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¿Quién hay detrás de las gafas de sol de Anna Wintour, la dama de hielo de la moda? "Su poder como jefa de 'Vogue' era decir quién estaba 'in' o 'out'"
En su biografía, ahora actualizada y editada en español, la autora superventas del 'New York Times' Amy Odell se acerca a poca distancia, aunque sin soplarle en el cogote, a la legendaria directora de 'Vogue' que inspiró 'El diablo se viste de Prada', convirtió la Met Gala en un aquelarre global y ahora ejerce de cicerone de los Bezos

Anna Wintour, la papisa de la moda. / EFE / EPA / CHRISTOPHE PETIT TESSON

La gente de a pie usa gafas de sol para protegerse de la luz. Anna Wintour las usa para protegerse de los demás. 'Anna. La biografía', publicada originalmente en inglés en 2022 y ahora editada en España por Debate, intenta averiguar quién vive detrás del flequillo más temido de la moda, las gafas negras más fotografiadas y el silencio más rentable de 'Vogue'. La autora superventas del 'New York Times' Amy Odell (Austin, 1985), que el verano pasado también publicó la biografía 'Gwyneth', reconstruye el mito con más de 250 fuentes, voces que a veces permanecen anónimas, diálogos reconstruidos y, sin embargo, una ausencia decisiva: la de la propia homenajeada.
Infancia: el frío venía de casa
Antes de ser Anna Wintour (Londres, 1949), fue la hija de Charles Wintour, nacido en Dorset (Inglaterra) y director del 'Evening Standard', al que en la redacción llamaban 'Chilly Charlie' (Charlie, el frío), pues rara vez mostraba sus emociones. En casa, según ha recordado la propia Anna, "el evangelio era el periódico". Ahí empieza casi todo: disciplina, velocidad, alergia al sentimentalismo y la idea de que una portada no espera a nadie. La familia tuvo dinero, cultura, cenas con periodistas y una tragedia: la muerte de Gerald, el mayor de los cinco hermanos, atropellado de niño. Anna era demasiado pequeña para recordarlo, pero creció en una casa marcada por esa pérdida. De su padre heredó el sentido marcial del trabajo. De su madre, Nonie (estadounidense nacida como Eleanor Baker y perteneciente a una acaudalada familia cuáquera), heredó el "ojo de lince para las debilidades de los demás".

Nonie Wintour, con Anna (izq.), James, Nora y Patrick, en su casa de St. John's Wood, Londres, para un artículo del periódico 'The Observer', del 5 de enero de 1964. / GUARDIAN NEWS & LTD 2021
La alumna que prefería escaparates
Anna dejó el colegio a los 16 años. En una familia de universitarios brillantes, aquello la convirtió en una oveja negra, pero con buen corte de pelo (siempre un bob con flequillo, siempre perfectamente cortado y peinado). "Me esforcé en ser decorativa", diría después. Pero lo decorativo, en su caso, solo era una estrategia. En el Londres de los 60 estudió otra carrera: mirar. Miraba ropa, clubs, revistas, quién entraba y quién se quedaba fuera. En Biba, el templo de la minifalda, trabajó poco: la despidieron porque sospechaban que había robado prendas. Ya entonces se veía vestida para la cima. Su padre le sugirió que, si tenía que escribir un objetivo profesional, pusiera que quería ser editora de 'Vogue'. 'Spoiler': "Y eso fue todo", escribe Amy Odell.

Anna con su padre, Charles Wintour, cuando consiguió su primer trabajo como editora jefe del 'Vogue' británico, en 1986. / JON TIMBERS / ARENA PAL
El uniforme: bob, gafas y hambre
El personaje aparece pronto: bob geométrico, flequillo recto, delgadez como disciplina y gafas de sol Chanel como frontera. Anna las llamó su "muleta": servían para ocultar lo que pensaba o sentía de verdad. También aparece su relación casi militar con el cuerpo. De adolescente, según una amiga, podía pasar el día con una manzana verde, ácida y crujiente Granny Smith. Más tarde, en comidas de trabajo, bastaba con que pidiera "solo un yogur" para que toda la mesa reconsiderara el vino, el pan y quizá su propia existencia. Anna no siempre ordena. A veces le basta con solo una mirada.

Anna, en el set, en Jamaica, cuando trabajaba para 'Harper's Bazaar' (1976). / FRANÇOIS ILNSHER
Amores: brillantes y mayores
Su vida sentimental cuenta otra historia de ambición. Comenzó a salir con hombres mayores con buenos contactos durante su adolescencia. Charles Wintour decía que su hija tenía un tipo: "hombres extraordinariamente atractivos, pero muy inestables". Hubo fotógrafos, escritores y periodistas: Steve Bobroff, James Wedge, Jon Bradshaw, Richard Neville... Se casó con el psiquiatra infantil David Shaffer en 1984 y tuvieron un hijo llamado Charles (1985) y una hija llamada Katherine, 'Bee' (1987) antes de divorciarse en 1999. Las columnas de chismes aventuraron que el romance de Wintour con el inversor en telecomunicaciones Shelby Bryan puso fin a su matrimonio con Shaffer. Algunos aseguran que este "la suavizó" y por eso, ahora, "se la ha visto sonreír".

Anna y David Shaffer con sus hijos, Bee y Charlie, en la fiesta de Navidad de 'Vogue' de 1991. / ROXANNE LOWIT
![Anna y su novio Shelby Bryan en los premios CFDA [Council of Fashion Designers of America], en Nueva York, en junio de 2000.](https://estaticos-cdn.prensaiberica.es/clip/9b63ad31-325e-43b2-9a97-e1c2723cc09b_alta-libre-aspect-ratio_default_0_x876y389.jpg)
Anna y su novio Shelby Bryan en los premios CFDA [Council of Fashion Designers of America], en Nueva York, en junio de 2000. / ROXANNE LOWIT
La jefa que no gritaba: congelaba
El gran hallazgo de la biografía no es que Anna Wintour sea fría. Eso ya lo sabía cualquiera que haya visto 'El diablo viste de Prada. Lo interesante es cómo funciona ese frío. No necesitaba grandes escenas. Cerraba un portfolio y decía "Gracias". No explicaba demasiado. Retiraba el favor, el acceso, la luz. En 'Vogue', estar cerca de Anna era estar cerca del oxígeno. Caer en desgracia era descubrir que la puerta podía cerrarse sin portazo. André Leon Talley, uno de sus colaboradores más próximos, lo resume así: "Si no te quiere, tienes un problema". Trabajar para ella podía ser extraordinario y agotador: privilegio, pánico y síndrome de Estocolmo con zapatos caros.

Anna, como editora jefe del 'Vogue' británico (1986). / PHOTOSHOT / TOPFOTO
Manías, caprichos y liturgias absurdas
La Anna cotidiana que describe Amy Odell a través de lo que le cuentan sus asistentes parece un robot: se levanta a las cinco, hace ejercicio, pasa por peluquería y maquillaje, llega con chófer y allí la esperan sus asistentes, un 'latte' de leche entera y un 'muffin' de arándanos de Starbucks que casi nunca se come. Sus correos llegan sin asunto. En sus reuniones, llegar pronto es llegar tarde... La liturgia llega a ser casi sagrada y no se altera ni en momentos de pánico. Cuenta Odell que en el 11-S Wintour volvió enseguida a trabajar tras los ataques de las Torres Gemelas. También su equipo, pero con zapatos planos, por si tenían que bajar corriendo las escaleras.

Anna con Karl Lagerfeld (y Helena Christensen detrás) en la fiesta por el 30º aniversario del 'Vogue' italiano, en Milán en octubre de 1994. / ROXANNE LOWIT
Hillary, Trump y lágrimas
Anna apoyó a Hillary Clinton sin ambages. 'Vogue' llegó a respaldarla expresamente en las elecciones de 2016, algo histórico porque era la primera declaración de ese tipo en los 124 años de la revista. Odell presenta ese apoyo como parte de una politización cada vez más clara del poder de Anna: no solo influía en la moda, también movilizaba contactos, dinero y visibilidad en favor de candidatos demócratas. La victoria de Trump fue, según Odell, un golpe personal y profesional para Anna. En la reunión con el equipo de 'Vogue' tras las elecciones, defendió que apoyar a Hillary y causas como los derechos de las mujeres, los inmigrantes, el colectivo LGBTQ y la igualdad no era "ir demasiado lejos". Ahí se le quebró la voz y acabó llorando delante de la redacción, algo inédito ella. Inmediatamente, ordenó seguir adelante, y se marchó.

Ana, en su salsa: una polaroid con su amiga Anne McNally, tomada en los 90 por Karl Lagerfeld, y dándolo todo en un a fiesta de 'Vogue, en 1993. / KARL LAGERFELD / ROXANE LOWIT
Met Gala: el poder con mesa asignada
Si 'Vogue' fue su trono, la Met Gala, su imperio. Wintour convirtió una cena benéfica en la alfombra roja más codiciada del planeta. Estar invitado significa haber sido ungido por una autoridad que mezcla moda, Hollywood, política y dinero. La gala no es solo una fiesta: es un sistema de clases con fotógrafo en la entrada (70 millones de espectadores es la audiencia de la retransmisión en directo de la 'red carpet'). "El poder de 'Vogue', y el poder de Anna como editora de 'Vogue', era decidir quién o qué estaba 'in' o 'out'", escribe Odell en una frase que sirve casi como definición de su reinado. Anna no solo edita páginas; edita jerarquías. Decide quién pertenece al cuadro: diseñadores, actrices, herederas, deportistas, primeras damas, magnates...

Anna, con sus coanfitriones en la Met Gala de 2019: Serena Williams, Harry Styles, Alessandro Michele y Lady Gaga. / KEVIN MAZUR / MG19 / GETTY IMAGES
La persona que quizá no aparece
La frase más inquietante del libro la pronuncia Stephanie Winston Wolkoff, organizadora de la Met Gala durante muchos años: "Ahí hay una persona". Se refiere esta, al igual que otras personas cercanas a Wintour a que, fuera de la oficina, Anna es más familiar, relajada y humana de lo que su imagen pública sugiere. Odell encuentra testigos dispuestos a certificar que Anna no es un robot, pero quizá no logra explicar qué la mueve. La biografía acumula escenas; se acerca a la infancia, al poder, a los amores, a las asistentes, a los silencios y a los caprichos. Pero el centro sigue blindado; detrás de las gafas.

Anna y la reina Isabel II, en un desfile en Londres, en febrero de 2018. / YUI MOK / GETTY IMAGES

'Anna. La biografía'
Autora: Amy Odell
Editorial: Debate
Páginas: 480
Precio: 24,90 €
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