POLÍTICO DE MODA

Justin Trudeau publica su autobiografía

En 'Todo aquello que nos une' explica cómo ha sido su vida hasta que llegó a la presidencia de Canadá

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. / REUTERS / CARLOS JASSO

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Luis Miguel Marco / Barcelona

En una de sus últimas entradas en Instagram, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, aparece junto a su mujer, Sophie, y sus tres hijos, enfrentándose en casa a un puzzle de mil piezas. Es una más de las imágenes cercanas y familiares que le gusta ofrecer a este hombre de 45 años, hijo mayor del fallecido primer ministro Pierre Trudeau.

Ahora se publica en España su autobiografía 'Todo aquello que nos une' (editorial Deusto), un libro de 266 páginas que lo presenta en portada –aunque en el texto ni lo cita porque el libro está escrito antes de su victoria de 2015– como el gran antagonista de su homólogo estadounidense, Donald Trump. 

Trudeau, estos días de viaje oficial en México, es un liberal convencido desde la cuna. Gran lector y orador, defensor del matrimonio homosexual, feminista, ecologista, federalista, bilingüe, partidario ferviente de la multiculturalidad, de la legalización de la marihuana, de la acogida de miles de refugiados sirios... y encima, digámoslo ya, uno de los políticos más guapos del paronama actual. Ha sido portada de numerosas cabeceras y cada uno de sus estilismo es mirado con lupa, como sus célebres ya calcetines de 'Star Wars'.

Madre bipolar

Escrito en primera persona, en el libro repasa cómo fue su infancia cuando su padre era primer ministro por el Partido Liberal, en el 24 de Sussex Drive, en Otawa. Una mansión por la que pasaron desde Ronald Reagan a Olof Palme o una recién casada Lady Di. Describe su amor por la naturaleza, su pasión por el esquí y no elude cómo vivió el turbulento matrimonio de sus padres y el trastorno bipolar de su madre, Margaret Joan Sinclair, "prisionera" en la residencia oficial.

Margaret fue una 'hippy", y esto no lo dice su hijo, con una intensa vida social junto a muchas celebridades de los setenta, de los Rolling Stones a Whahol. Ya lo contó ella en sus propias memorias. El protagonisto se lo lleva su padre: "Esperaba de nosotros que supiéramos historia, teología católica y la base de la filosofía tan bien como sabíamos hacer un giro en paralelo sobre los esquís", recuerda alguien que fue educado en uno de los colegios privados más prestigiosos del país y fue a la universidad McGill en Montreal.

De portero a instructor de 'snowboard'

Trudeu no escatima anécdotas como la de su trabajo como "diplomático" portero de discoteca -"mi sensatez era mi mayor activo y aprendí mucho de la naturaleza humana"–. Fue también instructor de 'snowboard'. También recuerda el rendimiento político que obtuvo de su afición y práctica del boxeo, enfrentándose en el ring con un conservador en una pelea para recaudar fondos. Habla de sus años de acné juvenil. O de un viaje iniciático por medio mundo, que le llevó por cierto a atravesar Francia y España en dirección a Marruecos "acampado detrás de estaciones de servicio de las autopistas, impacientes por dejar atrás suelo europeo". También de la muerte de su hermano pequeño Michel en un alud.

Recuerda su flechazo con Sophie Grégoire "el espíritu más original, elocuente, apasionado e intenso que he conocido nunca. Su vulnerabilidad, inteligencia e intuición son estimulantes, y solo puedo amarla más cada día que pasa", escribe de ella. 

El referéndum de Quebec

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Y no elude el "abismo" de 1995, cuando se escapó la ruptura en el referéndum por la independencia de Quebec. "Cuánto hubiera cambiado nuestro país si solo 27.145 votantes a favor del no hubieran decidido apoyar a los separatistas. Es probable que no existiera Canadá. ¿Y qué mensaje habríamos ofrecido al mundo? Si incluso un país tan respetuoso con las diversidades hubiera fracasado a la hora de reconciliar sus diferencias, ¿qué esperanza habría tenido el resto del mundo de entenderse? Es una cuestión que me impulsa a seguir adelante".

Sin pasar por alto que los abundantes recursos naturales y la reducida población han servido para paliar los efectos de la crisis, asegura que aceptar la multiculturalidad ha sido uno de los grandes aciertos de Canadá.