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Opinión | Mamarazzis

Lorena Vázquez

Lorena Vázquez

Periodista

Barcelona

Mette-Marit y Eva Sannum: Dos plebeyas, dos destinos

La princesa Mette Marit de Noruega y Eva Sannum, en imágenes de archivo.

La princesa Mette Marit de Noruega y Eva Sannum, en imágenes de archivo. / Archivo

Mette-Marit Tjessem siempre ha sido la princesa más plebeya y punk de todas las monarquías europeas. Conoció al príncipe heredero Haakon en 1999, en un famoso festival de música y gracias a unos amigos en común. En los 90, la joven era conocida por su animada vida social y su vínculo con ambientes de fiesta nocturna. En ese contexto conoció a Morten Borg, el padre de su hijo Marius, nacido en 1997. El tal Morten había sido detenido unos años antes por posesión de cocaína, episodios de violencia y conducción bajo los efectos del alcohol. Su relación terminó antes de que naciera su hijo en común. Un perla, como diría nuestra Rosalía.

Con el príncipe Haakon llegó la estabilidad a la vida de Mette-Marit. Tras el divorcio de sus padres, su infancia y adolescencia tampoco fueron fáciles y estuvieron marcadas por una relación tensa y complicada con su padre, debida, sobre todo, a sus problemas de alcoholismo.

Días antes de su boda con el heredero noruego, organizó una emotiva rueda de prensa, en agosto de 2001, donde confesó haber vivido “de manera libertina y haberlo pagado muy caro”. También pidió perdón, entre lágrimas, por su pasado, mientras rogaba la aceptación del pueblo y los medios escandinavos. El 25 de agosto entró sola en la Catedral de Oslo, mientras Haakon la esperaba a las puertas del recinto. Una auténtica declaración de intenciones que desafiaba la tradición y rompía moldes. Lo que siguió no fue un cuento de hadas precisamente.

La princesa, desde su matrimonio, se ha visto envuelta en diversas polémicas por su carácter díscolo, además de sufrir una fibrosis pulmonar crónica, que la mantiene alejada de algunos de sus deberes oficiales. Por si fuera poco, en la actualidad, su hijo Marius Borg, de 29 años, le está acarreando más preocupaciones, ya que se encuentra inmerso en pleno proceso judicial, acusado de 38 cargos, que incluyen múltiples delitos graves como violación, agresión, consumo de sustancias y grabación de material íntimo de sus parejas. Ahora se encuentra en prisión preventiva y ha aceptado varios cargos menores, pero niega los más graves, enfrentándose a más de 10 años de cárcel.

La prensa asegura que varias personas advirtieron a Mette‑Marit sobre el comportamiento violento de su hijo, con solicitudes de intervención que nunca se tradujeron en acciones por parte de la Casa Real. Esto alimenta la narrativa de que se priorizó proteger la reputación familiar, en vez de abordar los problemas y proteger a las víctimas.

A todo esto se suma un capítulo digno de un thriller cinematográfico: Los famosos archivos desclasificados sobre Jeffrey Epstein revelan correos electrónicos que demuestran la especial amistad que existía entre Mette-Marit y el pederasta. Hasta el punto que deslizan una actitud poco decorosa para una mujer casada. La princesa se ha disculpado públicamente, pero el daño a su imagen es letal. Las encuestas de los medios noruegos son demoledoras y un 49% de los encuestados cree que Mette-Marit no debe ser reina.

Y aquí el giro de guion de las Mamarazzis: Ayer, Eva Sannum, la que fue novia del príncipe Felipe entre 1997 y 2001, exmodelo noruega y, hoy, asesora de comunicación, especialista en ética periodística y socia de la agencia Sannum & Bergestuen, se lanzaba a escribir sobre el juicio mediático al que se enfrenta el hijo de Mette-Marit y advertía en un artículo en el diario noruego 'Aftenposten' que “la presión mediática no es peligrosa sólo por su volumen, sino por la fragmentación de detalles que, sumados, pueden aplastar a los implicados”. Sin duda, habla con conocimiento de causa. Aún recuerdo el empujón que me solmenó, harta ya de tanta crítica y preguntas sobre su noviazgo con el entonces príncipe Felipe.

Dos plebeyas, dos destinos: una se casó con un príncipe heredero y lucha por sobrevivir a la peor crisis reputacional de su vida; la otra quedó fuera del trono español y examina con experiencia e ironía como la prensa puede construir o destruir reputaciones.

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