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Problema de salud

Bryan Johnson, el biohacker que quería vencer a la muerte, revela que sufre una enfermedad incurable: "Mi estómago se está comiendo a sí mismo"

El famoso multimillonario de Silicon Valley, que protagonizó un documental en Netflix y que usaba transfusiones de sangre de su hijo adolescente en busca de la eterna juventud, ha confesado ahora el diagnóstico que pone en jaque su obsesivo plan contra natura

Bryan Johnson y su hijo, en la imagen promocional del documental 'No te mueras. El hombre que quiere vivir para siempre'.

Bryan Johnson y su hijo, en la imagen promocional del documental 'No te mueras. El hombre que quiere vivir para siempre'. / NETFLIX

Laura Estirado

Laura Estirado

Barcelona
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Al final, el cuerpo siempre tiene la última palabra. Bryan Johnson, el multimillonario de Silicon Valley protagonista del documental de Netflix 'No te mueras. El hombre que quiere vivir para siempre', ha construido una celebridad global alrededor de una obsesión casi religiosa: derrotar al envejecimiento. Pero el magnate estadounidense acaba de revelar que padece una enfermedad incurable. Y la frase con la que lo ha explicado es tan gráfica como inquietante: "Mi estómago se está comiendo a sí mismo".

Johnson, de 48 años, no es un paciente cualquiera. Es el biohacker que invierte alrededor de dos millones de dólares al año en medir, corregir y optimizar cada rincón de su biología. Es el hombre que presume de tener el corazón de alguien más joven, que se levanta de madrugada para entrenar, que controla su dieta con precisión enfermiza y que llegó a experimentar con transfusiones de plasma de su propio hijo adolescente en su búsqueda de la eterna juventud. Su lema: "Don't Die" (No morir).

Pero ahora el relato se ha torcido.

Según ha contado él mismo en redes sociales, el diagnóstico llegó en mayo: gastritis autoinmune, también conocida como AIG por sus siglas en inglés. Se trata de una enfermedad crónica en la que el sistema inmunitario ataca por error células sanas del revestimiento del estómago. No es una simple molestia digestiva ni una indigestión con nombre sofisticado. Con el tiempo, puede afectar a la absorción de nutrientes esenciales, provocar déficits de vitamina B12, anemia y aumentar el riesgo de complicaciones en el tejido inflamado.

Obsesión por los datos

Lo más desconcertante del caso es que Johnson no descubrió la enfermedad por un dolor evidente, sino a través de su obsesión por los datos. Llevaba años con niveles bajos de ferritina, una proteína relacionada con las reservas de hierro, aunque sin anemia clara. Probó con alimentación y suplementos, pero algo no cuadraba. Después llegaron pruebas más profundas: análisis de anticuerpos, endoscopia, colonoscopia y biopsias gástricas. El resultado fue una gastritis autoinmune temprana.

¿Causas?

La imagen es poderosa: el hombre que se mide la sangre, los órganos, la piel, las encías y la capacidad pulmonar descubre que una parte esencial de su cuerpo llevaba tiempo librando una batalla silenciosa. Johnson ha sugerido que el origen podría estar en una combinación de factores: una infancia de cereales azucarados y comida rápida, años de estrés, paternidad temprana, construcción de su empresa, aumento de peso y depresión crónica. No lo presenta como una derrota íntima, sino como un nuevo problema técnico que pretende descifrar.

"AIG causa daño irreversible: deficiencia nutricional, anemia y, a largo plazo, un riesgo elevado de cáncer", escribió. También criticó que la medicina convencional, una vez detectada la enfermedad, se limite a manejarla. Él, fiel a su personaje, dice que quiere "resolverla".

Detener el ataque

El empresario ha explicado que se está sometiendo a pruebas de sangre para decodificar "un millón de células inmunes" e identificar cuáles están atacando el revestimiento del estómago. Su objetivo, según afirma, es encontrar una vía terapéutica para detener ese ataque. La ciencia dirá hasta dónde llega esa ambición. Por ahora, lo prudente es recordar que la gastritis autoinmune se considera una enfermedad crónica: se vigila, se controla y se tratan sus consecuencias, pero no se cura con una promesa de Silicon Valley.

Johnson ha hecho fortuna después de vender su empresa de pagos Braintree por unos 800 millones de dólares. Desde entonces, ha construido alrededor de su cuerpo un proyecto casi mitológico, Project Blueprint, con médicos, máquinas, rutinas estrictas, docenas de suplementos y una dieta milimetrada. También ha tenido tropiezos sonados: en 2024, tras intentar recuperar volumen facial para corregir el aspecto demacrado que le dejaba su dieta, sufrió una reacción alérgica severa que le hinchó la cara y casi le dejó sin visión temporalmente.

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