el personaje de la semana

Fernando Trueba, enredado con España

"No me he sentido español ni cinco minutos", dijo al recoger el Premio Nacional de Cinematografía, y la frase ha convertido al director madrileño en diana de insultos y reproches

Según matizó luego, solo pretendía atacar a los nacionalismos

Fernando Trueba, enredado con España

TÀSSIES

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JUAN FERNÁNDEZ

Veintitrés años después, sigue sin haber noticias de grupos religiosos norteamericanos que se sintieran ofendidos porque el director de cine Fernando Trueba afirmara al recoger el Oscar a la mejor película de habla no inglesa de 1992: «Quisiera creer en Dios para darle las gracias, pero solo creo en Billy Wilder, él es mi verdadero Dios. Gracias, mister Wilder».

No parece que aquella declaración de principios ateísta rasgara vestidura ni sotana alguna. Muy distinto destino ha tenido la confesión antiespañolista que el cineasta hizo el pasado fin de semana en San Sebastián al recoger el Premio Nacional de Cinematografía en presencia del ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. Su frase -«no me he sentido español ni cinco minutos»-,sonó como un trueno en la sala, y su eco sigue retumbando por todo el país una semana después.

De «desagradecido» para arriba, los insultos y reproches contra el realizador no han parado de llover desde el instante siguiente a su declaración, en la que también añadió que preferiría que la guerra de la independencia la hubiesen ganado los franceses y que no acostumbra a ir con España en las competiciones deportivas internacionales, salvo cuando la Roja ganó el Mundial de Sudáfrica. A Trueba le recriminan que hiciera esas afirmaciones justo cuando estaba recibiendo un premio nacional dotado con 30.000 euros.

Patriotas suizos y andorranos

La tormenta desatada ha obligado al cineasta a aclarar que sus palabras no pretendían ofender a España ni a los españoles, sino que iban dirigidas contra el nacionalismo. «Soy español, pago mis impuestos aquí y no tengo cuentas ni en Suiza ni en Andorra como algunos patriotas, pero no tengo sentimientos nacionalistas, ni me gusta darle a la gente con España en la cabeza como hacen otros», declaró el jueves a Onda Cero.

Tres días antes, en un acto de la Academia del Cine, el director confesaba que la intención de su discurso había sido, precisamente, la contraria a la conseguida: «Pensé hacer algo humorístico, que la gente se riera, pero que no fuera conflictivo. Con las películas, a veces uno quiere hacer una comedia y le sale un drama», se lamentó.

La filmografía de Fernando Trueba dista mucho de ser la de un provocador. Desde su debut tras la cámara en 1980 con Ópera Prima hasta su oscarizada Belle Époque de 1992, y desde su hollywoodense Two Much

 

de 1995 hasta su musical y animada Chico y Rita del 2010, su cine ha basculado entre la risa y la emoción, pero ha huido permanentemente del debate y la crispación. Sin embargo, al ciudadano Trueba le ha gustado siempre aprovechar la presencia de los micrófonos para exponer sus personales puntos de vista sobre los asuntos de la actualidad, consciente de su capacidad para desconcertar.

Generoso dando titulares y aportando agudas reflexiones, sus entrevistas suelen hacer pensar tanto como dan que hablar. No es de extrañar que en la alfombra roja de los premios Goya, la suya suela ser una de las bocas más perseguidas por los periodistas que buscan declaraciones jugosas con las que adornar las crónicas.

«Vivimos bajo el imperio de los contables. No me importa que venga o no venga el ministro, lo que me importa es que pague», decía en la pasada edición de la gala a cuento del plantón de Wert. «Los políticos españoles nunca han respetado el cine», declaraba el día que le comunicaron que el Gobierno le concedía el premio Nacional de Cinematografía.

Una vida de «bocazas»

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Hace nueve años, con las calles de Madrid ocupadas por los puestos de recogida de firmas contra el Estatut, el realizador madrileño proclamaba en una entrevista en el diario El País: «Me gustaría ser catalán». El jueves, suspirando aún por el jardín en el que se ha metido con su declaración antiespañola, reconocía: «Toda mi vida he sido muy bocazas».

Saciada su otra gran pasión, la música, con la producción de discos de cuidada factura como Lágrimas negras o el último álbum de Estrella Morente, el padre del realizador Jonás Trueba y hermano del también cineasta David Trueba, casado además con la productora Cristina Huete, sigue respirando cine a estas alturas de la película. Empezó en el oficio como crítico cinematográfico antes de apoyar su ojo izquierdo en el objetivo de una cámara y ahora, a sus 60 años recién cumplidos, se prepara para empezar a rodar -en principio a comienzos del 2016- su próxima cinta: la secuela de La niña de tus ojos, en la que cuenta qué fue de los personajes de aquella película 18 años después. Su título ya anticipa la controversia y las puyas que le caerán a cuento de sus sentimientos identitarios: se llamará La reina de España.