080 BARCELONA FASHION

Joaquín Verdú: "A los jóvenes les digo que después del 'show' hay que vender"

El maestro del punto lanza Vú Barcelona by Joaquin Verdú

Joaquín Verdú. / DAVID DOMÍNGUEZ

Joaquín Verdú.
Bocetos de Joaquin Verdú.
Bocetos de Joaquin Verdú.

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Luis Miguel Marco

Si alguien de la moda piensa en un clásico del punto en Catalunya la respuesta es Joaquín Verdú. Si queda por ahí alguien que todavía recuerde las pasarelas Gaudí y Cibeles, ahí estaba él, en plena forma, acaparando elogios porque siempre ha tenido buena mano. Ilusionado y nervioso, a sus 70 años, el miércoles abrirá la jornada de desfiles de la 080 con un nuevo comienzo desde Igualada: la firma Vú Barcelona by Joaquin Verdú.  

-Sigue balanceándose en el hilo.

-Ahí mismo. La gente no sabe qué es el punto. Y el punto es muy difícil. Nosotros no compramos tejido a metros. Compramos las hilaturas, tejemos nuestros propios tejidos, los suavizamos, luego están los patrones... es todo muy lento y complicado. Siempre lo quiero explicar pero cómo solo me preguntan por ahí qué se va a llevar y los colores. Deja que expliquemos que tenemos un taller con gente muy joven y con tecnología punta y hacemos cosas que nadie tiene cojones de hacer.

-Lo veo en forma.

-El diseñador se hace mayor, son ya 70 años, pero no de cabeza. Mira Armani con 84 y ahí sigue y nadie le tose. Esta profesión la puedes hacer hasta que te mueras, aunque tienes que rodearte de gente joven, eso es fundamental. Esta colección es la celebración de 40 años de pasarela y es como un renacimiento. Se llama 'Ranaissance'.

-La de batallitas que podría emplicar.

-Yo empecé en Pulligan, una empresa emblemática de Mataró extinguida hace años. He trabajado con muchísimas marcas españolas y extranjeras . He desfilado en Nueva York, en Japón, en Madrid. He vivido años gloriosos.  Y he seguido porque hay muy pocos diseñadores que hagan punto. Tienes que ser un poco ingeniero textil. En las escuelas el punto lo explican muy por encima.  

-Entonces quedamos que de retrospectiva nada. 

-No, qué va. Bueno soy yo, pero no es nada nostálgico. Es un cambio radical, joven, fresco. Es comenzar de cero con una marca, con una línea nueva. Es como si ahora vistiera a la nieta de la señora que vestía cuando comencé, para que nos entendamos. 

-Una colección con ambición internacional, de salir fuera.

-Totalmente. Tengo una sobrina en Nueva York, que es la directora de moda de GAP, y ella me dice adelante, tira por aquí. Estoy colaborando con gente que se traga todos los desfiles internacionales. El estilismo es muy importante en la presentación. 

-¿Cuál ha sido el mayor reto?

-Voy a demostrar que con el punto puedo hacer volúmenes, y mezclarlos y trabajarlos como si fuera alta costura. Algunas piezas que se verán en el desfile son únicas y si alguien las quiere se las confeccionaremos. Mostramos más mujer que hombre, aunque la tendencia de las pasarelas es hacia lo unisex, algo que no es nada nuevo, ya lo viví en los 80 y los 90. Pero eso no significa mariconear al hombre. 

-¿Se está volviendo a valorar el diseño?

-Parece que por fin nos hemos dado cuenta de que lo barato, lo producido en China y en la India en situaciones que todos sabemos, no convence y de que vale la pena invertir en ropa de calidad de  buenas marcas. Y te explicaré una anécdota. Yo vivo en Sitges y me encontré con una clienta de toda la vida que me dijo: 'Ven a mi casa que te enseñaré mi armario'. Y no lo podía creer. Me eché a llorar y todo. Vi mi vida perfectamente colgada y es que las prendas estaban impecables perfectas. 'Es que son atemporales' me decía. 'Si alguna vez las quieres para una retrospectiva o para un museo te las dejo, pero no las pienso tirar'. Para mí ese es el mejor premio que me puedan dar, que alguien guarde una prenda tuya como si fuera una pieza de museo, que no es una obra de arte, no lo es.  

-No lo es pero la gente hace cola para ver en los museos la obra de un Balenciaga o de un Saint Laurent.

-Claro, los maestros. Ojo que yo hice una capa como de caperucita roja que está en el Museo Textil de Nueva York y es una obra de arte. Repítelo, me dicen. Y no, es algo único. Aquí dirían mira, el vestidito rojo del Verdú. 

-Mostrar la ropa con modelos en una pasarela es un modelo agotado?

-No. Es la manera de desfilar la que tiene que cambiar. A ver si me explico. Han cambiado los prototipos, las 'tops' ya no son las que eran y son más como gente de la calle. Yo quiero reflejar también que no tengo un prototipo de mujer o de hombre. Es un desfile con negros, asiáticos, mulatos, blancos, pelirrojos...  Se ha acabado eso de que todas vayan con el mismo peinado. Yo es que soy muy urbano, muy Nueva York. Y aquí, que somos más vanguardistas que Madrid, tenemos que dar ejemplo. Yo he desfilado también en la antigua Cibeles y el concepto es muy distinto. También hay gente que dice que hacemos teatro y que eso no se lo pone nadie. Y no, señores, a ver si nos enteramos ya a estas alturas. Eso es la tendencia exagerada y luego eso se refleja en la parte comercial. 

-¿Cualquiera puede permitirse una prenda de Joaquin Verdú?

-No tengo aquí los precios, pero yo quiero pensar que sí, no fastidiemos. Y está demostrado que si la tratas bien te puede durar una vida. Usamos materiales nobles. Y si vendemos fuera, que es lo que espero, los comerciales quieren calidad, nada de poliamidas ni licras ni acrílicos. Buen algodón y buena lana.

-El problema, y eso lo decía hace unos días Juan Duyos, es que talento tenemos, pero el diseño y la industria van cada uno por su lado.

-Esa es la gran cuestión. Yo siempre he tenido un industrial, un director financiero y una fábrica que ha apostado por mí y no me quejo, pero no es lo habitual, y menos con los jóvenes que empiezan. Tienen ilusión, pero están desamparados.

-¿Comparar la 080 con otras pasarela es un error?

-Sí. Esta es una pasarela donde la gran mayoría es gente que comienza y si no estuviera la Generalitat detrás no se haría. Tu piensa en la diferencia con esos grandes conglomerados de la moda, los LVHM y compañía, que dan carta blanca a sus diseñadores para que hagan lo que quieran porque su alcance es global. Es otro nivel. Galliano tenía todo el dinero del mundo para hacer los desfiles de Dior, eso me lo ha dicho él en persona. Y Gaultier, que me arrodillo, ha hecho todo lo que ha querido porque tenía un 'holding' detrás. ¿Cuánto cuesta un desfile de Chanel en el Gran Palais? No hay nadie que pueda pagar eso. Y todo, no te lo pierdas, para acabar vendiendo los accesorios: el bolso, el pañuelo, el zapato, el maquillaje y el perfume, que es donde está el gran negocio.

-Y a los que empiezan, ¿qué les dice?

-Que se bajen un poco del burro y piensen que después del 'show' hay que vender, que es algo que parece que no va con ellos. Y te lo dice alguien que ha dado clases en escuelas de moda. Y todos van de creadores y no lo son. La moda tampoco es hacer un carnaval. Mira las pasarelas de fuera y las grandes marcas: de disfraces nada. 

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-¿Y a los industriales?

-Que es una lástima que, con lo que fue el textil en Catalunya, en Mataró, en Sabadell, en Igualada, años atrás, cuando venían aquí Dona Karan y los Dolce&Gabanna en persona a comprar, los mismos fabricantes se lo hayan cargado, porque no quisieron invertir en maquinaria nueva y en talento y en lugar de gastarse el dinero en las fábricas se lo gastaban en fulanas y en colegios para los críos en Suiza. Y ya está. 

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