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PROTAGONISTA DE 'OCHO APELLIDOS VASCOS'

«A la gente se le ha ido la olla»

Dani Rovira regresa al monólogo mientras digiere el éxito del cine

OLGA PEREDA
MADRID

El precio del éxito es tener un paparazi a la puerta de tu casa cada día. Salir a la calle a las diez de la noche para pasear a tus perros y que la gente que asalte y pida fotos. Sentirse en un Gran Hermano. Irse de vacaciones con los amigos y aparecer en la prensa del corazón. «Tirarse un pedo y estar en las portadas». Dani Rovira (Málaga, 1980) está pagando el precio de protagonizar la película española más taquillera de la historia, la comedia Ocho apellidos vascos. «A la gente se le ha ido la olla. Y para esto nadie te prepara. Es muy jodido seguir con una vida normal. Parece que el mundo gira en torno a mí», admite el actor, que se ha convertido en el objetivo de todas las miradas, pero que está convencido de que en unos cuatro o cinco meses la espuma bajará. Y su mundo volverá a ser el que era. Más o menos.

De momento, a lo que ha vuelto Rovira es a los monólogos, su verdadera pasión profesional. Desde que se sacó el carnet de conducir, con 24 años, se ha hecho 400.000 kilómetros recorriendo España de garito en garito. A veces había diez personas. Otras había cien, pero 20 estaban borrachos. Bolo a bolo, el actor -que empezó de cuentacuentos- se fue ganando prestigio. Y lo de ahora, tras el tsunami de Ocho apellidos vascos, es la locura. «Las entradas se venden mucho más rápido. Llegas al escenario, no dices nada y la gente ya se está riendo. Me está pasando lo contrario que al principio, cuando tenían que pasar 15 minutos de lucha espartana para arrancar risas», comenta Rovira, que hasta el 2 de junio estará en el Teatro Compac de Madrid con ¿Quieres salir conmigo?, uno de los espectáculos que más alegrías le ha dado a lo largo de su carrera y con el que estuvo tres temporadas en Barcelona.

TÍMIDO Y DISCRETO / «En la vida real soy tímido y discreto. Puedo ser, incluso, un puto desastre. Pero cuando subo a un escenario mandan mis cojones. Es lo que mejor sé hacer. Encima de un escenario no me tose nadie. Eso sí, luego me bajo y soy un mierda», explica el malagueño, que también tuvo muchas posibilidades de acabar como profesor de educación física en un instituto. Por la presión familiar de estudiar una carrera, Rovira se licenció en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la Universidad de Granada. Nunca ejerció, pero es consciente de que habría sido feliz enseñando a los chavales. El becario graciosillo de B&B (Tele 5) tiene otro título en el cajón, el de quiromasajista, una profesión que estudió por si acaso la interpretación no le sonreía.

ESPERANDO EL FALLO/ De sus palabras y gestos se deduce que a Rovira -a quien la prensa rosa relaciona con su compañera de reparto en la película, Clara Lago- no se le ha subido el ego. Y eso que muchos admiradores le dicen que es el mejor actor de España. «Me venden como el chico perfecto, pero, en realidad, la gente está esperando a que falle, a que la cague. Eso es un deporte muy español. Si lo hicieron con Messi, que es Dios, ¿cómo no lo van  a hacer conmigo, un don nadie?»

La agenda del malagueño, además de por los monólogos, pasa por la televisión (B&B) y por recibir más proyectos de cine. Entre ellos, la secuela de Ocho apellidos vascosNueve apellidos catalanes. «No hablo mucho catalán, solo un poco. Pero lo entiendo perfectamente. Tuve una novia catalana y mi representante es de Girona», destaca. ¿Llevará la secuela a los cines a más de siete millones y medio de españoles, como la original? Nadie lo sabe. Tampoco Rovira, que sí tiene claro que hacer reír a la gente, especialmente con los monólogos, es algo precioso. «Tan precioso como dar placer a la persona que quieres».