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Mamarazzis

¿Fin de la era Pedroche?

A Pedroche le pasa lo mismo que le pasó a Belén Esteban en su día: se las quiere por lo mismo que se las odia. Son estrellas populares, incómodas, demasiado visibles

El 'efecto Pedroche' se desinfla: Chenoa y Estopa arrasan y revalidan el liderazgo de RTVE en las Campanadas

Cristina Pedroche para las Campanadas

Cristina Pedroche para las Campanadas / CRISTINA PEDROCHE / Europa Press

Laura Fa

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Las Mamarazzis no podemos, ni queremos, dejar de hablar de las Campanadas. Porque hablar de las Campanadas es hablar de Cristina Pedroche, igual que durante años hablar de televisión popular fue hablar de Belén Esteban. Y si pensamos en 'Operación Triunfo', cuando hablábamos de shippeo, la protagonista estrella, sin duda, fue Chenoa. Personajes del corazón que, curiosamente, acaban dominando la televisión generalista. No es casualidad: es cultura pop. Nada resta su valor profesional, pero todas ellas saben cómo les suma y les ha sumado ser personajes potentes de la prensa del corazón.

Este año, el titular oficial es que Televisión Española gana con Chenoa y Estopa. Golpe maestro, sí. Relevo bien ejecutado. Pero el titular real, el que se activa al minuto siguiente, es otro muy distinto: quiénes son Estopa, con quién viven, quiénes son sus parejas, cómo son sus casas, si son discretos o no. El mecanismo del salseo se pone en marcha solo, como cada 1 de enero. Porque eso, guste o no, es lo que mueve. Y ahí es donde aparece Cristina Pedroche. Durante más de una década ha convertido una retransmisión funcional en un acontecimiento cultural, emocional y simbólico. Ha logrado que un país entero espere un vestido como si fuera un manifiesto. Y este año, lejos de provocar, decidió cerrar el círculo: un diseño hecho con retales de todos los anteriores, como diciendo: “todo lo que fui está aquí”. No era exhibición, era memoria. Realmente, poco se ha hablado del vestido final y sí de esta capa previa, que ha provocado infinidad de memes en las redes sociales. Esa capa que pareció anunciar que, quizás, este resumen de todos sus vestidos sea una manera de cerrar un ciclo.

Y con Pedroche y las Campanadas, el ruido volvió. El 'hate' puntual, automático, cansino. Ese que parece imprescindible para algunas personas a la hora de empezar el año. A Pedroche le pasa lo mismo que le pasó a Belén Esteban en su día: se las quiere por lo mismo que se las odia. Son estrellas populares, incómodas, demasiado visibles. Y convendría preguntarse qué tipo de espectador, de persona, necesita consolarse atacando a una mujer que se expone, trabaja y arriesga. En este contexto hay un detalle que debería normalizarse más: el apoyo de la pareja. El cocinero David Muñoz, marido de Cristina Pedroche, no se esconde, no compite, no invade. Está. Acompaña. Sabe ocupar el segundo plano cuando toca. Y eso, en un país donde el éxito femenino aún genera recelos, también es un mensaje.

Mientras tanto, la televisión dejó algunas preguntas sin responder. Por ejemplo, Buenafuente no pudo estar por temas de salud y estrés, como él mismo explicó, y Silvia Abril tampoco. Pero ella, ¿por qué no? No sabemos si fue una decisión personal o de la cadena. Lo que sí sabemos es que la actriz tiene, obviamente, entidad de sobra para sostener las Campanadas con la pareja de baile que le hubiera tocado. Otra pregunta sin respuesta, ¿es el fin de la era Pedroche? ¿No volverá el año que viene a la Puerta del Sol? Quizá sea solo el final de una etapa. Pero mientras sigamos hablando de ella, para bien o para mal, mientras ella siga centrando las preguntas sobre la tele en Nochevieja,… habrá ganado. Porque no todo se mide en 'share'. Algunas cosas se miden en impacto. Y de eso, Pedroche sabe mucho.

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