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Astrid Gil-Casares, la "burguesa" española que fue amiga de Epstein hasta su detención

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Natalia Araguás

Natalia Araguás

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Astrid Gil-Casares ha hecho honor al título de su último libro, ‘No digas nada’, y ha enmudecido tras aparecer en la desclasificación masiva de los archivos de Jeffrey Epstein. La escritora y exmujer de Rafael del Pino, presidente de Ferrovial y tercer hombre más rico de España, mantuvo una intensa relación epistolar con el pederasta entre 2017 y 2019: ya hacía una década que había sido condenado por abusar de adolescentes de hasta 14 años. Gil-Casares pedía al magnate asesoramiento literario, le confiaba cuestiones personales, como llevar “una semana sobria”, e intercambiaba recomendaciones culturales y flirteos. Solo un día después de su última detención en el aeropuerto de Nueva Jersey, el 7 de julio de 2019, Gil-Casares le escribía: “Pensando en ti. Siento lo que he leído en las noticias. Espero que todo vaya bien. Besos”.

Nada tiene que esconder, nada que añadir Gil-Casares:“Si hay más mensajes, que los saquen”, ha retado. No estaba al tanto de la isla de Epstein ni mucho menos la había pisado. Ella no ha cometido ningún delito, más que el de saciar una curiosidad que la lleva de excursión al 'wild side' de vez en cuando. En La Ser reconocía que tener dinero “es un chollo” y que a partir de cierto nivel “se te abren las puertas del mundo entero”. Un mundo inaccesible para la mayoría que ella comparte con sus lectores, con un estilo que oscila entre Danielle Steele y ‘Cincuenta Sombras de Grey’ en sus páginas más calientes. Sus heroínas se escapan con sus amigas a exclusivos resorts en Isla de Cavallo, viajan en aviones privados y visten marcas de altísima gama como Loro Piana y o Brunello Cucinelli para reconocerse entre ellas. Siempre hay algún galán que las rescata de sus crisis existenciales, buen sexo mediante.

Gil-Casares, que antes de ser escritora se dedicó a las finanzas, presume de hacer oídos sordos a las críticas. Hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada, sobrino del general golpista Alfonso Armada, y de la aristócrata francesa Catherine Marlier, se crió en Puerta de Hierro, con vecinos como los Fernández Tapias. Estudió Económicas en ESADE y trabajó en París, en la banca Rothschild, luego hizo carrera en bancos de la City. En Londres conoció a Rafael del Pino. Su boda en 2006 fue carne de ¡Hola!, con invitados como el príncipe Kyril de Bulgaria, Isabel Preysler y Florentino Pérez.

Tres hijas después protagonizaron un sonado divorcio, durante el cual empezó a tatuarse. Palabras como ‘trust’ (confianza), figuras y números como PI fueron adornando su cuerpo, hasta sumar una veintena. También lo hace la protagonista de su primera novela,' Gaelle', para infundirse aplomo durante su separación de un hombre tan rico como tóxico que medra su autoestima. Entre la 'jet set' española rechinaron los dientes, “todos preferirían que me callase”, resumió ella. Pero siguió cultivando la autoficción: su segunda novela, ‘Ese jueves al anochecer me subí al tren’, va de una cuarentañera que se reinventa profesionalmente. En la última, el romance es el antídoto contra el duelo. También ella perdió a su madre en 2022.

Gil-Casares ha visto gracias a Epstein reverdecer el interés por su obra. Por una vez se refugia en el silencio. En una de sus últimas entrevistas parafraseaba a Jafar, el malo de Aladino: “¿Sabes cuál es la regla de oro? Quien tiene el oro pone las reglas”.

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