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Jaime Martínez Bordiú, el nieto de Franco que colecciona escándalos

Donde están los Franco y cuánto dinero tienen

Jaime Martínez-Bordiú, a su salida de la misa por los 50 años de la muerte de su abuelo, el dictador Francisco Franco.

Jaime Martínez-Bordiú, a su salida de la misa por los 50 años de la muerte de su abuelo, el dictador Francisco Franco. / EP

Álex Ander

Madrid
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Cuenta Juan Luis Galiacho en el prólogo del libro 'La familia Franco, 50 años después', del periodista de investigación David González, que antes de morir el 20 de noviembre de 1975, el dictador dejó todo atado y bien atado para que su patrimonio fuera a parar precisamente a sus descendientes directos y la herencia quedara asegurada. "Hoy, transcurridos más de cincuenta años, y a pesar de haber vendido parte de este legado, los Franco todavía controlan un complejo entramado de sociedades y propiedades inmobiliarias: fincas, locales, garajes, aparcamientos, puestos de venta de alimentos, así como pizzerías, clínicas, productoras de televisión y empresas de telecomunicaciones... Muchas de sus sociedades tenían la sede en el emblemático domicilio familiar de la calle Hermanos Bécquer número 8, de Madrid. Ya desintegrado, en parte".

En efecto, los siete nietos de Franco, todos ellos retoños de Carmen Franco, la única hija del dictador, siguen en sectores estratégicos de la vida pública española. Hubo un tiempo en el que varios de ellos se dejaron querer por las revistas del corazón, a las que concedían reportajes exclusivos previo pago de su importe. Y alguno que otro ha protagonizado más de un escándalo que haría sonrojar al dictador. En esto se lleva la medalla de oro Jaime Martínez Bordiú, el nieto menor. "Mi abuelito era un gran tío, una buena persona. Murió cuando yo tenía casi 12 años, pero recuerdo que era divino y muy familiar", comentó una vez un tipo que de jovencito se licenció en Derecho por la Universidad Complutense y en la década de los 80 se movía como pez en el agua en los locales frecuentados por los niños bien de la capital española.

En esos años, Jaime estuvo ennoviado con Miriam Ungría, hoy viuda de Kardám de Bulgaria, hijo de Simeón II, quien se exilió en España después de que lo echaran los comunistas. Algo después, en 1995, se casó con la modelo Nuria March, en una boda que tuvo por testigos al rey Felipe VI y su hermana la infanta Cristina, con los que el novio había compartido amistad y juergas tiempo atrás. Durante el tiempo que duró , el matrimonio asistió a eventos como la boda de Cristina e Iñaki Urdangarin, celebrada en Barcelona en 1997, y justo dos años después de esto tuvo un hijo, Jaime, que hasta recientemente trabajó como analista financiero para la compañía internacional Accuracy.

Aquella unión llegó a su fin en 2002, y entonces se especuló con que el motivo de la separación podía guardar relación con el estilo de vida de Jaime, que ya entonces consumía drogas. Él mismo confesó su adicción a la cocaína en el plató del desaparecido programa de televisión ¿Dónde estás, corazón?', donde contaría que, apoyado por su familia, decidió buscar ayuda y acabó tratándose en un centro de adicciones.

Después de separarse de Nuria March, el nieto del dictador protagonizó una relación con la empresaria Patricia Olmedilla, hoy casada con el aristócrata Gonzalo De la Cierva, y también estuvo saliendo con Marta Flich. Tras dejarlo con la mediática valenciana, Jaime vivió su romance más tormentoso con la cantante Ruth Martínez. Cuentan que la pareja se conoció en un mal momento para ambos, ya que él andaba luchando contra sus adicciones y ella experimentaba un bajón anímico después de haber perdido a un hijo debido a una meningitis.

"La relación estuvo dominada desde el principio por las polémicas", apunta González. "La primera denuncia por malos tratos llegó en junio de 2007 y fue en París. Según se publicó, Ruth y Jaime tuvieron una violenta pelea en el hotel en el que se alojaban en la ciudad del Sena. Ruth retiró la denuncia porque enseguida hubo reconciliación. Sin embargo, el siguiente episodio tuvo lugar en agosto y acabó con una orden de alejamiento y la prohibición de comunicarse con ella. Fue en el conocido hotel Byblos de Marbella. Tras personarse la Policía, ella denunció por malos tratos a Jaime, que pasó la noche detenido y, tras pasar a disposición judicial, se decretó la citada orden de alejamiento. Este fue el punto final de su relación sentimental".

Luego, a comienzos de 2009, el Juzgado de lo Penal número 20 de Barcelona condenó a Jaime a un año de prisión por maltrato y amenazas. En la sentencia reza como hecho probado que, en el transcurso de una discusión, el madrileño cogió de los brazos a su entonces novia Ruth y la tiró sobre un sillón al tiempo que le decía que no se iba a marchar de allí. Jaime dio una patada a una silla y el ordenador que había encima cayó sobre el costado izquierdo de la mujer. Pese al golpe, aquella pudo salir de la habitación y se dirigió a la recepción. Le dijo que había pedido un taxi y llamado a la Guardia Civil, a lo que él respondió "como hayas llamado a la policía, te mato".

En abril de 2010, tras haber pasado la noche en un 'after hours' de Las Rozas (Madrid), Jaime fue denunciado por un conductor que aseguraba que le golpeó con su coche, se negó a darle los datos del seguro y hasta utilizó un revólver para amedrentarlo. Jaime lo negó todo, asegurando que tan solo se limitó a insultar al conducor. Finalmente, el acusado quedó en libertad con cargos y no llegó a ser condenado por este suceso.

Apenas unos días más tarde resultó imputado en un delito contra la salud pública tras el alijo de varios kilos de cocaína que la policía de Requena (Valencia) requisó unos meses antes. Por esa investigación había dos personas en la cárcel, una de las cuales llevaba encima una tarjeta Visa propiedad de Jaime (de ahí que lo llamaran a declarar). Entonces ya había aparecido en su vida la que es su pareja desde entonces Marta Fernández, una empresaria gallega.

Marta y Jaime se dieron el ‘sí, quiero’ ante un notario en primavera de 2021 y, al poco, ella inauguró en Madrid una discoteca para mayores de cuarenta llamada Truhán. "Está muy divertido, lleva muy poco abierto, y es perfecto para tomar una copa después de cenar, hasta bien entrada la noche”, contaba a comienzos de 2022. "Claro que también Jaime ha hecho gala de su espíritu emprendedor. Dada su formación, en un momento dado pasó a ser el abogado de su familia y hasta montó su propio despacho en el señorial edificio del número ocho de la calle Hermanos Bécquer, domicilio fiscal de varias de las empresas del clan.

"El nombre de Jaime ha aparecido durante años en el consejo de administración de gran cantidad de las sociedades que han ido constituyendo los Franco a lo largo de los años", cuenta González. Lo cierto es que, a lo largo de su intensa trayectoria vital, el abogado y empresario de 61 años ha estado siempre atento al mundo de los negocios.

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