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Vikram Chatwal

Prometido 'interruptus'

El magnate sij pidió en matrimonio a Esther Cañadas en la catedral de San Patricio. Tres semanas más tarde, ha anunciado que rompen el compromiso y siguen «como amigos»

NÚRIA MARRÓN

Si el negociado de las socialités estuviera regido por la meritocracia, nadie acapararía más columnas del cortacabezas Pérez Hilton, ni más titulares irónicamente sangrantes en los tabloides que el magnate hotelero Vikram Chatwal. Para quienes su nombre y apellido sea un amasijo de consonantes impronunciables: Chatwal es el millonario que hace apenas tres semanas se llevó a la modelo Esther Cañadas a la catedral de San Patricio de Nueva York, hincó la rodilla en el altar, se sacó un diamante de 8,5 quilates del bolsillo y le preguntó si quería ser su (segunda) mujer. Ella le contestó que sí, que claro que lo aceptaba como (tercer) marido. Y 21 días más tarde, Chatwal llamó a su redactor de confianza del New York Post y le comunicó que habían cambiado de idea, que, eso sí, seguían siendo grandes amigos.

Los antecedentes empresariales, nupciales e incluso policiales de este billonario de visa bulímica y ojeras canallescas dejarían en cosa de párvulos el ramillete de excesos de Paris Hilton -por seguir en el ramo hotelero-, Lindsay Lohan, Britney Spears y todas esas famosas que cada día aparecen en los tabloides despellejadas a cuenta de si han engordado o si han sido fotografiadas como si necesitaran imperiosamente entrar en un psiquiátrico porque ese día han salido a la calle sin secarse el pelo.

Sin embargo, la vida de Chatwal se ha descrito desde Forbes, que babeaba ante sus cuentas, y el Vogue, que lo convirtió en el primer sij en portada. Por estas tribunas, por ejemplo, se sabe que el magnate nació en Addis Abeba en 1972 y que se mudó con el resto de la familia primero a Montreal y luego a Nueva York, donde aterrizó en los años 80 matriculado en el elitista United Nations International School. Que luego estudió en el Wharton School of Business, donde hizo suyo aquel aforismo warholiano de que no hay arte más elevado que el de las finanzas. Tras trabajar para Morgan Stanley, en 1999 ya había abierto Time, su primer hotel en Nueva York.

Cuenta la leyenda que su padre, el magnate hotelero Sant Singh Chatwal, dueño de la cadena Hampshire Resorts y cinco veces investigado en la India por fraude bancario (y cinco veces absuelto), saludó el carísimo futurismo del establecimiento con las siguientes palabras: «Mi hijo no sabe lo que cuesta el dinero».Volvió a mostrar ignorancia en febrero del 2006, cuando se casó con la modelo Priya Sachdev en una celebración multipantalla que se festejó en tres ciudades indias durante 10 días y para la que se acreditaron más de 100 periodistas. Los 20 millones de dólares que costó la convirtieron por derecho (de facturas) en la tercera boda más cara de la historia. El tour de force económico fue subrayado con la lista de invitados, en la que figuraron desde el expresidente Bill Clinton, hasta el magnate del acero Laksmi Mittal, la modelo Naomi Campbell, el rapero Puff Daddy y Nicolás de Grecia.

Más hoteles y más fiestas

La vida continuaba entre nuevos hoteles para su compañía -como el Plaza de Nueva York-, fiestas en yates, jets privados, champán en Las Vegas y, a la mañana siguiente, alka-seltzer e ibuprofeno en Bangkok. Muy pronto, su turbante, collares, camisas desabrochadas hasta el esternón, tatuajes y abrigos de visón aparecieron en la categoría de mejores partidos del mundo en la portada de la revista Radar y en el programa The Bachelor de la BBC. En el 2004, protagonizó la película de Bollywood One dollar curry; en el 2005 fue nombrado el empresario del año del sur de Asia y, un año más tarde, se entronizó en la portada de la edición asiática de Forbes.El 2009, sin embargo, fue inventariado como el año de su primer ingreso en una clínica para tratar sus adicciones a las drogas y el alcohol. Al año siguiente recibió un burofax-amenaza en el que se le advertía que o realizaba un pago sobre la hipoteca de 99 millones de dólares que pesaba sobre el hotel Dream de Manhattan o empezaban los trámites de ejecución. En el 2011 se separó de su mujer y por cuarta vez ingresó en un centro de desintoxicación. Su paso por el circuito de las clínicas de rehabilitación de lujo tuvo escaso éxito, por lo menos hasta abril, cuando fue detenido en el aeropuerto de Florida con el drugstore a cuestas: llevaba seis gramos de heroína y una cantidad no aclarada de cocaína, marihuana, Xanax y Lorazepam (ansiolíticos) y ketamina (anestesia para caballos). Acusado de tráfico de drogas, fue condenado a 12 meses de tratamiento que sigue en el Hospital Silver Hill de Connecticut.

Para suerte suya, pocas ironías, poca saña y pocos pobre-niño-rico ha provocado su figura en comparación a, por ejemplo, ligues suyos como Lindsay Lohan y Kate Moss. El descuartizamiento de señores magnates no debe de entrar en plan de negocio del cotilleo.