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El farero de la isla

Alberto Rodríguez, director de 'La isla mínima', prepara ya su próxima película, sobre la figura de Francisco Paesa y la fuga de Luis Roldán

JUAN FERNÁNDEZ / MADRID

La película del éxito de 'La isla mínima', que alcanzó su clímax el sábado por la noche en la gala de los premios Goya, empezó a escribirse hace cinco meses en San Sebastián. «Normalmente no veo los pases de mis películas, pero esa vez entré a la sala del Kursaal diez minutos antes de que acabara. Cuando vi la cara del público mirando atentamente la pantalla en silencio, me dije: 'Creo que esta película va a funcionar'», contaba Alberto Rodríguez, director de la cinta, agarrado a uno de los diez cabezones que acababa de cosechar la cinta.

Con pareja sinceridad, el cineasta sevillano confiesa que aquel día no sospechó la que se le avecinaba: tras un más que fecundo paso por las salas, donde ha recaudado 6 millones de euros y ha sido vista por un millón de espectadores, la producción ha acaparado los mejores premios en los principales de festivales y certámenes cinematográficos del país, hasta ser coronada en los Goya como la mejor película del año, y a él como mejor director y coautor del guion original más acertado.

Imposible para Rodríguez, por cercanía, desentrañar las claves de ese éxito. «'La isla' tiene un primer visionado maravilloso, pero yo no puedo disfrutarlo porque me conozco cada detalle», declaraba el realizador, quien sintió la llamada de la inspiración para componer esta historia tras ver una exposición de fotografía protagonizada por los habitantes de las marismas del Guadalquivir. Pura Andalucía profunda.

El primer escarceo

Cualidades propias al margen, Alberto Rodríguez cree que 'La isla mínima' se ha beneficiado del momento dulce que vive hoy el celuloide nacional. «El público se ha reconciliado con el cine español. No voy a las cifras, voy a lo que piensa el ciudadano de a pie. Llevábamos varios años haciendo un cine muy diverso y solo nos faltaba superar ciertos mitos para conectar con el público. Si fuera una relación amorosa, digamos que este ha sido el primer escarceo. Vamos a ver en qué queda», analizaba el director.

Por lo pronto, parece que ese idilio se ha prolongado hasta la fiesta anual del cine: la retransmisión de la gala se ha recuperado del bajón de audiencia que sufrió el año pasado y ha atraído la atención de 3,8 millones de espectadores, logrando el 24,7% de la cuota de pantalla.

La alegría de Rodríguez por su triunfo en los Goya sintonizaba con el ambiente festivo y complaciente que se respiró en la ceremonia, menos quejumbrosa que en anteriores ocasiones y también menos politizada. Al respecto, el triunfador de la noche hacía suya la propuesta lanzada por el presidente de la Academia, Enrique González Macho, de hacer del cine «una cuestión de Estado», y afirmaba: «La cultura debe dejar de ser un arma arrojadiza entre la izquierda y la derecha».Minutos antes, el director de La isla mínima había unido su voz a la del resto del auditorio que, puesto en pie, coreó entusiasmado la canción Resistiré del Dúo dinámico. «Ha sido el único gesto de protesta de toda la noche. Ha sido, más bien, la expresión de nuestra actual actitud vital. Estamos obligados a resistir, queremos resistir».

En realidad, la hoja de ruta de Rodríguez es en estos momentos más ambiciosa. Tiene firmada la dirección de una serie de televisión ambientada en la Sevilla del siglo XVI y acaba de terminar el guion de su próximo largometraje. Trata sobre la figura de Francisco Paesa y recorre los meses en los que Luis Roldán, aconsejado por antiguo colaborador del servicio secreto español, estuvo prófugo de la justicia a principios de los 90. Rodará en Madrid, París, Suiza y Singapur. Pero esa ya es otra película, y otra historia.

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