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MAMARAZZIS

La fidelidad ya no se lleva

La normalización de las infidelidades en la esfera pública contrasta con el escándalo que provocaban en épocas anteriores

Manu Guix posa para EL PERIÓDICO, el pasado 8 de abril en Barcelona.

Manu Guix posa para EL PERIÓDICO, el pasado 8 de abril en Barcelona. / MANU MITRU

Lorena Vázquez

Lorena Vázquez

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Hay algo profundamente fascinante, y casi cómico, en cómo hemos pasado de esconder y susurrar las infidelidades, ahogadas por la culpa y el miedo al qué dirán, a proclamarlas como si fueran una medalla de modernidad.

Este miércoles, en la portada de la revista ‘Diez Minutos’, Alaska confesaba una infidelidad en su curriculum amoroso. El titular ha corrido por los medios de comunicación, aunque la artista se refiere a un pasado ya prescrito. No fue a Mario Vaquerizo al que engañó, sino a su pareja anterior, aún así nos sigue pareciendo algo llamativo cuando alguien alza la mano para confesar que ha cometido una infidelidad, ¿pero, en qué momento revelar una infidelidad pasó de generar rechazo a despertar cierta admiración?

No nos vamos a poner moralistas, el guion ha cambiado y nos estamos acostumbrando. La infidelidad, que antes se escondía bajo alfombras bien tupidas, ahora se verbaliza y airea a los cuatro vientos. Igual nos viene bien que corra un poco el aire, ¿no?

Esta misma semana, también el músico Manu Guix se lanzaba a hablar del tema, con la excusa de que presenta un nuevo disco donde habla abiertamente de las relaciones liberales y el deseo sexual. En una entrevista, aseguraba que el sexo es poco menos que gimnasia y que él no exigía fidelidad a su pareja. Vamos, que defendía que hacer sentadillas fuera de casa tenía cero trascendencia.

Y en esta nueva narrativa, Nuria Roca y Juan del Val llevan años marcando tendencia, a la par que generando debate. Los dos enarbolan el término de “pareja abierta” y defienden públicamente que la fidelidad no es lo más importante de una relación. Y claro, no podemos evitar pensar en su amiga Tamara Falcó, que pasó de "me da igual que hayan sido seis segundos o un nanosegundo en el metaverso” a perdonar a Iñigo Onieva en tiempo récord. Del ultimátum viral al indulto sentimental en portada y prime time. Todo muy siglo XXI.

Mientras tanto, en un universo paralelo, la influencer Jessica Goicoechea y El Mago Pop han protagonizado otro concepto muy contemporáneo: el “affaire”. No han sido pareja, sólo amigos con derecho a roce. Algo difuso, pero con consecuencias. Primero, porque ha trascendido a los medios. Segundo, porque, tal y como podemos confirmar las Mamarazzis, este episodio entre ellos podría haber complicado una posible reconciliación de Jessica con su exnovio, el jugador de Rugby Manu Moreno. El susodicho está molesto por el desliz de la que fue su chica y ha mostrado mucho interés en fechar los encuentros de ella con el mago catalán.

Hubo un tiempo en el que una infidelidad podía arrasar vidas enteras. Marta Chávarri, Isabel Preysler, Mar Flores… —Siempre mujeres, qué casualidad— se convirtieron en símbolos de escándalo nacional y escarnio público y no fueron lapidadas de milagro. En ese tiempo, felizmente superado, por fin, la infidelidad era condena y desprestigio. Antes te señalaban, ahora te invitan a contarlo en un podcast.

Lo que antes se castigaba socialmente, ahora se envuelve en un discurso casi aspiracional, como si hablar de “códigos propios” o de relaciones abiertas te colocara automáticamente en una categoría superior y más evolucionada. La duda es si de verdad hemos avanzado en algo o si, simplemente, algunos personajes han encontrado una forma más elegante para poner los cuernos de toda la vida.

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