06 ago 2020

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080 Barcelona Fashion

Avellaneda: "Me apetece celebrar en Barcelona mis cinco años como marca"

El diseñador clausurará este jueves la 080 con una mezcla de fiesta de graduación y Studio 54

Luis Miguel Marco

Juan Avellaneda, en su estudio.

Juan Avellaneda, en su estudio. / Martí Fradera

Mucha gente cree que Juan Avellaneda va siempre trajeado y no es así, pero, trajeado o no, es puro glamour. Recibe en su estudio de Barcelona, entre Balmes y Diagonal, días antes de su 'performance' en la 080, con la que este jueves celebrará los cinco años de su marca. Se viste para la foto, se calza unos maravillosos 'manolos' y posa con prestancia en uno de los ambientes decorados con su papel pintado. Ya lo vieron en 'Cámbiame' y en 'Masterchef'. Está en su salsa.

-¿Así que el 080 llamó a su puerta?

-Llevaban un tiempo animándome y yo me resistía. Me hablaron de que querían darle un giro, así que les pedí que me dejaran hacer la fiesta de clausura, que es una forma de poder celebrar los cinco años que llevo en esto y que la gente pueda entrar en mi universo. No es un desfile, es un 'party' con modelos que también disfrutarán de la fiesta. Creo que es la mejor manera de ver prendas.

-Avellaneda, la guinda del pastel.

-Eso es. Vendrán mis amigos: Boris Izaguirre, Nieves Álvarez, Aldo Comas, 'influencers' de Madrid y Barcelona... vendrán clientes... Estamos un poco desbordados por la convocatoria. Será en la sala Doménech i Montaner. El otro día cuando les contaba a los del 080 mi idea se morían de risa. Yo quiero hacer una fiesta, les decía, con una mezcla: por un lado los 'prom balls' de Estados Unidos, los bailes de graduación: terciopelo, las camisas con chorreras, los colores pastel, todo medio cursi, que es bastante mi rollo en el fondo, combinado con Studio 54. No sé cómo saldrá, pero yo veo eso.

-¿Sabría describir su mundo estético?

-Me cuesta explicar mi universo. Es un resultado de muchas cosas. Sé lo que me gusta y lo que no me gusta: me guio por el instinto. La moda no es solo ropa, es estilo de vida, es mobiliario, es una corriente artística, unas películas, los amigos, es una mezcla de muchas cosas. De pronto incorporo a mi sastrería unos estampados florales, unos colores en mis papeles pintados que son muy del siglo XVIII, cosas surrealistas como unos ojos o unos dibujos de Lorca que son unos besos que no se juntan porque en aquel momento estaba prohibida la homosexualidad... Aunque no sepa verlo, soy fiel a lo que hago. 

-Después de la tele, ¿ha entrado en otra dimensión?

- Sí, claro. Yo era un producto más nicho, tenía mi público, y de pronto te conviertes en alguien más masivo. Lo mejor es que a mí me han dejado jugar y eso me divierte. Me han dejado entrar en casa de la gente de una forma muy amena. Lo de 'Masterchef' ha sido una locura y cocinar con traje todo un reto.

-Pero con la moda no juega.

-Para nada. Es muy complicada y cada vez más sobre todo cuando eres una marca pequeña. Hay muchos competidores y todo el mundo acaba haciendo un poco lo mismo. Cuando las marcas ven que algo funciona, que tiene tirón, intentan hacer lo mismo y ves muchos clones mal hechos del original. Los que triunfan son lo que hacen algo cierto, real, los que no intentan copiar. Y ojo, todos nos inspiramos, todos cogemos referencias, una cosa no quita la otra, pero lo que no puede ser es que una marca sea muy conocida por hacer complementos con pinchos y todas demás lo sigan. Yo no me puedo quejar, pero vives con inseguridad todo el rato.

-Huye del concepto pasarela y de presentación de dos colecciones al año. ¿Lo ve trasnochado?

-Es un sistema del que no confío demasiado. Yo lo que hago es ver mis propios hábitos de consumo. Quizá veo algo de una gran marca en un desfile y me espero a tenerla, sobre todo accesorio, no nos engañemos. Y tengo comprobado que cuando a un cliente le enseñas una colección completa, 30 'looks', es que se bloquea. Es mejor ir sacando piezas de una en una, o en pequeñas cápsulas, cinco 'looks' máximo, y es mucho más fácil.

-En su faceta de 'influencer' está haciendo mucha pedagogía a la hora de dar una segunda oportunidad a las prendas.

-Me parece básico mezclar cosas nuevas y otras no tanto, eso es educar en el buen gusto y en aprovechar la ropa. El otro día alguien criticaba a Nina porque llevaba un vestido en la gala de 'OT' que era como el de Nieves Álvarez en 'Eurovisión'. Y María Casado llevaba un vestido de Sara Montiel en los Goya. Señores. Me parece perfecto. ¿Por qué no si encima el vestido es maravilloso? Y luego se nos lleva la boca de consumo responsable.

-¿Quién le convenció de que usted es su mejor imagen de marca?

-Eso fue gracias, o por culpa, de Nieves Álvarez. Ella me decía siempre: 'No sé por qué no te pones tú en las fotos. Y me hizo una reflexión: en Estados Unidos esto lo hace Tom Ford y todo el mundo aplaude. ¿Tienes complejo de que la gente diga tal o cual? Pues pasa de todo. Empecé a probar con Instagram, empecé a subir fotos de modelo y mías y las mías como que tenían más 'engagement'. La gente venía al estudio con mi foto porque quería la americana que yo llevaba. A mí me parecía todo muy fuerte. como muy pretencioso. Pero en redes funcionamos muy bien y he acabado siendo yo mi propio modelo. Somos idiotas a veces, porque tenemos demasiados complejos. La tele también me ha enseñado que no puedes gustar a todo el mundo. Siempre habrá alguien que te criticará. Otra cosa que no entiendo es que un diseñador no se vista con su propia ropa.

-¿Se le ha endurecido la piel?

-Sí, pero al principio, cuando empiezas a diseñar tus cosas, y eso nos ha pasado a todos, eres muy vulnerable. 

-¿Y no le dicen que para vestir de Avellaneda hay que ser atrevido?

-En Barcelona me dicen que no hay tantas ocasiones, que no pasan tantas cosas. Y yo les digo que hagan que pasen. Pero es verdad que aquí es todo como más íntimo. Yo por ejemplo nunca he enseñado mi casa en las redes.

-Y desde la Madrid Fashion Week le han tirado también los tejos?

-Sí, pero tendría que encontrar la fórmula porque yo voy sacando pequeñas cápsulas. Y con la tele, las colaboraciones y las redes no he tenido mucho tiempo. En el 080 me metí porque mira, una fiesta en tu ciudad pues apetece. Y me divierte.

-¿Va a probar suerte con las novias?

-Sí, en marzo. Pero la gente se va a llevar una sorpresa porque no serán 'cupcakes'. Es otro concepto. Está enfocado a una novia en segunda nupcia no a una chica joven. Nieves está encantada porque dice que como se ha divorciado ella me lo presenta.

-Siempre piensa en ella y en usted?

-Todo lo que hago para hombre es algo que me pondría yo, no quiero engañar a nadie. Y todo lo que hago para mujer es pensando en ella. Pero no por el cuerpo porque sé que esas medidas de diosa griega son imposibles. Pienso en la actitud, en la forma de moverse, en las facciones, en el estilo de mujer. Insisto, yo tengo clientas que tienen una talla importante. 

-¿Y ha subido precios?

-Al contario, los he bajado, y sin bajar calidad. Yo quiero que la gente pueda comprar las prendas, en tienda o por Internet, y luego que, dentro de las calidades, no sean prohibitivas, que no tengas que dejarte el sueldo de tres meses. Esa era una obsesión que he tenido desde que empecé. Las camisas al principio estaban en los 300 y ahora puedes encontrar desde 75 euros. Las americanas al principio no bajaban de los 800 euros porque no podía hacerlas por menos. Y ahora que puedo producir más están en 350 que tampoco es una gran locura. Un traje con una lana buenísima nuestra está en 700 euros. ¿Sabes qué pasa? Si tienes que competir en precios con un Valentino, con un Lanvin, con un Louis Vuitton te decantas por la marca internacional.  Somos así.