Antonio Banderas: «Soy un insensato vehemente»

El actor, de 53 años, huye de lo cerebral y reconoce que toma decisiones importantes en cuestión de segundos, como la de convertirse en adalid del cine de animación 'made in Spain'.

Banderas, el pasado miércoles en Madrid, donde presentó ’Justin y la espada de valor’, cinta de animación que coproduce.

Banderas, el pasado miércoles en Madrid, donde presentó ’Justin y la espada de valor’, cinta de animación que coproduce. / DAVID CASTRO

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OLGA PEREDA

Asus 53 años, Antonio Banderas ha asumido que no es (y nunca lo será) una persona cerebral. Lo suyo son los impulsos. Como el que le llevó a emigrar de su Málaga natal a Madrid. «No tenía un duro y me alimentaba solo de palmeras de chocolate», cuenta sin complejos. También fue otro impulso el que le llevó a vender su  preciosa moto para hacer las maletas e iniciar una carrera en Estados Unidos, que en aquellos años era terreno inhóspito para los españolitos aspirantes a actores. «Soy un insensato vehemente que ha tomado las decisiones más importantes de su vida en segundos. Me voy pallá y me voy. Todas las cosas positivas de mi vida me han pasado por impulsos», comenta el actor que, antes de iniciar la entrevista, pide permiso para fumar. Su mechero solo enciende American Spirit, así que mira con recelo el cigarrillo mentolado que le ofrecen. Los reparos se van con la primera calada.

Banderas llegó esta semana a Madrid para promocionar (y es de los que sudan la camiseta) Justin y la espada del valor, película española de animación (se estrena el próximo viernes) de la que es productor y con la que se ha jugado los cuartos. «Hemos pedido préstamos, avalado con propiedades. No tenemos ninguna televisión detrás. La hemos hecho a pulmón», comenta entre calada y calada.

No todo es Pixar

Con un filme infantil que derrocha potencia visual y técnica, y que narra las aventuras de un jovencito que quiere ser caballero de armadura, Banderas quiere plantar cara a Hollywood. Quiere demostrar que no todo es Pixar (Wall.e) y Dreamworks (Shrek). Quiere que el mundo sepa que en Andalucía también saben hacer animación. Y de la buena. «No solo somos un país de sol, playa y olivas. También tenemos gente con talento que desarrolla programas informáticos y un 3D propio. Me he pateado Cannes, Los Ángeles y Londres para vender la película. He hablado con chinos, con rusos... Y todo el mundo me pregunta: '¿Pero esto está hecho en Andalucía?'».Sí, concretamente, en un estudio de Granada, Kandor Graphics, que en el 2008, y bajo la asistencia de Banderas, dio a luz su primera criatura: El lince perdido, dirigida por Manuel Sicilia al igual que Justin y la espada de valor. El protagonista de La piel que habito se ríe cuando alguien llama «estudio» a Kandor Graphics. «Es una nave, un almacén cargado de ordenadores que trabajan las 24 horas y que siempre tienen que estar refrigerados, así que si entras ahí tienes que hacerlo con un abrigo».

Su esposa, Melanie Griffith, no es muy fan que digamos del género de la animación. «No le gusta mucho, es verdad. Pero al resto de la familia sí», admite el actor, cuyo enamoramiento de ese tipo de cine comenzó con Shrek y su personaje del Gato con Botas. El malagueño, por más Quijote que sea, es consciente de que no puede comparar la animación made in Spain con EEUU, donde todo es a lo bestia. Un ejemplo: «Jeffrey Katzenberg [fundador de Dream-works] nos llevó a Cameron Díaz y a mí a las semifinales de American idol, donde aparecimos 30 segundos. El estudio pagó 10 millones de dólares por aquello, pero es que lo vieron 45 millones de personas. Un bombazo que colocó Shrek 4 en una noche». Igualito que en España.

No solo por cómo habla sino por cómo luce camiseta blanca y vaqueros raídos, Banderas está fibroso, en plena forma. No aparenta, ni de lejos, las 53 velas que sopló en agosto. «Sufro una regresión en el tiempo. Dentro de nada veré a un chaval por la calle y diré: 'Mira, soy yo'», sonríe.

Cómo ser recordado

Con más de 80 películas a sus espaldas, sigue pensado que todavía no ha hecho la obra por la que será recordado. Aunque, segundos más tarde, rectifica y dice: «Están los siete trabajos con Almodóvar, mi marcha a Hollywood... Quizá se me recuerde por eso». O, quizá, se le recuerde por Autómata, que acaba de rodar bajo la batuta de Gabe Ibáñez (Hierro). «También la hemos hecho sin una televisión detrás y sin subvenciones. Es una película de autor, aunque tiene muchos efectos digitales. Todo lo que he ganado en EEUU me lo voy a gastar aquí», destaca riéndose. Y que conste que lleva a rajatabla el principal consejo que le dio su padre: «No te gastes nunca lo que no tienes».

Autómata no es el único proyecto que tiene a corto plazo. Ahora mismo está rodando la tercera entrega de Los mercenarios, que «más que una película de acción es una comedia». Y después, se pondrá en la piel de un pirata en una película de Bob Esponja, donde será el único actor real.

Los capirotes

En su casa de Los Ángeles no hay un Oscar. Sin embargo, siempre le vemos mucho más cómodo en el mundillo de Hollywood, incluso en la red carpet, que a su colega Javier Bardem. También le vemos mucho más cómodo en España. Y eso a pesar de que cuando sale a pasear, se tiene que parar cada segundo porque la gente le reclama una foto con el móvil. Por eso le gusta tanto la Semana Santa, porque lleva capirote para ocultarse, según ha confesado alguna vez.

El hecho de no tener un Oscar no significa que no se deje la piel preparándose los personajes. Cuando Carlos Saura le llamó para dar vida a Picasso en 33 días (película que tiene problemas de financiación y que, de momento, está parada), contrató a una profesora de dibujo. «Me propuso pintar a tamaño real el Guernica y así lo hice. El cuadro mide nueve por cinco. No me cabe en casa; si lo metiera, lo tendría que hacer en trocitos».

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Puede que, a pesar de todo el esfuerzo, 33 días no se llegue a realizar nunca. Pero no pasa nada. Se asume y a otra cosa, según su filosofía de vida. Tras haber dado la cara por Madrid ante la candidatura para los Juegos Olímpicos, pone como ejemplo al príncipe Felipe a la hora de saber perder. «Actuó con deportividad. Esa actitud nada irascible me gustó. Y ahora lo que me gustaría es que nuestros deportistas arrasaran en medallas en Río de Janeiro».

Respecto a la marca España, el actor lo tiene claro: «Quiero mucho a mi país, con lo bueno y con lo malo.  No quiero ser un patriota a ultranza. Pero debemos saber que aquí hay gente creativa que hace cosas muy buenas». Como Justin y la espada del valor le faltó decir. Y no le hubiera faltado razón.