Abro hilo
Apocalipsis alérgico en Sant Jordi por culpa de los plátanos
El polen de la diada, la lesión de Lamine Yamal y la visita de Corina Machado, protagonistas en las redes

Polen en las calles de Barcelona durante la diada de Sant Jordi.

El jueves se celebraron al mismo tiempo en Barcelona dos de las tradiciones que dan color a la ciudad cada primavera: Sant Jordi y el advenimiento sobre las aceras de miles y miles de kilos de polen de plátano. Esos árboles plantados hace más de cien años dan mucha sombra en verano y aguantan bien las exigencias urbanas, pero sueltan una cantidad de polvo increíble que se mete en los ojos, las narices y las gargantas. Y cuando hace viento, como sucedió el jueves, la lluvia amarilla es omnipresente.
Los barceloneses ya saben lo que les espera en cuanto se termina el invierno, pero aún así es inevitable sorprenderse por la magnitud del fenómeno. Ellos y los visitantes ocasionales de la ciudad dejaron constancia de su asombro y, en no pocas ocasiones, de las molestias que sufrieron. No en vano, la Xarxa Aerobiològica de Catalunya subrayó que esta semana se han registrado "niveles excepcionales" de polen de plátano de sombra, roble, encina y parietaria en toda Barcelona, con las consiguientes molestias para las personas alérgicas.
"Al psicópata que decidió plantar los plátanos en la ciudad le deberían hacer rodar dentro de un barril con vidrios como a la pobre Santa Eulalia", resumía en X el sentir de este amplio sector de la población @tutankatala_bcn. "¡Árbol opresor, que hace la vida imposible al colectivo de alérgicos! ¿Cómo permite el ayuntamiento de Barcelona estos atropellos a esta población tan vulnerable?", incidía también durante la jornada de Sant Jordi @MrBlueSky_22. Otros se consolaban pensando que los estornudos y los picores eran el peaje que había que pagar para vivir un día tan especial, en el que los libros son protagonistas, desde su centro neurálgico, como @luuskata. "Estoy fatal con la alergia por culpa de esto, ahora estaré una semana enferma seguro. Pero como diría mi madre, sarna con gusto no pica".

Acumulación de polen de plátano de sombra en el Mercat del Clot. / Bárbara Favant / EPC
En cuanto vieron a Lamine Yamal llevarse la mano a la pierna y tirarse al suelo justo después de marcar de penalti contra el Celta, el pasado miércoles, cundió el pánico entre los aficionados españoles al fútbol. No solo entre los barcelonistas, sino entre todos ellos, porque el futbolista del Barça es la estrella de la selección que dentro de menos de dos meses se estrena en el Mundial contra Cabo Verde. Se sabía desde el principio que la lesión era bastante seria, pero hasta el jueves al mediodía no hubo diagnóstico. Consciente de la tensión del momento, el FC Barcelona explicó así la situación en un comunicado: "El jugador seguirá un tratamiento conservador. Lamine Yamal se perderá lo que resta de la temporada y está previsto que esté disponible para la disputa del Mundial".
La gran mayoría se alivió con esta última frase del anuncio. "Mi niño. Gracias por todo lo que nos has dado esta temporada. Eres el mejor del mundo sin ninguna discusión. Es una pena que no vayamos a verte lo que queda de la temporada. Recupérate bien y pronto, así podemos verte brillar en la Copa del Mundo", escribió por ejemplo @hanpopluv.
Pero siempre hay aficionados a los que les importa solo su equipo, y no la selección. Si esto es así con todos los clubes, en el Barça es aún más fácil encontrarse con ellos. Muchos mostraron su disgusto en las redes sociales por el hecho de que el equipo azulgrana hubiera especificado en el comunicado que llegará al Mundial. "¿Y esta sumisión del Barça vendiendo que llega a tiempo con la selección española como una buena noticia? ¿Qué cojones le importa al club eso?", decía @digitalpupeter.
Y otros recordaban precedentes –como el de Umtiti– que después de un Mundial nunca fueron los mismos y directamente deseaban que no lo jugara: "Ojalá Lamine esté lesionado hasta el día de empezar la Liga", deseaba en X @Josep_A_Vilalta.

Lamine Yamal atendido por el doctor Pruna tras anotar de penalti y antes de ser sustituido por lesión durante el partido de liga entre el FC Barcelona y el Celta. / JORDI COTRINA
María Corina Machado es premio Nobel de la paz, y por eso debe de sentirse facultada para ir dando lecciones de democracia a países bastante más acostumbrados a ese sistema de gobierno que su Venezuela natal. El lunes, durante un encuentro en Madrid, la líder opositora venezolana expresó su deseo de que España pueda tener muy pronto "la oportunidad de tener unas elecciones impecables" que permitan "la expresión de una nación que avanza y que acompaña la causa democrática en Hispanoamérica".
Es evidente que esa declaración extiende un manto de duda sobre la limpieza de los procesos electorales españoles. Machado, que en su triunfal visita a Madrid se ha reunido por ejemplo con Santiago Abascal –y lo ha colmado de agradecimientos y piropos–, no ha querido verse en cambio con Pedro Sánchez, a quien quizás podría haberle expresado esas dudas sobre la calidad democrática española.
Mucha gente en las redes sociales se extrañó de que Machado, que llegó a ofrecer a Donald Trump su Nobel, se colocara en ese plano de superioridad moral. "¿Disculpa? Le damos al líder de su partido seguridad, asilo, y protección diplomática, acogemos a cientos de miles de venezolanos de forma preferente, le dejamos entrar a ella libremente y con protección, ¿y su reacción es dudar sobre el gobierno que la acoge?", resumió la situación en X @alejo_mucho. "Señora, España siempre ha tenido unas elecciones impecables por mucho que les moleste. No insulte y calumnie a los que somos parte del proceso electoral y nos tocó estar en la composición de las mesas electorales", escribió por su parte @town_alice_town. Y añadió, en referencia a una insinuación que lanzó en X –y posteriormente borró– el exdiputado de Ciudadanos Marcos de Quinto: "Siga pidiendo 10.000 euros a los que vayan a sus cócteles".

La líder opositora venezolana, María Corina Machado, durante un desayuno informativo organizado por Fórum Europa, en el Four Seasons, a 20 de abril de 2026, en Madrid (España). / Mateo Lanzuela - Europa Press
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