ESTRENO EN AMAZON

Ramoncín, el artista con un rombo que nació en un taxi

Amazon Prime estrena un documental sobre un personaje venerado y vilipendiado, barriobajero e ilustrado, perseguido y perseguidor

El Ramoncín de sus albores, en la sala La Paloma de Barcelona, el 8 de Mayo de 1978.

El Ramoncín de sus albores, en la sala La Paloma de Barcelona, el 8 de Mayo de 1978. / FERRAN SENDRA

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Clara Hernández

"Yo defino a una estrella del rock por la cantidad de enemigos que tiene. Ramoncín me gana", enuncia un Loquillo socarrón en los primeros minutos del documental ‘Ramoncín. Una vida en el filo’, que llega a Amazon Prime Video este viernes 23 de octubre y que arranca asestando un navajazo nostálgico a ‘baby-boomers’ y ‘generaciones X’ con el gemido de la armónica que preludia la explosión de ‘Hormigón, mujeres y alcohol’, tema rebautizado popularmente ‘Litros de alcohol’ y  elevado a himno oficial de la ebriedad en noches prerregaetoneras.

La carrera musical del artista —para muchos, hoy diluida entre el personaje televisivo y el coleccionista de ‘haters’ durante sus años en la junta directiva de la SGAE— es la que acapara más minutos del metraje, donde se intercala el relato del interesado con los elogios de amigos y conocidos (desde Johnny Cifuentes de Burning, a Mónica Naranjo, Felipe González, Teddy Bautista o Santiago Segura, entre otros). Y que dispara éxitos broncos y erizantes: ‘Putney Bridge’, ‘Como un susurro’, ‘El rey del pollo frito’, ‘La chica de la puerta 16’…

Criado por el abuelo y los tíos

"Guerrillero de la música", "pionero de la Movida", "un animal escénico", le llaman los que por allí aparecen mientras José Ramón Julio Márquez Martínez (alias Ramoncín), nacido en un taxi cerca de la Puerta de Alcalá de Madrid hace casi 65 años —aunque aparente 15 menos—, hijo de madre soltera y criado por su abuelo y unos tíos —sus "verdaderos padres", afirma— despliega un discurso verborreico y florido,  rociado de palabras sonoras, ‘slang’ y cultismos pronunciados con macarrería sibilante desde el bar Bodegas Rosell en su barrio de niño, Delicias.

Ramoncín, en concierto en Barcelona en el 2013. / FERRAN SENDRA

Poliédrico, coinciden casi todos. Así es este poeta urbano deslenguado, vanidoso (se lo llamó en un plató Mercedes Milá); ‘midralati’ y ‘busquero’ (términos incluidos en su ‘Diccionario de jergas’, porque también ha publicado); listo, niño mimado de Camilo José Cela y Francisco Umbral ("ese punk lee a Balzac", defendía el segundo). Actor y escritor a la par que cantante. Polémico. Y, también, algo después, presentador de concursos televisivos, tertuliano y, en los años 2000, adalid de un canon digital confuso y unos derechos de autor que, en tiempos pre-Spotify, parecían atentados contra la libertad. Fatal. 

Aquel, el de la SGAE, fue un periodo oscuro y Ramoncín dedica un tiempo del metraje para explicar su postura y subrayar su honradez después de ser acusado en 2015 de firmar facturas falsas para sustraer bienes de dicha entidad, cargo del que fue absuelto.

La chulería suprema

Aunque lo mejor son otros momentos. Por ejemplo, las sonrisas sonrojadas que provoca su primera actuación en la TVE de 1978 ante un auditorio de corbatas y cabellos ondulados por  ruleros. Allí, un Ramoncín enjuto, un tirillas, todavía con la nariz aguileña que luego el bisturí hizo boxeadora, desborda chulería suprema de labios pintados, un rombo negro en el ojo derecho y una canción, ‘Marica de terciopelo’, dedicada a los presos políticos. ¡Señor!

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Hay más: la mirada quieta, separada, desafiante, ‘c. tanganera’ que fija sobre sus oponentes, Lola Flores y Lauren Postigo, en un debate televisivo titulado ‘Copla vs. Rock’ que moderaba Jesús Hermida. Y en el que no abre la boca hasta después del intermedio para emitir una respuesta taurina que provoca una ovación ruidosa pero dividida, solo de la mitad de la sala. "O se le quiere, o se le odia, con él no hay término medio", resume en la pantalla José María Íñigo.

La emoción crece al final. "Hemos visto envejecer al rock. Nuestro tiempo de contar cosas se va agotando", admite, sincero, el artista antes de relatar que hoy toca en recintos más pequeños, lejos de aquel concierto multitudinario en el Parque de Atracciones de Madrid en el que se bañó en el foso, hubo huevos cruzando el aire y sus discos (físicos) figuraban entre los más vendidos. Otros tiempos.