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UN MÚSICO Y UN PERSONAJE SINGULAR

James Rhodes: el flechazo español del pianista 'influencer'

El concertista inglés se convierte en una celebridad digital gracias a sus tuits de encendido amor hacia la gastronomía, la lengua y las costumbres españolas

Juan Fernández

James Rhodes, informal ante su piano.

James Rhodes, informal ante su piano. / JOSÉ S. GUTIÉRREZ

James Rhodes (Londres, 1975) lleva toda su vida desafiando las normas de la lógica y el sentido común. Después de ser violado de forma continuada por su profesor de gimnasia de los 5 a los 9 años y manifestar más tarde esa herida emocional en forma de trastornos mentales, visitas al psiquiátrico y tentativas de suicidio, tenía muchas papeletas para acabar convertido en un despojo humano, pero todo lo que hoy escribe y cuenta transmite la alegría del hombre más feliz del mundo.

Se gana la vida como concertista de piano clásico, pero sus recitales los da en vaqueros y camiseta como una estrella pop y en su currículo cuenta con una participación en el Sónar. No sabe castellano -lo está estudiando- y apenas lleva un año viviendo en Madrid, pero sus artículos de prensa y sus comentarios en Twitter sobre el costumbrismo local son el retrato más certero, fresco y desprejuiciado de la cultura y el carácter de los españoles que circula por la red.

Rhodes actuará el 5 de agosto en el festival Jardins de Terramar de Sitges y el 11 en el de Porta Ferrada, pero muchos de los que se acercarán a escuchar su interpretación de piezas de Rachmaninov, Bach y Chopin, eje habitual de sus recitales, lo harán movidos por una curiosidad que trasciende el interés por la música clásica y que tiene que ver con la dimensión mediática que el pianista ha alcanzado en los últimos meses en España.

Unos le han descubierto leyendo las páginas de ‘Instrumental’ (Blackie Books), la autobiografía que publicó hace tres años donde relata sin tapujos el infierno que vivió en su infancia y la batalla que posteriormente libró, y sigue librando, con ese agujero negro de su pasado (el año pasado firmó su segundo libro, ‘Fugas’, en el que explicaba cómo conciliaba sus giras musicales con su tendencia a la ansiedad). Otros han sabido de él por su colaboración en el programa ‘A vivir que son dos días’ de la cadena SER, donde suele hablar más de la vida que de música. O por las múltiples apariciones que ha tenido como estrella invitada en la prensa y en programas de televisión.

James Rhodes firma ejemplares de 'Instrumental' en el Sant Jordi del año pasado, en Barcelona. / AFERRAN NADEU

Pero lo que ha acabado convirtiéndole en una auténtica celebridad es su perfil de Twitter, donde cuenta con 118.000 seguidores y mantiene una intensa producción de mensajes en los que, aparte de hablar de música, se dedica a llamar la atención sobre las particularidades de la lengua de Cervantes -últimamente también se ha atrevido a tuitear en gallego y catalán-, ensalzar las costumbres españolas y expresar el profundo amor que siente hacia el país que le ha acogido con los brazos abiertos.

No hay nada como un británico pasmado y avispado para descubrir cómo somos a través de su mirada. Con la perplejidad despejada de un extraterrestre recién aterrizado, Rhodes se sorprendía hace poco de la riqueza del castellano como fuente de insultos ingeniosos y se atrevía con un diccionario urgente para guiris que quisieran conocer el significado de expresiones como lameculos, mamarracho o perroflauta, no sin antes prevenirles contra el peligro de las palabras tritónicas.

Empedernido comilón, en tuits cargados de palabrotas -las adora, se considera a sí mismo creador del taco “doble coño”- acostumbra a expresar su amor por hallazgos gastronómicos como las torrijas, el salmorejo, las croquetas y los churros, así como de tradiciones 'typical spanish' como la merienda.

Convencido de que “en España todo es mejor”, la simpatía con que la comunidad tuitera local lo ha adoptado como el mejor embajador de nuestra cultura en la red no le ha librado de recibir el reproche de una minoría que considera “cursi” y “sospechosa” tanta devoción.

Es sabido que Twitter es también un nido de víboras, sobre todo en un país fan de la saña como este, y al pianista han llegado a afearle, incluso, que haya ganado dinero contando su pasado de víctima de violaciones, observación que el músico ha zanjado cortando por lo sano: “Daría todo lo que tengo, cada centavo, por no haber sido violado ni una sola vez, experimentar esa libertad. Si tan solo algunas personas realmente pudieran entender eso... Me rompe el corazón que no puedan”, ha contestado a sus críticos.

A Rhodes le sonríe la vida. Reside en Madrid junto a su novia, la modelo y actriz argentina Micaela Breque (expareja del cantante Andrés Calamaro) y no le faltan ni los encargos laborales ni el cariño de la gente, pero el pianista no descuida la delicada misión por la que decidió convertirse en un personaje público: denunciar los abusos sexuales en la infancia. El mismo artista que bromea con el patio de butacas en sus conciertos y escribe tuits cargados de humor, sabe también ponerse serio para dar charlas por todo el país sobre violaciones a menores. Al fin y al cabo, como él mismo ha reconocido, esa es una sombra que las mieles del éxito no han logrado alejar de su lado.