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DEBUT LITERARIO

Bruno Oro: "En este país la gente no perdona que quieras hacer dos cosas, no digo ya dos cosas bien"

El actor y músico publica su primera novela: 'Tú buscas amor y yo cobertura'

Luis Miguel Marco

El polifacético actor Bruno Oro presenta su novela ’Tú buscas amor y yo cobertura’  acompañado por las notas del piano del hotel Palace. / JORDI COTRINA

El actor y cantante Bruno Oro (Barcelona, 1978) debuta como escritor con 'Tú buscabas amor y yo cobertura' (publicado por Plan B en castellano y Rosa dels vents en catalán). Una historia que tiene mucho de él y con un punto de vista original, el de su teléfono móvil, que tiene nombre, Nen y que se erige como narrador de una historia que se prolonga durante un año y donde se mezclan el amor, el humor y las recargas de batería. 

-¿Cómo se le ocurrió de que el móvil sería el depositario de esta historia?

- El móvil lo sabe todo de nosotros y hasta podría anticipar lo que pensamos solo por saber qué foto vamos a abrir, a quién le vamos a enviar un wasap o qué llamadas aceptamos o rechazamos. Los móviles en cien años escribirán la historia con mucha más precisión que los historiadores. Pensé que sería interesante y entrañable que el movil escribiera un tramo de la vida de su amo sabiendo que acabará fundido porque teconológicamente está diseñado para morir. y eso le daba además cierto dramatismo.

-Este en concreto se llama Nen.

-Y lo bonito es que a lo largo de la novela se va haciendo cada vez más humano y va entendiendo de los humanos y dándose cuenta de que ser humano es algo terriblemente trágico y patético, pero mucho más divertido que ser un cacharro tecnológico. Yo siempre he pensado que el mundo de las redes sociales no tiene mucha lógica. No entiendo por qué un vídeo de gatos se hace viral.

-Hay mucho de Bruno Oro en este Capo, un actor con casa en Cadaqués como es su caso.

-Sí, aunque he fabulado con cosas que me encantaría que me pasaran. Mi vida no es tan glamurosa ni me he enrollado con ninguna actriz de Hollywood. No puedo darte esa primicia. Pero hay mucho de mí, sí. Al final es una novela que habla de lo que es ser actor. De lo que es estar expuesto y que todo el mundo opine de uno. De ese vacío que sentimos a veces después de habernos volcado. O de la incertidumbre de exponerse a un nuevo proyecto siempre como si empezaras de nuevo y desde cero.

-A usted le han criticado que siendo cómico, encarara un drama. O que grabara un disco. Y seguro que ahora le llaman intruso. Ya sabe, otra cara famosa que se pone a escribir.  

-En este país la gente no perdona que quieras hacer dos cosas, no digo ya dos cosas bien. Déjame hacer lo que quiera y luego juzga. Yo tampoco tengo pretensiones. Te juro que a mí ver ahora mi novela en una estantería entre otros libros de gente a la que admiro me llena de orgullo, pero también me da cierto pudor y vergüenza. 

-Cuáles son sus referentes literarios?

-A mí me encanta escribir teatro y hacer guiones y en esta novela hay mucho diálogo y mucha comedia. Pienso en Julien Barnes, incluso salvando las distancias en mi admirado Julio Cortázar, con ese humor tan cínico. Me gusta la literatura que me haga reír. El 'Sin noticias de Gurb' de Mendoza... 

-Su móvil da risa, anciano con tres años, acomplejado en Estados Unidos, donde todo es más grande.

-Se siente un móvil europeo, que es otro concepto extraño pero nos pasa cuando vamos a Estados Unidos. A mí me pasó.

-¿Usted se sintió tan abatido como su protagonista cuando dejó el 'Polonia' tras diez años imitando a Artur Mas?

-Sí. Fue una catársis. Me eché a un lado, como el expresident en la vida política. Pero tuve después que pasar el duelo. Yo, como mi protagonista, me fui a Buenos Aires y luego a Los Ángeles y Nueva York. También muchos de los personajes de la novela son reales, como César y su pizzeria de Cadaqués, que no tiene móvil y está encantado de la vida.

-¿Cómo se lleva usted con el móvil?

-Antes fatal porque lo veía como un intruso y una amenaza. Colgabas cosas de buen fe y te atacaban. Creo que los dispositivos móviles están acelerando nuestra desvinculación con la naturaleza y con los seres humanos. Cuántas horas les roba a los críos. Cuánto postureo. El movil debería ser un colega que nos ayuda, pero del que podamos prescindir. Tener nuestros momentos detox.

-Ojito con lo que cuelgas que te cuelgan.

-Eso es. Yo hice un vídeo de broma diciendo que en Cadaqués había muchos gabachos este verano y no sentó bien. El humor parece que está en la uci últimamente.

-Los tuits están marcando también la vida política.

-Da qué pensar. Es muy fuerte pero es así. Bueno la política y también el tiempo de ocio. No hay nada que me de más rabia en el teatro que estar actuando y ver caras azules entre el público, engachados con el móvil. O las llamadas en medio de la representación. Y yo pienso: pero si te conviene dejar la vida fuera y entrar en ese momento chamánico de ser partícipes todos juntos de lo que te estamos contando o escuchando. Por eso se inventó el teatro. Y los conciertos.

-Sí da la sensación de que se lo ha pasado bien escribiendo.

-He disfrutado mucho. Me volví loco. Escribí 500 páginas y mi madre me dijo: 'creo que esta novela debería ser más cortita' y corté la mitad, para enganchar al público joven, a los 'millenial'. Mis pretensiones literarias están cumplidas. Para mí es abarcar una nueva faceta. Cuando empecé a escribir era como hacer un diario, como seguir una terapia. Durante tres meses escribí seis horas diarias, con absoluta disciplina. Me obsesioné.

-Hay mucha cocina y mucha música también en sus páginas. Y un piano como el que tenemos hoy en el Ritz.

-Sí. Es que me encanta comer. Y es casa se habla de cocina y se cocina muy bien. Y la música también está ahí. La lista de músicos de los que hablo es de culto. Mi padre me grababa casetes de Miles Davis, Tom Waits, Paco de Lucía y Camarón cuando tenía 8 años y los chavales escuchaban a Rick Ashley. Soy un poco friki, lo sé.