23 sep 2020

Ir a contenido

Michael Douglas resucita

Emilio Pérez de Rozas

¿Nueva lección de periodismo moderno? O, simplemente, vieja lección de periodismo moderno. Ahora que los directores y editores más emblemáticos, incluso auténticos buques insignias del periodismo europeo, han decidido matar el papel, el diario que se toca con las manos, se mancha con el café con leche y aún huele a tinta, aunque cada vez menos, asistimos a otra prueba, una más y van mil, de qué ocurre cuando hacemos periodismo líquido, de red, de 'cortar y pegar' o, simplemente, copiar.

Matamos, o casi, a Michael Douglas cuando, el pasado 11 de marzo, uno de los medios que más ruido hace y más dinero gana (y más falsedades y mentiras publica) dijo que se estaba muriendo. No fue, no, una cuestión de la que culpar a Twitter, Facebook o a las redes sociales (que también), sino de ignorancia, que siempre ha sido (hoy, ayer y hace un siglo) una mala manera de hacer periodismo.

La noticia de que Michael Douglas estaba enfermo terminal la publicamos (con mayor o menor alegría y rotundidad en los titulares) casi todo el mundo. La noticia citaba dos fuentes: 'National Enquirer' y 'Radaroline'. En realidad era una sola fuente, ya que ‘Radaronline’ es la versión web del 'National Enquirer', que es una revista de formato pequeño, portátil, que se vende en supermercados y gasolineras en Estados Unidos. La revista es, básicamente, un compendio de mentiras, rumores, bulos, suposiciones. Todo el mundo lo sabe. Nadie se lo toma en serio. Ni siquiera le caen querellas porque nadie se cree lo que publican… excepto, parece ser, los medios de comunicación de medio mundo.

¿La persona, el periodista, si lo era, que cogió la noticia del 'National Enquirer', la tradujo, le puso las negritas, los links, el MetaTitle, las palabras claves y la URL sabía qué es el 'National Enquirer'? Lo dudo. Si lo sabía, ¿se lo dijo a su jefe? Lo dudo. Si lo hizo, ¿su jefe sabía qué es el 'National Enquirer'? Lo dudo. Si lo sabía, ¿le importó para publicarla? No.

Hace mucho tiempo que el periodismo zanjó el debate de que si publicas noticias falsas sensacionales (como la inminente muerte de Michael Douglas) tendrás audiencia (el 'National Enquirer' es un producto de papel muy lucrativo). Hace mucho tiempo que sabemos que si vas a un bar y escuchas que alguien le dice a alguien que Muriel Casals ha muerto y lo publicas sin llamar al hospital, a la familia y/o a la organización a la cual pertenece corres un enorme riesgo de equivocarte. Hace mucho tiempo que sabemos que si pones sexo en tu portada te da más audiencia.

Y todo eso, y más, no tiene nada que ver con el soporte, con el papel o la red. Tiene que ver con hacer periodismo. Ni siquiera buen periodismo; periodismo a secas. De ahí que uno siga teniendo la sensación de que muchas cosas que aparecen en las redes sociales no aparecen en el papel, pues los diarios intentan mantener intacta su credibilidad y continúan exigiendo las respuestas de todas las preguntas y, al menos, tres fuentes fiables antes de publicar, imprimir, una noticia.