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CUARTO HOMENAJE AL ARTISTA DE LA RAMBLA

Fiesta loca en el Ocaña

La 'troupe' del Cabaret Plata de Zaragona pusieron erotismo y desparpajo a la noche

LUIS MIGUEL MARCO / BARCELONA

Lluvia de confeti en el Ocaña, con motivo del cuarto homenaje al artista que da nombre al local de la Plaça Reial.

Lluvia de confeti en el Ocaña, con motivo del cuarto homenaje al artista que da nombre al local de la Plaça Reial. / LEO CANET

Noche de transgresión, de plumas y de lluvia de confeti, como al malogrado artista sevillano José Pérez Ocaña le hubiera gustado, aunque bien pensado quizá a él le hubiera sabido a poco. Noche festiva la del pasado lunes en el Ocaña de la Plaza Reial.

Joaquima Laguna montó el cuarto homenaje y recuerdo del artista que da nombre a su establecimiento y que ella conocío. "Era un número verlo por las Ramblas en los años 70, antes de la muerte del dictador y después, provocando a todo el mundo, vestido de mujer o ligero de ropa".

La 'troupe' del Cabaret Plata de Zaragoza, el mismo que se consagró bajo la batuta de otro hedonista confeso, el desaparecido director de cine Bigas Luna, fue la encargada de la parte escenográfica. Parodias de folclóricas, angelitos con alas y mostrando su sexo, bailes eróticos y otras picardías cabareteras hicieron que los muchos presentes alzaran la vista hacia los balcones de este espacio lúdicogastronómico donde actuaron. Algo más arriba, se veía también la imagen de un joven Ocaña y de alguna de sus vírgenes preferidas.

La artista parisina Dorothée Selz fue también protagonista. Suya era un instalación de cuatro metros de altura en forma de espiral realizada en verde y fucsia, colores 'ocañeros', y formada por mil pinchos variados elaborados por el chef del local, Martin Schanninge, que se ofrecieron a modo de aperitivo. 

A la fiesta asistió, ya avanzada la noche, el dibujante Nazario, que este año ha publicado con Anagrama un libro de memorias imprescindible para conocer su historia, la de su amigo Ocaña y la de una Barcelona que ya no existe. Su título: 'La vida cotidiana del dibujante underground'. En él se habla de una Barcelona libertaria y libertina, canalla y contracultural. "Nada que ver con esta otra Barcelona entregada al turismo, que es como un caballo de Atila que todo lo devasta y arrrasa", explica Nazario.

Fieles a su cita anual, también acudieron una corte de travestis vestidas de negro y con mantilla, en la mejor tradición ramblera, y en una noche que tuvo también sabor a tequila: el grupo México Folclórico desgranó un repertorio de rancheras, corridos y boleros.