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Mamarazzis

Y al final, Letizia

Entre tres hombres que representan una época muy concreta de la historia de España, el rey Juan Carlos I, Julio Iglesias y Fernando Ónega, la que ha terminado llevándose el foco por méritos propios y sobrados es una mujer

La reina Letizia atiende a la prensa a su llegada a la capilla ardiente del periodista Fernando Ónega

La reina Letizia atiende a la prensa a su llegada a la capilla ardiente del periodista Fernando Ónega / Rodrigo Jiménez / EFE

Lorena Vázquez

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Esta semana, tras repasar las revistas del corazón, me senté delante del ordenador con la misma sensación que cuando abría, de niña, el sobre de los cromos y descubría que todos eran “repe”. En el universo rosa, llevamos una larga temporada en la que los personajes parecen moverse en círculo: las mismas caras, las mismas historias. Otra vez, sota, caballo y rey. Y nunca mejor dicho lo de rey, porque, estos días, ha vuelto a saltar a la palestra Don Juan Carlos I, acompañado, esta vez, de otros dos hombres de gran envergadura: Julio Iglesias y Fernando Ónega. Los tres han sido noticia por motivos bien diferentes, pero si esto fuera una serie, alguien diría que estamos ante un 'crossover'.

El emérito, que últimamente no deja de copar titulares, sigue deshojando la margarita sobre su vuelta definitiva a España. Una idea que parece no seducirle demasiado si eso implica tributar aquí, como cualquier contribuyente. Por otro lado, ha trascendido otro deseo bastante más definitivo: que le gustaría ser enterrado en Granada, junto a los Reyes Católicos. Paren rotativas, porque, por lo visto, fue “un chascarrillo” del exmonarca y no se trata de un deseo real, ni real. Este hombre no deja de sorprendernos y, según lo previsto, se plantará en Sanxenxo (Pontevedra) antes del próximo fin de semana para una nueva cita deportiva.

La trayectoria del rey Juan Carlos quedará ligada para siempre a otra figura imprescindible de la Transición, la de Fernando Ónega. El periodista fue uno de los responsables de redactar el discurso del exmonarca para frenar el Golpe de Estado del 23-F. La muerte de Fernando Ónega también ha acaparado la actualidad informativa de la semana. Con él se va un comunicador imprescindible y una voz inconfundible con la que muchas de nosotras hemos crecido, la de aquellas piezas de opinión, maravillosas, que hacía en antena con el maestro Luis del Olmo, entre otros.

El tercer vértice de nuestro triángulo informativo es Julio Iglesias, que mantenía una estrecha relación personal con Ónega, hasta el punto que el cantante es padrino de su hijo menor. Al mismo tiempo, Julio ha sido siempre uno de los defensores más fieles de Juan Carlos I. El artista, por su parte, ha vuelto a la actualidad judicial, ya que ha presentado una demanda de conciliación contra el medio digital que publicó los testimonios de dos antiguas trabajadoras que le acusaron de agresiones sexuales. Iglesias exige una rectificación de la información o se querellará por injurias y calumnias.

Y, sin embargo, en medio de ese triángulo tan masculino, la semana nos ha dejado otra imagen de lo más viral: la llegada y las declaraciones de la reina Letizia en la despedida de Fernando Ónega. Su discurso fue impecable. Cercano, pero certero, preciso, pero afectuoso. Meditado palabra a palabra. La escena tenía su pequeña ironía: la reina despidiendo con cariño al autor de una biografía del rey Juan Carlos, su suegro, a su vez autor de unas memorias en las que ella no sale, precisamente, bien parada.

Entre tres hombres que representan una época muy concreta de la historia de España, la que ha terminado llevándose el foco por méritos propios y sobrados es una mujer, y las Mamarazzis nos alegramos mucho de ello.

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