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A la última

El placer femenino, según la sexóloga Valérie Tasso: de las venus paleolíticas al estimulador sónico de Lelo

"La autoestimulación también es autocuidado. La vulva está por algo, el clítoris está por algo", sostiene la también escritora y embajadora de la marca Lelo, durante la presentación del Sona 3, el último modelo de la marca sueca de juguetes para adultos de la que es embajadora

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La sexóloga y escritora Valérie Tasso, en una imagen de archivo.

La sexóloga y escritora Valérie Tasso, en una imagen de archivo. / Elisenda Pons / EPC

Laura Estirado

Laura Estirado

Barcelona
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Una mañana lluviosa, con problemas en la movilidad por culpa de la crisis de los trenes, una videollamada y una conversación que va mucho más allá de la presentación de un producto. Así se desarrolló el encuentro digital organizado por Lelo, la marca sueca de juguetes para adultos, para presentar Sona 3, la nueva generación de su icónico estimulador clitoriano externo. Pero el objetivo no era solo mostrar una novedad tecnológica, sino abrir una reflexión más amplia sobre diseño, historia del arte, bienestar y placer femenino.

La bienvenida corrió a cargo de Adriana Di Ippolito, la 'marketing & communications manager' de Lelo para España y Portugal, que situó el encuentro en un marco cultural: "No se trata solo de un juguete. Juguetes hay muchos. Se trata de entender de dónde venimos para permitirnos experimentar sin culpa". Una idea que enlazó con la intervención de Valerie Tasso, sexóloga, escritora y embajadora de la marca, que condujo la conversación hacia un territorio poco habitual en este tipo de lanzamientos.

El cuerpo de la mujer, en el arte

"La familia Sona no nace solo para cumplir una función, nace para ser experimentada", afirmó Tasso. "Un buen diseño no solo se ve, se siente". A partir de ahí, propuso un recorrido por la historia de la representación del cuerpo femenino en el arte que ayudó a entender por qué el placer de las mujeres sigue siendo, todavía hoy, un terreno atravesado por silencios y tabús.

En el pasado, el cuerpo femenino fue representado una y otra vez como ideal de belleza, pero siempre pensado para una mirada externa.

En el pasado, el cuerpo femenino fue representado una y otra vez como ideal de belleza, pero siempre pensado para una mirada externa. / LELO

Desde las venus paleolíticas -rotundas, simbólicas, asociadas a la fertilidad- hasta la Grecia clásica y el Renacimiento, el cuerpo femenino fue representado una y otra vez como ideal de belleza, pero siempre pensado para una mirada externa. "Es un cuerpo bello, perfecto, pero silencioso", explicó. Un patrón que se radicaliza en el siglo XIX, un periodo que la sexóloga definió como especialmente oscuro para la sexualidad femenina.

Bajo la moral victoriana, el deseo de las mujeres no solo se reprimió, sino que se patologizó. "La sociedad impone una imagen de mujer frágil, domesticada y asexuada", relató Tasso. "Se decía que, cuando una mujer se acostaba con su marido, tenía que cerrar los ojos, abrir las piernas y pensar en Inglaterra". En ese contexto surge el diagnóstico de la histeria femenina, un cajón de sastre médico en el que cabía cualquier mujer con carácter, nerviosismo o deseo.

'Ofelia', obra del pintor inglés John Everett Millais, fechada alrededor de 1852.

'Ofelia', obra del pintor inglés John Everett Millais, fechada alrededor de 1852. / EPC

La paradoja victoriana

La paradoja es que algunos tratamientos incluían la estimulación genital, practicada por médicos, sin reconocer jamás el derecho al placer consciente. "Se provocaba una descarga física, pero el orgasmo no se nombraba. El placer no existía como concepto legítimo", explicó. Ese silencio también se refleja en el arte del momento, poblado de figuras femeninas frágiles y pasivas -como las célebres Ofelias prerrafaelitas-, cuerpos que flotan, duermen o mueren, pero nunca desean. El escándalo no llega hasta finales del siglo, cuando Manet pinta Olympia: una mujer que mira de frente al espectador con conciencia de su sexualidad.

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'Olympia', de Manet. / EPC

No es hasta el siglo XX cuando se produce la verdadera ruptura. "Las mujeres empiezan a reapropiarse de su cuerpo en el arte", señaló Tasso, citando a Frida Kahlo o Georgia O’Keeffe. "Aquí el cuerpo ya no solo se representa: se vive, se siente". Ese cambio de mirada conecta, según la sexóloga, con el diseño íntimo contemporáneo.

Sona 3 mantiene la tecnología de ondas sónicas que revolucionó la estimulación clitoriana al no requerir contacto directo, pero la lleva más lejos. Incorpora la tecnología 'Smooth Rise', que suaviza las transiciones entre niveles, además de 10 modos y 16 niveles de intensidad. La función 'Cruise Control' ajusta automáticamente la potencia según la presión, y la integración con la 'app' de LELO permite experiencias personalizadas y conectadas, como el modo 'Love Bridge'.

Autoconocimiento

Más allá de la tecnología, uno de los momentos más reveladores de la charla llegó al hablar de autocuidado. "Pensamos que cuidarnos es ponernos cremas o mirar las arrugas de la cara -reflexionó Tasso-, pero no sabemos cómo es nuestra piel vulvar". Y añadió: "La autoestimulación también es autocuidado. La vulva está por algo, el clítoris está por algo".

La conversación se volvió especialmente relevante al abordar la menopausia, una etapa históricamente invisibilizada en el discurso del deseo. "Cualquier objeto de placer es maravilloso para mujeres a partir de los 50", afirmó. "Sabemos que los estrógenos desaparecen, aparece sequedad vaginal, y la vulva se resiente mucho más". En ese contexto, la estimulación cumple una función clave: "Lo que hacemos al masturbarnos es vascularizar toda esta zona. Esta vascularización es absolutamente fundamental".

"El deseo se puede trabajar a cualquier edad. De ahí el valor de la estimulación externa", sostiene Tasso.

"El deseo se puede trabajar a cualquier edad. De ahí el valor de la estimulación externa", sostiene Tasso. / LELO

El deseo en la menopausia

Tasso insistió en desmontar uno de los grandes mitos asociados a esta etapa vital: "No somos solo nuestras hormonas. Somos, sobre todo, seres culturales. El deseo se puede trabajar a cualquier edad". De ahí el valor de la estimulación externa y sin contacto directo, que permite explorar el placer sin prácticas que pueden resultar dolorosas.

El encuentro también dejó espacio para una reflexión crítica sobre educación sexual. "Muchas veces no se hace educación sexual, sino solo prevención", lamentó. "La vergüenza se combate con información, con desarticular los tópicos sobre el placer femenino y nuestra anatomía".

La idea final que atravesó toda la conversación fue clara: el lujo contemporáneo ya no tiene que ver solo con lo que se muestra, sino con lo que se siente. "Es bienestar, es tiempo, es conexión con una misma", concluyó Tasso.

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