sus padres. Con el paso de los años, aquellas anécdotas familiares se transformaron en recuerdos entrañables.

Sus padres, Ernesto Oyarzabal y Dorleta Ugarte, desempeñaron un papel decisivo en su formación. Más allá de impulsar su interés por el deporte, siempre insistieron en que el talento solo tiene valor cuando va acompañado de dedicación y sacrificio. Esa filosofía terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad del futbolista, reconocido por su compromiso dentro y fuera del terreno de juego. "Mis padres me han inculcado que el talento sin trabajo y sin esfuerzo no sirve para nada", ha repetido en varias ocasiones, casi como un mantra que le ha acompañado media carrera.

Durante su infancia también practicó otras disciplinas deportivas. Su padre incluso lo apuntó durante una etapa a judo para ayudarle a canalizar la energía que demostraba desde muy pequeño. Sin embargo, el balón acabó imponiéndose como su gran pasión y pronto comenzó a destacar en los equipos de formación de su entorno.

Los recuerdos familiares ocupan un lugar muy especial en la memoria del delantero. Mikel ha contado en distintas ocasiones que algunos de los momentos más felices de su niñez estaban relacionados con las comidas en casa de sus abuelos. Los platos preparados por sus abuelas y las recetas familiares siguen siendo parte de los recuerdos que más cariño le despiertan cuando piensa en aquellos primeros años.

De la cantera del Eibar y de la Real

Su trayectoria deportiva comenzó en las categorías inferiores del SD Eibar antes de incorporarse a las categorías inferiores de la Real Sociedad (Juvenil y Sanse). Allí fue creciendo futbolística y personalmente hasta completar todas las etapas de formación. Con trabajo y paciencia logró debutar con el primer equipo, donde acabaría convirtiéndose en capitán y en uno de los jugadores más representativos de la entidad.

A pesar de alcanzar la élite del fútbol, Oyarzabal siempre ha procurado mantener un perfil discreto. Quienes lo conocen destacan que conserva la educación y los valores aprendidos en casa durante la infancia. Esa forma de entender la vida le ha permitido afrontar tanto los momentos de éxito como las lesiones con serenidad y determinación.

Fuente: Sport

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