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Club de Estilo

"Sin amor no haces esto": la madre y la hija detrás de MADREMIA, la firma de bolsos y accesorios de crochet que emociona a madrinas e invitadas

Loló Simó no sabía tejer, pero Ana Béjar tenía antojo de un bolso diferente: Instagram hizo el resto, en esta marca basada en el 'hecho a mano' que ha pasado de vender 10 piezas al mes a una media de 100, y ya seduce a mujeres que quieren lucir una pequeña joya única en eventos especiales

Las creadoras, madre e hija, de la firma MADREMÍA, en su tienda de bolsos, ponchos y complementos de crochet en Barcelona.

Las creadoras, madre e hija, de la firma MADREMÍA, en su tienda de bolsos, ponchos y complementos de crochet en Barcelona. / Pau Gracià / EPC

Laura Estirado

Laura Estirado

Barcelona
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El primer bolso de MADREMIA no salió de una tendencia ni de un estudio de mercado. Salió de una hija embarazada que quería aprender ganchillo, de una madre que nunca había cogido una aguja y de una petición lanzada casi como un capricho: "Mami, hazme un bolso". Loló Simó probó. Ana Béjar lo enseñó a sus amigas. Instagram hizo el resto. Tres años después, aquella prueba doméstica se ha convertido en una marca familiar con tienda-taller en Barcelona y bolsos de crochet que muchas mujeres encargan como quien encarga una pequeña joya.

En la calle Laforja, 48, la tienda no funciona como una 'boutique' convencional. Sobre la mesa se teje, se habla, se decide. En la pared cuelgan bolsos, chales, pendientes, pulseras y accesorios; detrás, más que un almacén, hay materia prima. "Aquí estamos todo el día tejiendo", cuenta Loló. Muchas piezas se hacen por encargo y otras desaparecen casi al momento. Si una clienta se prueba un bolso con su vestido y se lo lleva, queda un hueco que vuelve a llenarse a mano.

Sentirse especial y original

La escena se repite: una mujer entra con una bolsa y dentro no lleva una compra, sino el vestido para una boda. A veces trae también los zapatos, un trozo de tela, una foto del tocado o directamente una maleta, porque está de paso por Barcelona y ha calculado la ruta del aeropuerto al centro de la ciudad para visitar la tienda. "Cuando ves que sacan de la bolsa el 'look' entero es maravilloso", dice Ana. No buscan solo un complemento. Buscan una pieza para sentirse especiales sin parecerse a nadie.

Creadoras, madre e hija, de la firma MADREMÍA, en su tienda de bolsos, ponchos y complementos de crochet

El modelo 'Rocío', un flechazo que lleva dos meses en el 'top' de ventas. / Pau Gracià / EPC

La marca nació en 2023, justo después de la pandemia, aunque ellas matizan que no fue una historia de encierro y agujas. "No fue a raíz de nada relacionado con el covid", explican. Fue más bien un gesto íntimo que se compartió en redes y empezó a crecer de forma orgánica. Primero llegaron los encargos, después un 'market' en agosto y luego la necesidad de un espacio propio. "La gente quería ver y tocar un bolso que en la vida había visto", aseguran.

El primer modelo fue un bolso cuadrado. Después llegaron 'Carmen', 'Pilar', 'Rocío', 'Guadalupe', 'Concha' o 'Akita', nombres inspirados en advocaciones de la Virgen. El Pilar mira a la Virgen del Pilar; el Rocío tiene algo de cestito campestre; Guadalupe, con pétalos de nácar, conectó de inmediato con clientas mexicanas. "En México es como: 'yo quiero la Virgen de Guadalupe'", cuentan.

"'Carmen', 'Pilar', 'Rocío', 'Guadalupe', 'Concha' o 'Akita'... los nombres de los bolsos están inspirados en advocaciones de la Virgen"

Trabajo en equipo

Loló ya había trabajado con las manos creando complementos artesanales con semillas, árboles y materiales naturales. Ana venía de la consultoría de 'supply chain' (cadena de suministro). "Ella, con una mentalidad empresarial y yo, con una mentalidad de todo", resume la madre. Ana lo explica a su manera: "Mami crea, diseña, mejora el producto y hace control de calidad. Yo soy la ventana al exterior".

Creadoras, madre e hija, de la firma MADREMÍA, en su tienda de bolsos, ponchos y complementos de crochet

Ana Béjar (sentada) y Loló Simó, hija y madre, creadoras de la firma MADREMIA, en su tienda de la calle Laforja de Barcelona. / Pau Gracià / EPC

Los números explican el fenómeno. Del primer al segundo año pasaron de facturar 17.000 euros a 150.000 euros, un crecimiento del 782%. Las ventas también se dispararon: de unas 10 unidades mensuales, a una media de 100 bolsos al mes. En Instagram ya superan los 300.000 seguidores y el 70% de la venta llega por internet. El 30% restante ocurre en la tienda, donde entran clientas locales, viajeras y mujeres que llegan expresamente para ver, tocar y encargar el complento de moda.

"El Corte Inglés se fijó en nosotras"

Ese crecimiento ha abierto nuevas puertas. Además de su tienda propia y la web, MADREMIA ha iniciado el canal multimarca con puntos de venta en Madrid y Andalucía. Y este año ha dado otro salto simbólico: El Corte Inglés se fijó en ellas para una campaña. "Cuando nos llamaron, explicamos cómo era el proceso y dijeron que lo entendían", cuenta Ana, sobre su empresa de 'slow fashion'. Aun así, la producción se duplicó. "Ha sido una locura", reconocen. Pero aceptaron porque el acuerdo respetaba su manera de trabajar. "Será lo que fluya", repiten como un mantra.

"No hay una máquina detrás. Cada bolso es artesanal y, aunque me pidas este mismo en morado, va a ser diferente"

Creadoras, madre e hija, de la firma MADREMÍA, en su tienda de bolsos, ponchos y complementos de crochet

Varios modelos de bolsos de MADREMIA (el 'Pilar', antes, y el 'Akita', luego). / Pau Gracià / EPC

En MADREMIA no hay préstamos, no hay deuda, no hay una carrera por escalar a cualquier precio. Han aprendido a decir 'no': no a pedidos para mañana, no a 15 bolsos iguales con descuento, no a fabricar deprisa. "Nos hemos mantenido súper firmes en lo que es hacer las cosas a mano", explica Ana. "Todo lo que vaya en contra de tejer con pausa y cariño no sale bien", estiman.

Equipo de crocheteras

Porque aquí la palabra artesanía no es decorativa. Un bolso puede llevar muchos metros de material y horas de trabajo. El modelo 'Carmen', por ejemplo, requiere unas tres horas en manos expertas. Otras piezas pueden necesitar semanas hasta alcanzar el nivel de detalle que buscan. Trabajan con un equipo de crocheteras y artesanas que tejen una a una las creaciones.

Su lujo está precisamente ahí, en que no hay dos piezas idénticas. "No hay una máquina detrás", insisten. "Cada bolso es artesanal y, aunque me pidas este mismo en morado, va a ser diferente", avanzan. Los precios de los bolsos se mueven aproximadamente entre los 70 euros y los 129 euros, mientras que pendientes y complementos van de los 30€ a los 65€. "El trabajo de mi madre vale infinito", dice orgullosa Ana.

Creadoras, madre e hija, de la firma MADREMÍA, en su tienda de bolsos, ponchos y complementos de crochet

Brazalete y pendientes de flores de crochet. / Pau Gracià / EPC

"La madrina más guapa"

También lo es el acompañar a la clientela. En la tienda no solo se pregunta por el color del vestido. Se pregunta para qué fiesta es, qué papel tiene esa mujer, cómo quiere sentirse. "Hay gente que viene aquí y se confiesa", cuentan. Muchas clientas vuelven después con fotos y mensajes larguísimos: "Hoy ha sido un éxito", "era la madrina más guapa". Ana contesta ella misma todos los mensajes en Instagram. "Siempre me dicen: 'pon una IA para responder mensajes'. Y yo les digo que no, que quiero hacerlo yo", asegura.

"Hay gente que viene aquí y se confiesa. Hacemos el bolso pensando en esa persona"

Tejer como acto de amor

Por eso la frase "Sin amor no haces esto" no suena a eslogan, sino a constatación. "Si no hay amor no te pasas horas tejiendo", dice Loló. Ana añade que cada bolso acaba teniendo "nombre y apellido", porque saben para quién es, por qué lo quiere y en qué momento lo va a llevar.

Ahora preparan una nueva familia de producto centrada en accesorios para el cabello, además de broches, peinetas, chales y piezas que miran al armario de la abuela para traerlo al presente. "Queremos recuperar lo que estaba en el armario de tu abuela y transformarlo", explican. La idea es encontrar en MADREMIA el broche de oro: un detalle hecho a mano que convierte una camiseta blanca, unos vaqueros y un bolso de crochet en un 'look' con alma.

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